Ciencia vs Ficción
Fecha Monday, 23 September a las 02:08:36
Tema El Callejón del Escribano


Es curioso que, mientras se considera un bochorno que en una película de época los actores luzcan relojes de pulsera, y los listillos de turno se dedican a escudriñar el DVD de Gladiator en busca de ese tipo de errores, el rasero cuando se trata de inexactitudes científicas es bastante menos estricto: pocos se escandalizarán porque en Star Wars suenen grandes explosiones cuando una nave es alcanzada por un proyectil, a pesar de que el sonido no se propaga en el vacío, o porque la chica supuesta experta en matemáticas de Cube dude si es primo o no un número par (por si hace falta decirlo, sólo pueden ser primos los números acabados en 1, 3, 7 o 9).

Evidentemente el cine se basa en una cierta credulidad del espectador, el fantástico no tiene por qué ser un género divulgativo ni documental, y el mayor o menor rigor científico no hace que una película sea mejor ni peor, pero siempre está bien saber cuestionarse qué es lo que nos están contando. A continuación se exponen algunos de los principales puntos de encuentro y (más a menudo) desencuentro entre la ciencia y el cine.

El problema del tamaño

Aparte del precedente de King Kong, fue sobre todo durante los años 50 cuando las pantallas se llenaron de hormigas, lagartos y hasta seres humanos gigantescos producidos por mutaciones genéticas varias, efecto de la energía nuclear. Los guionistas no sabían que el tema de la escala es mucho más delicado de lo que parece. El peso de un animal vertebrado lo soportan los huesos de sus extremidades inferiores, y la resistencia del material que compone estos huesos tiene un límite; el factor determinante no es el peso en sí mismo, sino la presión, es decir el peso dividido entre la superficie que lo sostiene. Para comprender esto basta comparar la pierna de un ser humano con la pata de un elefante: a mayor peso mayor grosor.

El problema es que el peso y la superficie ósea no crecen en la misma proporción; si multiplicamos por diez la altura de una persona, su peso, igual que su volumen, se multiplica por mil (la altura elevada al cubo) mientras que el área alrededor de su tobillo solamente por cien (la altura elevada al cuadrado). El resultado es que la tensión sobre sus huesos, y la posibilidad de fracturárselos, será de mil dividido entre cien = diez veces mayor que la de un hombre normal. Para poder crecer en altura, sería necesario deformarse a lo ancho, hacerse más gordo, de forma que la presión sobre las patas se mantenga constante; la esbeltez es privilegio de los seres bajitos o poco pesados, y si no que se lo pregunten a los hipopótamos o a los elefantes; la gordura de estos animales es más la consecuencia que la causa de su elevado peso.
Por lo tanto, un lagarto del tamaño de Godzilla se partiría las piernas nada más ponerse de pie; El ataque de la mujer de cincuenta pies sería en realidad el desplome de la mujer de cincuenta pies y si un elefante es incapaz de saltar y no digamos de trepar como un gimnasta por el Empire State, pues King Kong mucho menos. Las hormigas de La Humanidad en peligro son todavía más delirantes, ya que los insectos y los arácnidos tienen el esqueleto en la parte exterior del cuerpo (exoesqueleto) y esto limita drásticamente su crecimiento; más de lo mismo se puede decir de la poco verosímil agilidad de los artrópodos de Starship Troopers, algunos de los cuales son incluso voladores para más inri. Así que, como decía el slogan de Godzilla, el tamaño sí importa, aunque luego fueran los mismos artífices de la película quienes no lo tuvieron en cuenta...

La gravedad

Desde que los yanquis pisaron la luna en 1969 todo hijo de vecino sabe más o menos que la gravedad en nuestro satélite es mucho menor que aquí, y en películas como Apollo XIII o Cowboys del espacio se ve que en el espacio exterior fuera del campo de acción de la gravedad terrestre las personas y las cosas flotan y no caen al suelo. En las naves que surcan la galaxia en innumerables películas podemos suponer, con un poco o más bien con bastante buena fe, que de alguna manera se habrá generado una aceleración que atrae a los tripulantes hacia el suelo de la nave, por la cual éstos caminan por sus pasillos igual que si estuvieran en la Tierra en vez de flotar ingrávidos; para no aburrir con detalles técnicos los artífices de la película habrían considerado superfluo explicarlo.

