Marroquíes en la guerra civil española
Fecha Monday, 08 June a las 20:56:22
Tema Pasajes de la Historia


La participación musulmana en la guerra civil española es un tema controvertido, a la vez que ha sido poco estudiado. ¿Por qué gran cantidad de de soldados musulmanes se involucraron en una guerra que no era la suya y que, en principio, solo les atañe a los españoles? Por supuesto los motivos que movieron la involucración en uno y otro bando difieren mucho, así como el número de participantes a cada lado de la trinchera.



LA IMPORTANCIA DEL PROTECTORADO MARROQUÍ EN EL ALZAMIENTO MILITAR DEL 18 DE JULIO DE 1936.


Desde el primer momento en que estalló el conflicto civil que abocaría a tres largos años de guerra, el protectorado marroquí se elevó al primer plano, siendo pieza clave para la victoria de los alzados. La razón de la importancia de esta zona partió en origen de los preparativos militares que se llevaron a cabo con el fin de derribar el régimen republicano y terminar así con el “caos” y la “anarquía” que se estaba produciendo en España. Este era el pensamiento de muchos militares, y los sucesos de octubre de 1934 en Asturias solo vino a acentuar el convencimiento de que había que terminar con el estado de cosas. Tras las elecciones de febrero de 1936 y el triunfo del Frente Popular, la derecha cerró filas, pero el golpe ya estaba gestándose desde el mes de marzo, en el que se reunieron algunos militares desafectos al régimen para trazar los planes que desembocaría en el alzamiento de 1936. Oficiales de renombre dentro del ejército como Mola, Goded, Saliquet, Sanjurjo, Varela, Orgaz, Queipo de Llano, y tantos otros que habían hecho carrera en África, ahora se daban a la tarea de una conspiración, que desde los inicios, no contó con el apoyo expre-so de Franco, que aún en los meses inmediatamente anteriores al golpe, conservaba una actitud vacilante.
El máximo responsable de la organización de la trama fue Mola, apodado “el director”, que se encargó de coordinar todas las fuerzas contrarias a la Republica y unirlas para su derrocamiento. En los planes detallados que se elaboraron para el golpe se explicaba la forma en que los oficiales debían proceder en la fecha indicada (esta no se decidió hasta los últimos momentos):
- Las guarniciones debían salir a las calles y tomar los edificios y puntos estratégicos más relevantes de la ciudad, apoyados por milicias falangistas y carlistas que estaban bien militarizadas y llevaban tiempo preparándose para este momento. Los militares desafectos al régimen eran conscientes de que la época de los pronunciamientos al viejo estilo había pasado y que el elemento civil sería determinante.
- Una vez controlada la situación, las autoridades debían tomar las medidas que fueran oportunas para mantener el orden. Mola aconsejó ejercer mano dura contra todo el que se opusiera a la sublevación.
- Se le pidió a Franco que encabezara el golpe militar, pero este lo rechazo aduciendo que Sanjurjo era el mas idóneo para este puesto de responsabilidad por mayor prestigio y edad.
- El mismo Franco, excluido en las Canarias, sería el encargado de inclinar las islas al bando nacional y, posteriormente, trasladarse al protectorado y tomar el mando supremo de las fuerzas de África.
- Sanjurjo se trasladaría de Portugal para encabezar la junta militar que se formaría cuando triunfara el golpe.
- Finalmente la fecha indicada para la sublevación militar se decidió para el día 17 de julio en Marruecos y un día después comenzaría en la península.
Mola tuvo que ser plenamente consciente de la complejidad que en sí mismo encerraba el golpe de estado y de las dificultades que se debían superar para el triunfo. No podía obviar la división ideológica existente dentro del propio ejército ni la oposición que sindicatos, partidos de izquierda e incluso la clase obrera opondrían ante cualquier reacción militar. Con estos hechos aclarados surgen algunas dudas inquietantes: ¿hasta qué grado los militares de la conspiración y el propio Mola eran conscientes de la posibilidad del es-tallido de una guerra civil?, ¿esta hipótesis estaba en sus planes? Probablemente los rebeldes sabían que el triunfo no sería fácil y que se vertería sangre, pero en el fondo confiaban en un éxito rápido que evitara la guerra. Además, el golpe estaba proyectado para que el gobierno que resultara de él fuera duradero y no tuviera el carácter “accidentalista” que tuvo la dictadura de Primo de Rivera.
