Lo Imposible
Fecha Tuesday, 09 June a las 04:00:00
Tema Terror y Microrelatos


Y entonces desperté. Un brillo penetraba en mis ojos desnudando una fragilidad en ellos que no conocía, y me causaba un profundo malestar. Al agudizar la vista pude ver en un extremo de la habitación una gran ventana abierta que, al jugar el viento con sus delicadas cortinas, me mostraba un grande y hermoso jardín de estilo victoriano, adornado por grandes sauces y una densa vegetación en los límites de este. El cielo que coronaba la visión, estaba llenos de pequeñas nubes y dibujaba poco a poco, al final de lo que lograba percibir, nubarrones grises en anuncio del frío y las lluvias.


Y entonces desperté. Un brillo penetraba en mis ojos desnudando una fragilidad en ellos que no conocía, y me causaba un profundo malestar. Al agudizar la vista pude ver en un extremo de la habitación una gran ventana abierta que, al jugar el viento con sus delicadas cortinas, me mostraba un grande y hermoso jardín de estilo victoriano, adornado por grandes sauces y una densa vegetación en los límites de este. El cielo que coronaba la visión, estaba llenos de pequeñas nubes y dibujaba poco a poco, al final de lo que lograba percibir, nubarrones grises en anuncio del frío y las lluvias.
Sin embargo no podía reconocer aquella ventana, y esta nueva luz de sol me resultaba desconocida. No pude recordar dónde estaba mi ropa, ni dónde pude haberla perdido. Mi aliento ácido y seco acusaba una larga noche de juerga, pero tampoco pude recordar haber bebido.
Todo comenzaba a girar sobre mi cabeza, un dolor horrible comenzaba a hacerse más y más agudo, recorriendo desde la base de mi cuello hasta mis entrañas y se extendía como una marea por todo mi cuerpo, provocando en mí una sensación de duda, de miedo y una nausea incrustada por toda mi alma. No podía explicar mi estado ni podía imaginar siquiera de qué forma me vi envuelto en esta situación tan incierta. Pero un escalofrío se apoderaba de constantemente de mi ánimo, pues no lograba hilar los asuntos que pudieran aclarar este momento.
Tras una breve pausa e intentando limpiar mi mente, noté sobre la almohada algunas manchas de sangre, casi imperceptibles, solo un par de gotas.
Al buscar por mi cuerpo un posible origen noté tras mi cabeza, en la base del cuello, dos heridas pequeñas y paralelas, dos estocadas o dos incisiones, no supe como describirlas al tacto, pero ahí estaban.
Entonces, solo una idea rondaba por mi cabeza, solo una explicación cabía en mi mente, y por extraordinaria y descabellada que pudiera parecer, por inverosímil, no pude imaginar otro motivo.
Pero no, no puede ser, es imposible_ Me repetía una y otra vez.

Durante el tiempo que transcurrió, en el que me mantuve recostado sobre aquella cama y soportando el continuo mareo, cada vez que me tocaba directamente el rayo de sol más leve, el dolor molesto que me estaba acompañando se hacía más profundo, ese sol que tantas veces antes había disfrutado, era ahora una daga sobre mi cuerpo. Y junto al dolor una extraña sensación de nueva fuerza iba detonándose, con cada puñal que el sol me clavaba. Además de una sed incontenible que se gestaba en mí, la que sospechaba, el agua no podría saciar.
No sabría decir cuánto tiempo estuve así, divagando en mi mente, transportado hacia lo profundo del razonamiento como victima de una droga siniestra. Solo sentía la noche, un sendero y otra vez la noche.
No sé cuánto más pasé así, entregado a un momento de desconocimiento. Qué lugar era este, ni mis más oscuros sueños podían describirlo.

Al abrirse la pesada puerta negra que coronaba la habitación cierta esperanza creció dentro de mi corazón expectante, no pude estar más equivocado.
Al entrar ese hombre pálido, más bien amarillento, huesudo y sin embargo de una altura y una presencia excepcionales, mi pensamiento logró escaparse otra vez de toda racionalidad, pero no podía ser, por favor, no podía ser.
Tras un prolongado silencio fe él quien, luego de paralizar mis músculos con sus perturbadores ojos y, entonando un acento extraño me dijo:
“Bienvenido a mi castillo, señor Gómez, bienvenido para siempre”…






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