HEROES DE VIDA Y MUERTE
Fecha Monday, 08 June a las 20:35:18
Tema Terror y Microrelatos


Una historia que describe un suceso acaecido en la Gran Guerra. Verdad o mito? Norte de Francia, Enero de 1917.
Era una gélida mañana de Enero cuando el teniente de la compañía se disponía a avanzar con sus hombres por la llanura en dirección a la colina, aquella colina que día tras día resistía heroica las acometidas y los bombardeos del regimiento del ejército francés, al que pertenecía el soldado Arnaud.

Pero esa mañana tenía algo especial, algo que la hacía distinta a las demás, esa mañana la carga iba a ser hasta el final, hasta agotar la resistencia de las tropas alemanas que defendían su posición con ahínco desde hacía ya tres semanas. Esa mañana había amanecido con niebla, el suelo nevado, los gemidos al fondo de los soldados heridos en los bombardeos caídos en la trinchera el día anterior, y los soldados que se preparaban a avanzar por el trecho que les separaba de una probable muerte temblaban, sí pero no de frío, si no de miedo, miedo ante lo que se les avecinaba.



Norte de Francia, Enero de 1917.
Era una gélida mañana de Enero cuando el teniente de la compañía se disponía a avanzar con sus hombres por la llanura en dirección a la colina, aquella colina que día tras día resistía heroica las acometidas y los bombardeos del regimiento del ejército francés, al que pertenecía el soldado Arnaud.

Pero esa mañana tenía algo especial, algo que la hacía distinta a las demás, esa mañana la carga iba a ser hasta el final, hasta agotar la resistencia de las tropas alemanas que defendían su posición con ahínco desde hacía ya tres semanas. Esa mañana había amanecido con niebla, el suelo nevado, los gemidos al fondo de los soldados heridos en los bombardeos caídos en la trinchera el día anterior, y los soldados que se preparaban a avanzar por el trecho que les separaba de una probable muerte temblaban, sí pero no de frío, si no de miedo, miedo ante lo que se les avecinaba.

El soldado Arnaud, un granjero de la campiña francesa de tan solo 19 años que había llegado al frente hacía tres días y que entraba por primera vez en combate directo, se estremeció cuando se oyó el silbato que indicaba a la tropa que se incorporasen y se prepararan para salir de la trinchera y con todo el coraje del que fueran capaces de reunir, avanzar hacia el encuentro del enemigo, al segundo silbato todos salieron del foso que durante los últimos días se había convertido en su protección, en su hogar.

Avanzaban ocultos y al amparo de la niebla desplegados en formación de combate sin saber qué es lo que tenían frente a ellos, cómo era ese enemigo al que tantas veces habían disparado desde sus posiciones, pero esa fría mañana iban a cruzar su destino para siempre con los soldados alemanes que les esperaban a unos metros de distancia.
El soldado Arnaud seguía los pasos del cabo de su pelotón, con la bayoneta calada en su fusil, el casco bien ceñido a su cabeza y las granadas de mano metidas en los bolsillos del pantalón del uniforme de campaña, en dirección a un lugar que no conocía con el único propósito de defender su vida, como probablemente el resto de sus compañeros. Cuando se oyó el primer disparo, parecía que estuviera muy lejos, como si la batalla hubiera empezado lejos de aquel lugar, pero de inmediato la realidad cobró forma y en un instante una tormenta de fuego empezó a caer a su alrededor, de repente, el cabo del pelotón que era prácticamente el único compañero que podía ver por culpa de la niebla, cayó delante de él y en ese preciso momento, Arnaud se encontró solo, solo y asustado, sin saber qué hacer ni donde ir, con el sonido de las balas zumbando por encima de su cabeza, las granadas cayendo cada vez más cerca y los gritos de los que suponía eran sus compañeros, oyéndose por todas partes.

En ese momento, nuestro soldado decide avanzar lentamente para intentar encontrar a algún compañero con el que poder resistir y saber qué hacer, por lo que se dispone a encaminarse hacia la posición donde se supone que deben estar el resto de la tropa, con la medalla de la virgen María que le regaló su madre al partir hacia el frente apretándola con los dientes para que le diera el valor que desde luego él no encontraba.