Ante el horizonte lleno de obstáculos que los rebeldes se encontrarían en su camino, estos pusieron sus miras en el protectorado, donde se encontraban los cuerpos de ejército más profesionales y experimentados de todo el ejército español. Esta zona era de gran relevancia y es por ello que se le encargó a Franco su control, gracias al prestigio que el general poseía en aquellas tierras. En los preparativos de Mola también se indicó la especial importancia de Marruecos en la conjura militar, por multitud de motivos que Mohammad Ibn Azzuz Hakim ha sintetizado muy bien en el libro “Marroquíes en la Guerra Civil espa-ñola”: los intentos anteriores de golpe de estado en la península habían fracasado (nadie había olvidado el fracaso de Sanjurjo en 1932), el convencimiento de los militares del apo-yo que los marroquíes les prestarían tras la nefasta política republicana en su territorio, la adhesión que supuestamente les otorgarían las autoridades marroquíes, el absoluto control que sobre el protectorado ejercían los interventores y las terribles condiciones de vida en las que estaban sumidos los calibeños, favoreciendo el reclutamiento de abundantes soldados para la causa.
Por todas estas razones se eligió a la zona del protectorado para que en ella se iniciara el golpe, un día antes que en la península. Los nacionalistas confiaban en no tener problemas para controlar la situación en la zona, a diferencia que en la península, donde no estaban tan convencidos. Incluso Mola reconoció que resultaría difícil tomar ciudades como Barcelona o Madrid, importantísimas para el total triunfo del alzamiento, ya que poseían una fuerte presencia de sindicatos obreros y partidos de izquierda. Los vaticinios fueron acertados y Cataluña y Madrid cayeron en manos gubernamentales tras durísimas luchas callejeras.
Para el 20 de julio ya se había sublevado toda España, y ésta quedaba dividida dolorosamente en dos. Tras los primeros choques, se configuraron las fronteras de uno y otro bando, y los nacionalistas empezaron a apreciar la precaria situación que sostenían en la península. Se hizo urgente la presencia del ejército de África para desequilibrar la balanza de fuerzas a su favor, pero entonces surgía un problema grave: como trasladar las tropas a través del mar. En mi opinión este es uno de los aspectos que los nacionalistas no supieron predecir, en parte porque, como he dicho antes, albergaban la esperanza de un triunfo rápido. No se elaboró ningún plan más o menos organizado para hacer pasar al ejército por el estrecho en condiciones adversas. Si los primeros tambores de regulares lograron cruzarlo en los primeros momentos del conflicto, fue gracias a golpes de suerte que a posteriori, condicionarían la guerra. A la inestimable ayuda alemana, con el envío de transporte aéreo para las tropas de Franco (los nacionalistas hicieron el primer puente aéreo de la historia), a que sumarle la ineficacia de la marina republicana para bloquear el estrecho. Este último hecho fue un problema endémico para la República, ya que si bien la mayoría de la flota que poseía la marina española se había declinado para la causa gubernamental, esta fue inactiva durante toda la guerra. La superioridad inicial sobre los nacionalistas no supo aprovecharse y Franco pudo trasladar tropas desde África con normalidad, y de esta forma, el flujo de soldados marroquíes fue constante y no se vio entorpecido durante todo el tiempo que duró la guerra.
El fracaso del bloqueo fue un factor determinante que, de haberse logrado con éxito, hubiese creado enormes problemas a los sublevados, privando al ejército franquista de las mejores y más experimentadas tropas que poseía el ejército español. Esto no ocurrió así y la República lo pagó caro en los primeros meses de la guerra, en los cuales la legión y los regulares llegaron a las mismísimas puertas de Madrid tras haber conquistado Badajoz y Toledo
En definitiva, desde el inicio, la zona marroquí fue fundamental en el triunfo nacionalista. El envío de tropas procedentes de África ayudó a la consolidación definitiva del levantamiento militar en la península, además de extender los territorios conquistados, en unos momentos de la guerra donde primaba la confusión y la desorganización en los dos bandos.



