La princesa durmiente (o el secreto de Rennes le Chateau)
Fecha Sunday, 22 July a las 02:22:07
Tema Terror y Microrelatos


Hace mucho, mucho tiempo, en un país muy, muy lejano había un castillo blanco como la nieve, brillante como el rocío que miraba al sur el valle del oro. Cardeau, la reina de las hadas, oculta aun, un extraordinario tesoro en las entrañas de su montaña. Hete aquí esta historia de una princesa, una bruja, el diablo y tres hadas.

Una mañana de primavera, una extraordinaria alegría, inundó los rincones del castillo. El rey y la reina habían traído al mundo la mas bonita de las princesas.

Su piel y sus labios le pusieron su nombre: Blancaflor y pronto se convirtió en la criatura mas admirada del reino. Tanto es así que incluso los pájaros se acercaban a su ventanal a cantarle antiguas canciones del amor cortés.

Pero una bruja que vivía en una gruta de la Roca negra y envidiaba el amor que todos le profesaban, hizo un hechizo que traería desastrosas consecuencias. Cuando la princesa cumplió los dieciséis años de edad, la bruja disfrazada de hada madrina le regaló una rueca de cardar la lana, sabedora de que a la joven le gustaba tejer prendas que luego regalaba a los mas necesitados.

Pero este era un regalo envenenado, pues una de las puntas contenía polen de ‘adormidera’ recogida la noche del solsticio de invierno en Lavaldieu, el valle de los dioses. Cuando llegó la noche, Blancaflor empezó a tejer una manta para el ermitaño que vive al lado del río blanco. Pero en un descuido, se pinchó en uno de sus dedos, desfalleciendo en un sueño profundo del cual ya no despertaría.

Cuando el rey se enteró de la desgracia, encargó a los mejores orfebres del país, que construyeran el mas bonito de los altares para guardar el descanso de la princesa. Las columnas eran de oro macizo, los vitrales dejaban entrar el sol formando una conjunción de colores jamás vista, los tapices colgaban de las paredes con imágenes de unicornios en el paraíso, y las sabanas desprendían el suave aroma de las rosas en primavera.

Un collar de piedras preciosas descansaba en su pecho con la inscripción: ‘La reina, reina, sobre la cueva de la fortaleza’

Cuando la noticia llegó al bosque, las tres hadas que habitan en la fuente del circulo, se encaminaron hacia el castillo, descuidando el sillón del diablo en aquella fatídica noche.

Pasaban los años y el temor entre los habitantes de la villa iba creciendo pues el ‘encanterio’ parecía no tener fin. Vinieron de las tierras del norte y también del sur, algunos de los mas valientes combatientes que habían demostrado su honor en las justas caballerescas, pero ninguno de ellos pudo despertar a la princesa.

Hasta que un día, un joven escudero que buscaba un caballero para servirle, escucho la triste historia de la princesa a través de una canción, que entonaban las tres hadas en la fuente de los enamorados.

Este, con el corazón henchido de pasión, decidió que intentaría despertar a Blancaflor, y se dirigió a la montaña sin saber aun, como podría vencer al diablo. Este estaba sentado en su sillón, con la mirada perdida en el mas allá. El joven hizo un paso al frente y le preguntó: “¿Porqué has hecho de este, un lugar terrible?”

El guardián, con sorna le contestó: “Y tu, que no eres ni caballero ¿Quieres salvar a la Princesa?”

“¡Si!”, respondió. “Bien, pues sígueme”

Se adentraron entre la espesura de los árboles hasta llegar a un claro del bosque en el que una extraña tumba dominaba la escena. En ella podía leerse una inscripción: ‘Y en la Arcadia, yo’

“Ahora, si sabes quien es este yo, podrás salvar a la princesa, si no me tendrás que dar todo lo que tienes.” le miró con una sonrisa el diablo. El escudero contempló atentamente el paisaje que rodeaba aquel misterioso lugar, y el silencio solo era interrumpido por el suave viento entre las hojas. De repente, se giró completamente y miró fijamente a los ojos del guardián, y así supo cual era la respuesta. Al pronunciarla en voz alta, este se derrumbó y empezó a chillar enloquecido perdiéndose por el camino no sin antes condenar aquel momento.

El joven corrió hacia las entrañas de la montaña hasta encontrar la cripta. Al contemplar la belleza de la princesa no pudo reprimir darle un beso de amor en los labios. En aquel momento, esta abrió los ojos y despertó. Al reconocer a su valiente héroe, con lagrimas en los ojos exclamó: “En verdad ha sido muy duro este hechizo, pero mas grande es la joya del despertar contigo.”

T así acaba esta historia amigo caballero, y ahora si quieres saber cual es la respuesta la tendrás que buscar dentro de ti, pues así ha sido siempre y así seguirá siendo.

Mientras, las puertas de la Arcadia aguardan tu llegada.





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