Fue entonces cuando de repente sintió un enorme estruendo, como el de un rayo que cayera a unos pocos metros de él, pero no era un rayo, sino una granada enemiga que había caído a unos pocos pasos de Arnaud y que hizo que se estremeciera ante el impacto de la metralla que se proyectó hacia él con la virulencia que se le supone a un artefacto letal que sólo el ser humano es capaz de crear. Arnaud, herido y aturdido por la explosión, cayó de bruces en el pequeño cráter que había formado el proyectil que casi acaba con su vida en aquel mismo instante, pero nuestro soldado no podía celebrar que hubiera escapado a la muerte aún, ya que se encontraba en una situación verdaderamente lastimosa, allí tirado en ese pequeño foso lleno ahora del barro formado por la nieve derretida tras la explosión y la tierra aparecida se encontraba herido, y aunque no eran heridas de excesiva consideración, el joven soldado notaba que algo no iba bien, estaba mareado, le dolía el cuerpo, apenas podía oír los gemidos de sus compañeros que ahora se entremezclaban con los suyos propios, y de repente se dio cuenta de lo que le pasaba:
se había hecho la noche, no podía ver nada de lo que tenía ante sí, la explosión lo había dejado ciego, ciego en medio del combate, ciego en medio de la nieve, ciego en medio de esa masacre en la que se estaba convirtiendo ese prado del norte de Francia.

Y allí tirado en ese frío lodazal en medio del infierno, se encontraba el soldado Arnaud, alguien que solo quería mantenerse con vida para volver a su casa con sus padres y hermanos, y que ahora lo tenía todo perdido ya que no era capaz de dar dos pasos sin tropezar y caer al suelo, pero aunque fuera capaz de caminar, ¿hacia dónde hacerlo?, ¿en qué dirección?, todo intento era inútil, sus gritos no servían de nada ante el rugido de las bombas y de las balas que caían por todas partes, y allí tirado solo cabían dos posibilidades, esperar a que otra bomba enemiga hiciera blanco sobre su posición y acabara con su vida, o morir medio congelado y desangrado por sus heridas. De una forma u otra, su suerte estaba echada, de manera que aferrándose la medallita que le regaló su madre, se recostó en el suelo esperando el momento de reunirse con su destino. Pero sin saber cuanto tiempo había pasado allí tirado en esa posición, oyó la voz de alguien que le llamaba por su nombre para que se despertara de ese sueño que invitaba al más profundo de los sueños y se incorporara para intentar salir de ese infierno con su ayuda. Por fin un compañero le había encontrado, por fin se habían oído sus súplicas.
- ¿Cómo te llamas, que hay del resto de la tropa?
- Mi nombre es Pierre Deschamps, vamos te llevaré hasta nuestra posición.

No fue fácil, pero después de lo que pareció una eternidad, sorteando cadáveres, fosos y las propias balas que silbaban por el aire, nuestros dos héroes regresaron hasta la trinchera desde donde apenas una hora antes habían salido en busca de la gloria. Al llegar a la trinchera, y una vez a salvo de los proyectiles enemigos, el salvador de nuestro joven soldado se da la vuelta para volver donde se libra la batalla, y al verle Arnaud hacer esto, le grita diciéndole:
- ¿Pero qué haces? Regresa, si vuelves te matarán.
- Todavía queda gente que salvar ahí fuera.- Y diciendo esto desapareció engullido por la niebla que aún persistía

Al poco tiempo llevaron al joven soldado a la enfermería donde le trataron las heridas, no siendo capaces de explicarse como había podido regresar en tal estado, Arnaud les contó lo sucedido y gracias a quién había conseguido volver a salvo, y que era a ese bravo soldado al que le debía la vida. Pero los sanitarios que le estaban tratando, se quedaron paralizados al oír el nombre del soldado, Pierre Deschamps, conocían a ese hombre, pero no era soldado si no capitán, era el capitán de la compañía que hace 15 días protagonizó un ataque similar al de hoy y que resultó muerto por una granada, encontrándose su cuerpo congelado en el interior de un cráter y apretando con los dientes una medalla de la virgen María.


FIN.






Este artículo proviene de El Portal de la Rosa de los Vientos
http://rosavientos.es

La dirección de esta noticia es:
http://rosavientos.es/modules.php?name=News&file=article&sid=291