PARTICIPACIÓN MUSULMANA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑO-LA.

La participación musulmana en la guerra civil española es un tema controvertido, a la vez que ha sido poco estudiado. ¿Por qué gran cantidad de de soldados musulmanes se involucraron en una guerra que no era la suya y que, en principio, solo les atañe a los españoles? Por supuesto los motivos que movieron la involucración en uno y otro bando difieren mucho, así como el número de participantes a cada lado de la trinchera.
Las causas del reclutamiento masivo de soldados marroquíes para el ejército de Franco están bien explicadas tanto por Ibn Azzun Hakim como por Abdelamjid Benje-lloum. Estos autores coinciden acertadamente en dar mayor importancia al factor económico, sin olvidar otros aspectos relevantes. La importancia económica fue máxima ya que el protectorado español estaba sumido en una desastrosa situación. Según Azzuz Hakim, existía un 90% de paro en el campo y un 60% en la ciudad, además de la carestía y el hambre provocado por una sequía que venía durando ya cuatro años en la región del Rif y Gomara. La necesidad, junto al aliciente que provoca la garantía de una paga y una prima si se alistaban, fue suficiente reclamo para los marroquíes.
Desde el primer momento los nacionalistas consiguieron el apoyo de los notables y del propio Sultán, facilitando así el reclutamiento. Los dirigentes marroquíes habían conocido la desastrosa política republicana en su territorio y sucumbieron ante las promesas nacionalistas. En cierto modo, las autoridades cabileñas se sintieron defraudados por la República, debido a que el ambiente democrático y de libertad que se respiraba en España, no tuvo el menor efecto en el protectorado, que siguió con el control férreo diseñado en la dictadura primorriverista.
Azzuz Hakim nos da una descripción detallada sobre la política ejercida por Beigbéder en Marruecos. Ésta seguía consistiendo en un control absoluto del territorio, sin embargo la circunstancias de la guerra vieron nacer una serie de concesiones que hasta ahora ningún gobierno se atrevió a hacer: libertad de prensa, (se publica el periódico árabe Al-Rif), se permite que el comité nacionalista reanude sus actividades públicas, se libera a unos cuantos ex cabecillas de la resistencia, y se autoriza el funcionamiento del Instituto Libre, medida ésta que la República no quiso autorizar.
Estas amplias concesiones no se pueden explicar sin la importancia que los militares franquistas le dan a Marruecos. Es una zona que necesita estar en calma para poder llevarse a cabo la movilización de soldados para la causa de Franco. Las medidas que se tomaron demostraron ser acertadas, pero no hay que olvidar que, este supuesto nuevo ambiente de libertad era sólo un espejismo, ya que las revueltas que alteraran el orden público o simplemente mostrar públicamente posturas contrarias a las oficiales conllevaba una fe-roz represión, que en muchas ocasiones iba aparejada a la pena de muerte.
Cabe preguntarse si el reclutamiento de marroquíes para el ejército nacionalista habría sido tan numeroso de no ser por el apoyo de los notables y del propio Sultán, si és-tos se hubiesen opuesto a toda participación. Seguramente la región hubiera sido más inestable y se habría obstaculizado en gran medida el reclutamiento, pero el flujo de soldados hacia la península no habría cesado. La grave crisis desatada por la sequía y el paro, era una poderosa razón para que los marroquíes hubieran desobedecido a sus líderes.
El número de soldados marroquíes que participaron en la guerra civil no está bien aclarado, puesto que los autores que han estudiado el tema dan diferentes cifras, que en ocasiones se alejan bastante entre sí. Mª Rosa de Madariaga en “Marroquíes en la guerra civil española” cita a una serie de historiadores que nos ofreces cifras muy dispares:
- Doménech Lafuente: nos da una participación total de 70.000 marroquíes alis-tados.
- José Mª Gárate Córdoba: para este autor el reclutamiento alcanzó los 62.271, cifra que para Madariaga es inferior a la real.

