Microrelato: La Invasión
Fecha Saturday, 06 July a las 00:46:25
Tema Terror y Microrelatos


¡SIENTE EL FATAL CLAMOR!

Ya todas estan preparadas y comienzan a tocar sus diminutos tambores.
Fuera, se escucha su clamor, pero nadie lo advierte por estar todos embebidos en su belleza destructiva.

¡SE ACERCAN!
¡YA SE ACERCAN!

El tamborilero loco se lanza en persecuciones absurdas, mientras que las carreteras se abren para que las hormigas devoren el mundo.
Mendiga el bohemio demente para enterrar a su único hijo en una pequeña caja de cartón, antes de que el horrible hedor atraiga a los animales fantásticos: unicornios, grifos, elfos, ondinas ... todos lucharán contra las hormigas en las calles casi desiertas, impotentes para detener el incontenible anvanve de su determinación infinita.
Asi se ve a los desolados poetas vagando sin rumbo despues de sacarse el corazón.
Cuerpos sin alma.
En casa esquina, hay hombres de negro anunciando el Apocalipsis cuando, abajo, todos son digeridos por los ejércitos crecientes.

¡ES EL FIN DEL MUNDO!

Aullan sin cesar.
Un poco más arriba, un grupo de madres se arranca los cabellos para alimentar a las milicias, mientras que susu hijos maman de los senos desérticos por el hambre entre los humores agónicos.
También la noche llora con sus tristes lágrimas ambarinas, al compás que millones de infinitesimas bocas se abren y se cierran marcando el ritmo de su macabra canción: ¡Zig-zag!,¡zig-zag!.

Miles de hogueras cobijan a los últimos superhombres. Todos reyes y presidentes que se dan órdenes y mandan mansajes televisados a inexistentes naciones, a la vez que las hogueras continúan apagándose y millones de pequeños cuerpos anónimos se van acercando, conscientes de su gran victoria.

¡Es el tiempo de los discursos!
Discursos todos sobre la revolución triunfante.
-¡Instauremos un nuevo orden mundial!
-¡Viva la revolución!
Corean mas pocas.
Sólo las que no han comido nada.
-¿Haremos un monumento que recordará nuestra gran victoria!

Pero pronto, la comida se acabará y comenzarán a devorarse unas a otras.
Y , poco a poco, se irá apagando el estruendo revolucionario, su fatal clamor.
Cesará el embriagador redoble de los tambores, y el tremebundo ondear de banderas, aunque el futuro silencio predecerá a la revolución siguiente, que llegará con el aplazado final de su sangrienta destrucción.





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