Oscuridad (microrrelato de terror, emitido tiempo ha)
Fecha Saturday, 12 September a las 20:29:29
Tema Terror y Microrelatos


“Os recomiendo vivamente la escucha de este relato... Nos ha gustado mucho... Toda una declaración de principios a cargo de un vampiro a punto de fallecer... Un vampiro decadente, de los peores”.
- Juan Antonio Cebrián, descanse en paz -


Oscuridad, oscuridad, no puedo ver nada en esta total oscuridad. Han parecido años, han transcurrido siglos en esta breve oscuridad. Vivir de noche y yacer de día. Es difícil constatar el transcurso del tiempo cuando eres inmortal. Ayer paladeamos el vino de Babilonia y hoy agonizamos entre ruinas. Ansiamos ser vampiros y creemos saber lo que significa. Esta eterna oscuridad lo cambia todo, todo menos nuestra existencia.

Seguiremos siendo lo que fuimos, somos lo que seremos. Ésta es nuestra tragedia: matamos para vivir y vivimos para matar. Cenizas a las cenizas y polvo al polvo. Nuestra piel se vuelve negra bajo el sol. Corremos con los lobos y somos compañeros para los búhos. En estos tiempos inseguros malvivimos ocultos, esperamos y tememos, pero siempre confiamos. Os devolvemos a la tierra y suplicamos borrachos de sangre por una noche más. Semienterrados, vivimos como animales que temen a su presa.

Os tememos, sí, os tememos, pues al amanecer, protegidos de la luz asesina, descansamos indefensos bajo los escombros de un pasado glorioso. Nunca pudimos imaginar que la presa comenzara la caza del depredador. Tras siglos de terror el ganado se rebeló. Todas las dudas, todos los indicios, todas las sospechas se confirmaron. En mala hora la carroña se tornó en buitres. Desde la pesadilla surgió un líder. Y cuando el mastín ladra, la manada aúlla y comienza la caza. La chusma empuña antorchas y crucifijos, y nos gritan asesinos.

Oscuridad, acogedora oscuridad, ¿acaso lo somos? No somos criminales. Nuestros actos no son inmorales. No puede culparse al lobo que devora corderos, pues ésa es su naturaleza. El hombre teme lo que no puede comprender y ataca lo que teme, pues ésa es su naturaleza. La mujer trae la vida a este mundo, y teme lo que amenace a sus retoños, pues ésa es su naturaleza. Siempre fue así y siempre lo será.

Nosotros ansiamos la sangre y la tomamos de los más débiles. Somos depredadores y, como tales, seguimos las leyes naturales. No matamos por placer, sino para procurarnos sustento. Vosotros no podéis decir lo mismo. Creéis en complejas leyes humanas y divinas. Nosotros acatamos la ley del más fuerte. El débil perece, el fuerte sobrevive. Aquello que no nos mata nos hace más fuertes.

Unos pocos reconocieron la verdadera senda. Tomaron el nombre de los hijos de Caín, y todavía creen saber lo que significa. Buscan la justa condena que redima sus pecados. Saben que el mundo es locura. Ven con claridad las contradicciones y las aceptan. Exigen su justo castigo, y piden a gritos cuentas a Dios. ¿Acaso no saben que Dios ha muerto? Se perciben portentosas señales en esta oscuridad sin retorno.

El tiempo se escurre entre mis dedos. La muerte verdadera se acerca. La siento ahí fuera, siguiendo el rastro de sangre que he marcado durante más tiempo del que puedo recordar. Todos mis recuerdos morirán conmigo... el escriba de Alejandría que descubrió los orígenes de la vieja plaga... su búsqueda y nuestro exterminio... las verdaderas causas del incendio de la mítica biblioteca... pudimos respirar tranquilos... los antiguos secretos nunca más revelados... las ciudades en el desierto sin nombre bajo cuyas arenas renacimos... fuimos temores para mentes infantiles... dioses para unos pocos iluminados que acudían a nosotros... fueran reyes o mendigos... egipcios o griegos.

Y ahora nosotros, los viejos dioses, morimos olvidados, confiando en días mejores que no llegarán. Oscuridad, terrible oscuridad, quedan tantas historias que merecen la pena ser narradas... aquel vampiro toledano que enloqueció... su prole ardiendo en las hogueras de la Inquisición... la noche en la que entró en la catedral... y derramó veneno en el agua bendita... vampiros acobardados que se alimentan de ratas... vampiros tan humanos que lloran sangre al contemplar a sus víctimas.

Pero el tiempo se acaba, y es hora de partir. En estas lóbregas ruinas siento el abrazo de la muerte como el remedio para la enfermedad. Como el soldado que baja del barco de guerra y vuelve a casa. Cuando busqué la muerte no la encontré. Cuanto daría ahora por un año más, por una noche más, por un minuto más.

Pero la historia llega a su inevitable final. Siento próxima la luz del amanecer. Me consumirá y no seré más que cenizas. Frágil como una telaraña, un insecto atrapado que asiste sereno a su propio fin. Soy el prisionero que vuelve al hogar tras un largo cautiverio. Oscuridad, oscuridad, terrible, acogedora y eterna oscuridad.

- Original de Ignacio Fernández Rossi-
- Escrito el 26 de mayo de 2002-
- Emitido el 18 de noviembre de 2002-






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