Otros autores citan la cantidad de 100.000 reclutados que Madariaga no comparte, ya que es exagerada. Ella nos da una cifra de 50.000 reclutados hasta abril de 1937, siendo el número de alistados en toda la guerra de 80.000 marroquíes. Pero la cifra final no concuerda con la que da Sebastián Balfour, que propone el número de 50.000 soldados alistados en toda la guerra, la misma cifra que daba Mª Rosa de Madariaga ofrece para abril de 1937. Tampoco coinciden en número de soldados participantes en los tres primeros meses de la guerra: Madariaga da un número de 15.000, mientras que Balfour lo cuantifica en 18.000 alistados.
Con las cifras que se han ofrecido, vuelvo a reiterar la importancia de esta cantidad de “voluntarios” marroquíes para la cusa nacionalista, sobre todo en los primeros meses de guerra, que ayudó a la llegada del ejército nacionalista a las puertas de Madrid, en un momento en el que la República sólo podía oponer frente a las aguerridas tropas moras, unas milicias desorganizadas e indisciplinadas. Sólo la llegada de material soviético a España en el momento preciso y la preparación de la defensa de la capital, que ya se venía produciendo con el avance nacionalista, consiguió parar a Franco en las mismas puertas de Madrid.
Por lo tanto, la participación marroquí en el ejército nacionalista fue fundamental para la victoria final. A pesar de ello, conforme iba avanzando la guerra, los dos bandos configuraban, a marchas forzadas, verdaderos ejércitos profesionales, distanciándose de las guerras de columnas y milicias de los primeros tiempos, lo que significó una disminución relativa de la importancia del elemento marroquí en el seno del ejército franquista. Ahora las fuerzas de Franco chocaban con un ejército republicano más profesional y eficaz, alejado de la confusión de los primeros momentos en los que el ejército de África había pasado sin dificultad por las áridas tierras extremeñas.
Pero Franco no dudó en ningún momento en situar a las tropas moras en primera línea de fuego, consciente del miedo que provocaban en el enemigo. Tal y como nos relata Mª Rosa de Madariaga, las prácticas brutales que las fuerzas españolas y los propios marroquíes cometieron en el protectorado durante la guerra colonial, se trasladaron a la guerra civil. Éstas consistían en las razzias y en la mutilación de partes del cuerpo, siendo aceptadas por los oficiales nacionalistas como fórmula de extender el miedo entre las filas repu-blicanas.
Otro aspecto relevante fue la significativa participación árabe en el bando republicano, que ha sido injustamente desdeñado y olvidado por la historia. El número de brigadistas musulmanes que participaron en la guerra civil se estima en 800 voluntarios según Ben Salem, es decir, el 3 ó el 4% de los 32.256 interbrigadistas que acudieron a luchar a España. No hay que olvidar nunca su aportación, pero tampoco se debe exagerar su impor-tancia dentro de un ejército republicano que en el invierno de 1937 contaba con 750.000 hombres, sobre todo si se compara con el número de musulmanes que lucharon con el bando enemigo.
Pero los motivos que empujaban a los árabes a participar con la república se diferencian mucho de los que ocasionaron el alistamiento de marroquíes en el ejército nacional. Los primeros lucharon por principios e ideas, tratando de convencer a los obstinados oficiales republicanos que no todos los musulmanes que luchaban en España eran fascistas, mientras los segundos, en su mayoría, combatían empujados por la necesidad, el hambre, y en muchas ocasiones, la presión y la obligación que ejercían sobre ellos las autoridades nacionalistas.
Los árabes que defendía con su propia vida la causa republicana, se quejaban del trato que recibían de las autoridades y de sus propios compañeros. Sin duda las atrocidades cometidas por los marroquíes del otro bando, ayudaron a crear un esteriotipo de moro “salvaje” y “primitivo”. Resulta curioso en aquel momento que la izquierda tuviera una visión tan negativa del moro, mostrando tintes xenófobos, mientras que la derecha más reaccionaria fuera la única que diera otra visión mas favorable, calificando al marroquí de valiente y heroico. Son paradojas históricas nacidas de las circunstancias.
La memoria de los que combatieron y dieron su vida en la lucha fraticida española no debe nunca ser olvidada, mostrando especial atención a los voluntarios árabes de la República, cuya memoria ha sido borrada, y su participación es desconocida para muchos.