El hecho es que en la vida cotidiana confundimos dos conceptos físicos diferentes, como son la masa y el peso. La masa es una propiedad intrínseca de los cuerpos mientras que el peso es la fuerza con la que un cuerpo más grande, como el planeta Tierra en nuestro caso, atrae a esa masa.
Y esa fuerza depende del tamaño del planeta; un hombre de 70 kilos de masa pesa 70 kilos en la Tierra, sin embargo pesaría unos 180 kilos en Júpiter y en cambio sólo 28 kilos en Marte. Por lo tanto en Júpiter lo tendríamos bastante difícil para movernos, y no digamos para saltar, subir cuestas o arrastrar pesos; caernos desde una pequeña altura nos podría suponer varios huesos rotos. En cambio en Marte cualquiera podría pegar saltos que aquí serían de medalla olímpica; pero no todo es maravilloso al bajar la gravedad: la fuerza de rozamiento del suelo, que es la que nos permite caminar, también disminuye y el terreno se convierte en algo parecido a una pista de patinaje. Tim Burton se equivocó en Mars Attacks!: los habitantes de Marte no serían pequeñitos sino más altos que los terrícolas; y también más delgados, ahí sí acertó, porque al pesar poco se pueden permitir tener extremidades muy finas, por lo explicado en el apartado anterior sobre el tamaño. No obstante, en Fantasmas de Marte los protagonistas se pasean por el planeta rojo como Pedro por su casa (1), igual que en Star Wars y Starship Troopers se visitan un montón de planetas y todos resultan tener la misma gravedad exacta de la Tierra, ya es casualidad.

La atmósfera

Pero a la hora de poner los pies en otro planeta, la atracción gravitatoria sería casi el menor de los problemas. El ser humano es el resultado de millones de años de evolución en los cuales sólo han sobrevivido las especies más adaptadas a su medio, que es el planeta Tierra, así que pensar que podremos caminar alegremente a cara descubierta por otros mundos como se ve en innumerables películas es pecar de ingenuidad. El primer inconveniente es la temperatura; lo que el cuerpo humano entiende por temperaturas "extremas" (unos pocos grados centígrados bajo cero o bien unos cuarenta o poco más sobre cero) es un margen ridículo de oscilación térmica en el ámbito espacial; los planetas privilegiados como el nuestro con una órbita estable y poco excéntrica que provoca diferencias pequeñas entre el verano (época de mayor exposición a los rayos del sol) y el invierno (época de menor exposición) son más bien escasos.

Pero lo más excepcional de la Tierra es su atmósfera, también bastante vinculada con la gravedad: una atracción gravitatoria menor haría que las moléculas de oxígeno se escaparan al espacio, y una gravedad muy baja retendría en el aire elementos dañinos para nuestro más bien debilucho organismo. El hecho es que no podemos vivir sin una atmósfera idéntica a la de la Tierra: en primer lugar por nuestra piel, que debe ser protegida de la radiación solar; luego por nuestros vasos sanguíneos, que estallarían si no hubiera una presión atmosférica exterior que compensara la presión de la sangre en su interior (es lo que empieza a ocurrir al final de Desafío total, cuando Arnold Schwarzenegger se ve lanzado al exterior de Marte y los ojos se le salen de las órbitas); y sobre todo por nuestros pulmones, que necesitan respirar oxígeno: el aire terrestre tiene un 21% de oxígeno (el resto es nitrógeno y, en mucha menor medida, otros componentes); si este porcentaje fuera menor tendríamos que hacer un gran esfuerzo para respirar y podríamos sufrir desvanecimientos o problemas de riego en el cerebro, como les ocurre a los alpinistas que escalan altas montañas; pero si el porcentaje de oxígeno en la atmósfera fuera más alto el riesgo sería casi mayor, estaríamos viviendo en un polvorín donde cualquier combustible puede arder en cualquier momento. La cuestión es que Charlton Heston debería haberse dado cuenta que El planeta de los simios no podía ser otro que la misma Tierra, y que Desafío total es una de las pocas películas que plantea de forma un poco realista lo que podría ser la vida de una colonia humana en otro planeta: vivir en un bunker con una atmósfera artificial. Evidentemente en toda la inmensidad del espacio la Tierra podría tener algún planeta gemelo con una atmósfera tan parecida como para poder pasearse por su superficie sin escafandra, como en Star Wars o Starship Troopers, pero entonces surge el problema de cómo llegar hasta él.

Los viajes en el espacio

En su teoría de la relatividad especial, demostrada después y prácticamente no cuestionada por nadie importante dentro del mundo científico, Albert Einstein declaraba que era imposible trasladarse a una velocidad mayor que la de la luz en el vacío, 300.000 km/seg. Un año luz es la distancia recorrida por un rayo de luz en un año, que viene a ser de 9,46 billones de kilómetros; es la unidad que se usa para medir distancias en el espacio; teniendo en cuenta que las estrellas situadas a unos cuantos cientos de años luz de nosotros las consideramos relativamente "cercanas", ya que la inmensa mayoría está mucho más lejos, podemos imaginarnos lo problemático de viajar hasta planetas que giren alrededor de otros soles; tal vez existan seres inteligentes fuera de nuestro planeta, pero, ¿cómo podemos comunicarnos con ellos si nuestros mensajes tardarán cientos o miles de años en llegarles? Por no hablar de cómo viajar hasta donde están ellos, o ellos hasta donde estamos nosotros.


También publicado por el autor en www.pasadizo.com





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