TRANSPOSICIÓN DE LAS PRÁCTICAS EMPLEADAS EN EL PROTECTORADO A LA GUERRA CIVIL.


Al igual que alemanes e italianos utilizaron el suelo español durante la guerra civil para probar nuevo armamento y entrenar tropas, los militares españoles también tuvieron su banco de pruebas particular en Marruecos. Éstos sin saberlo, adquirieron experiencia de batalla y desarrollaron nuevas tácticas militares que posteriormente aplicarían en España. Casi todos los oficiales relevantes que participaron en la sublevación de julio de 1936 se habían formado en Marruecos, por lo tanto no es de extrañar que en vísperas del comienzo de la guerra civil, las tropas más experimentadas se encontraran en suelo del protectorado.
La experiencia acumulada en los años de guerra colonial fue aplicada a España sin contemplaciones, daba igual si estos métodos eran moralmente aceptables o no. Esta guerra no solo modificó las tácticas militares, sino que además influyó de manera decisiva en la forma de pensar de muchos militares. Este hecho a mí entender, es fundamental para comprender la historia española de gran parte del siglo XX.
Muchos africanistas se habían aislado completamente de la península y de los am-bientes ciudadanos. Estaban lejos de los grupos de intelectualidad y de la cultura, y su ca-rrera se formaba en paisajes pobres y desérticos, en los que las condiciones de vida eran duras. Estos ambientes fueron forjando caracteres en cierto modo “primitivos”, y toda sensibilidad y forma de ser cívica, fue en detrimento de posturas basadas en el machismo, la bravura, el honor y la religiosidad. Fiel reflejo de ello era la figura del legionario.
Durante la ocupación militar de Marruecos, nació entre los militares españoles un fuerte pensamiento reaccionario y una manera más cruel de hacer la guerra. Fruto de ello eran los métodos poco escrupulosos que se emplearon para conquistar el protectorado marroquí: a la sangrienta ocupación física de cualquier zona, le seguía una feroz represión contra cualquier elemento contrario y un posterior control absoluto que imponía el orden en la población. En muchas de las ocasiones, estas prácticas iban acompañadas de las razzias (saqueo de poblados donde se obtenían el botín de guerra) y la decapitación y mutilación de cuerpos, sin mencionar la guerra química con el empleo de gas mostaza, que conviene ser bien estudiada.
No obstante, todas las prácticas militares en el protectorado se convirtieron en una rutina para los oficiales que las ordenaban ejecutar, y no es de extrañar que utilizaran la fuerza como única solución para resolver cualquier problema que aquejaba al país. Así ocurrió en la revuelta de Asturias de 1934 y en la guerra civil dos años después.
La lenta ocupación de Marruecos y los traumas ocasionados por una larga guerra de avances y retrocesos condicionaros el ser del militar. De esta forma, el control y el orden fueron dos pilares básicos de su política que no dudaron en aplicar de cualquier forma y en cualquier lugar.
Cabría plantearse el devenir histórico español si la ocupación de Marruecos hubiese ocurrido de manera rápida, con un control efectivo y una pacificación del territorio que se produjese desde el primer momento, tal y como ocurrió en el protectorado marroquí francés, una zona que tuvo poca importancia en los asuntos internos de Francia. De esta forma, habría que reformular de nuevo la primera mitad del siglo XX español.
Por tanto, la guerra colonial supuso una herida que sangraba constantemente en el corazón de la sociedad española, y que nadie era capaz de sanar. La derrota de Annual fue un verdadero varapalo para la moral del ejército, que a raíz de este suceso se hizo más vengativo, dando la espalda a una sociedad que no comprendían y a la que acusaba de derro-tismo e indolencia. Solo la intervención hispano-francesa en el desembarco de Alhucemas en 1927, consiguió vencer definitivamente la resistencia de las guerrillas rifeñas de Abd el-Krim. Pero para entonces, la guerra colonial ya había dejado su marca en la metrópoli. La República no solo heredó una zona pacificada y en calma, también un ejército muy conservador formado en las tierras secas de Marruecos que obstaculizaría mucho el proceso democrático, hasta el punto de interrumpirlo en julio de 1936 con una guerra civil, de la cual nació una dictadura que durará hasta 1975.













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