Mi Obra: Camino a la Madurez.
Fecha Friday, 22 September a las 07:23:49
Tema Terror y Microrelatos


Aquí, un capitulo de una novela que quiero escribir, no me importa que digáis que a lo mejor esta muy mal escrito en términos del lenguaje pero no es eso lo más importante para mi sino escribir o al menos aprender a escribir y a crear.

"Camino a la madurez" Capitulo I.

A veces nos preguntamos que nos deparará el porvenir y es que no me hubiese imaginado jamás lo que en aquellos años me había ocurrido, hasta hoy.

Todo comenzó en la primavera de mil setecientos ochenta y siete en Sevilla, cuando me encontraba cerca de la Torre del Oro.
Allí, veía a los marineros en las primeras horas de la mañana descargar las mercancías como el tabaco, las patatas e incluso metales preciosos traídos de América, los cuales, estaban custodiado por algunos soldados. La verdad es que era muy entretenido contemplar la actividad de aquella mañana junta la antigua torre vigía musulmana.

Sepan vuestras mercedes que quedé huérfano muy pronto, pues a los pocos años de morir mi madre lo hizo mi padre. Mi madre era de Francia y se llamaba Isabelle de Bouillon, era muy bella y transmitía muchísimo cariño. Ella era morena, en cambio, su piel era blanca como la leche. Tenía los ojos verdes y eso era una cosa que volvía loco a mi padre. Trabajaba con él en una reconocida joyería como vendedora. Mi padre como decía muchas mujeres de la ciudad era un hombre muy apuesto y elegante, se llamaba Antonio Rodríguez. Él si era español y servía como orfebre en la tienda de la histórica ciudad.
Por desgracia ambos murieron, mi madre murió de tuberculosis y mi padre por un accidente.
Mi tía que me acogió y que más adelante os haré conocer me contó que un carruaje que iba sin control dejó aplastado en el suelo a mi pobre padre. Recuerdo que fue en una noche de intensa lluvia y de poca visibilidad. Aunque estuvo unos días en cama murió porque se desangraba por dentro o eso es lo que dijo el médico judío que le auxilió.
Fue bastante duro para mí superar sus fallecimientos, ausente del amor y afecto que me daban. A veces, soñaba con ellos, disfrutando de un cálido paseo en las afueras de la ciudad cerca de aquellas centenarias murallas, cogido de sus manos y riendo por las bromas que decía mi padre. Durante varias semanas que de sin habla, y lo único que sonaba era un llanto que gritaba desde mi silenciosa alma. Sin embargo, fui fuerte y llegue a superar sus muertes.
El negocio de mis padres se encontraba junto a la catedral de la ciudad y esta era impresionante, según escuche una de la más grande del mundo y al igual que el templo lo era su minarete árabe.
La conocí en profundidad gracias ha aquel obispo que era un gran amigo de mis padres.
El buen hombre solía contarme historias acerca de la catedral. Un día me contó que la catedral empezó siendo un basamento romano, luego se convirtió en un templo visigótico, más tarde en época de dominación árabe se construyo una mezquita y de herencias de estas dos últimas quedan por un lado la fuente del Patio de los Naranjos y por otra el minarete árabe; ya más adelante se levantó sobre estas la gran catedral de Sevilla; vamos lo que es hoy y su alminar es ahora más alto debido a las campanas y a su veleta que miden casi cien metros.

Pero sin duda alguna, la historia que más me llamo la atención fue aquella en el que el vaticano tuvo que tomar medidas hacia sus clérigos y fieles, pues estos fumaban en el interior de las iglesias e incluso tenían unos enormes ceniceros de pies metálicos. Me dijo que tanto se fumaba en los templos que hasta el papa Urbano VII tuvo que intervenir y prohibir el consumo de tabaco en todas las iglesias de Sevilla, bajo pena de excomunión. Las razones eran por la irreverencia y el deterioro de los ornamentos religiosos. Fue un gran impacto para los empedernidos sevillanos de la época y ante algunas reticencias a acatar la norma se les llegó a amenazar con la intervención del Tribunal de la Santa Inquisición.
Otro de los edificios bastante divertido para mí y al cual solía ir mucho era la lonja se Sevilla, pues nació para estos menesteres según me contó el obispo. Me dijo que hacía ya tiempo un arzobispo llamado Sandoval pidió al rey Felipe II que se construyera un edificio para “limpiar” la catedral de los comerciantes que se reunían en el Patio de los Naranjos a contratar y hacer negocios, y eso estaba muy mal visto por la religión.
Más tarde recordé aquel pasaje bíblico donde Jesús de Nazaret también expulsó a los que comerciaban en los templos y de ahí comprendí la reacción de aquel hombre de Dios.
Cuando estaba en la orilla del río y se acabó el reparto de las mercancías a sus respectivos destinos, me fui a casa de mi tía Agustina, hermana de mi difunto padre. Ésta era una mujer demasiada aburrida y cascarrabias pero ese día me enseñó algo que cambiaría el rumbo de mi vida.
Se trataba de una correspondencia por lo visto de un hermano de mi madre. Al parecer, la carta que además estaba escrita en francés decía que me invitaba a que viajase hacia Francia para así conocerme.
En ella decía escrito lo siguiente:

París, le 2 février 1787.
Cher Pedro.
Je suis vraiment désole, pour tes parents. Je ne peux pas être avec toi mais je t´invite chez moi. J´envie de connais et je parle avec toi.
Ici, il fait un temps froid mais Paris est magnifique. Les gens ici sont très gentilles. En plus, tu peux visiter beaucoup lieur, Notre-dame, le arc du triomphe… .

J´attends. Bises Pedro.

Os preguntaréis por qué sé francés, pues bien mi madre que era francesa me lo enseño desde pequeño y hasta ella se sorprendía de lo vertiginosamente rápido que aprendía. Estaba claro, que ella no era conciente deque era la mejor maestra que podía tener.
La carta me animo mucho pues tenía ganas de ver mundo pero a la vez estaba muy asustado porque como podría viajar hasta allí. Por lo visto, la arpía de mi tía había escrito a la familia de mi madre que estaba toda en Francia, sobre mi situación. Estaba claro que sí yo estaba contento más aún lo estaba mi ella que deseaba a toda costa perderme de vista durante un buen tiempo.

Mi tía no es que fuese mala desde siempre sino que la mujer había sufrido mucho y por eso tenía esa forma de ser. Lo que le ocurrió es que cuando ella era joven, esta estaba muy enamorada de un chico que era mayor que ella tres años.
Este se llamaba Martín y ella no podía vivir sin él, al parecer era un chico muy apuesto y adinerado pero el caso es que la abandono por otra chica cuando ya habían tenido algo más que una simple relación. Y claro desde ese momento, mi tía parece que desarrolló un instinto contra los hombres y como yo tenía la edad de aquel joven, pues parece que veía en mí a ese chico reflejado, de ahí que no me pudiera ver. No entiendo porque no se metió a monja, quizás hubiese estado mejor.

El caso es que yo estaba muy nervioso, no sabía que decir, pues hacer un viaje era lo último que tenía en mente en aquellos momentos, quizás si hubiese sido hacia América pues me lo tomaría de otra manera. Todos los hombres que se aventuraban a ir hacia América cuando volvía si es que lo hacían volvían llenos de fabulosas historias y sobre todo de dinero.
Debía de ser muy divertido hacer un viaje en barco a América, saliendo del puerto y despidiéndote de las personas que allí dejabas. Atracando luego en las islas afortunadas para abastecerse de agua y víveres y reanudar la marcha hacia la gran travesía que se esperaba, aunque no creo que todo fuese tan bonito, pues ciertamente muchos marineros sufrían de hambre.
Recuerdo que llegó al puerto sevillano un hombre que decía que le sangraba a veces la boca y lo pasaba muy mal. Pero días más tarde estando aquí, se recupero y ya se encontraba muchísimo mejor.
Ese mismo día que fue cuando lo vi por segunda vez me contó que el viaje fue muy difícil que casi se perdieron por aquellas fatídicas aguas. Y además, algunos quisieron tomar el mando del barco pero el capitán supo reprimirlos y los insurgentes fueron tirados por la borda por traición.
Cuando llegaron al nuevo mundo había un pequeño asentamiento. Había un ruinoso puerto hecho por españoles y algunos indígenas. Más adelante, había un fortín establecido no muy lejos del puerto y allí trabajaron sin parar, decía que a veces algunos indígenas se revelaban contra nuestros paisanos y que las mujeres de allí eran muy hermosas.
La historia era un episodio desde luego sin ningún parangón con lo que a mí me esperaba.

Cuando salí de la casa de mi tía para dirigirme a leer la carta de nuevo, llegue cerca de una fuente del jardín de una vecina, observe que la carta estaba algo deteriorada, pero pude apreciar donde vivían mis tíos maternos.

M. et Mme de Bouillon
4, rue Saint Michael
París-Île-de-France

Tarde varios días en hacer el equipaje, no porque llevase mucho, sino que aún dudaba si embarcarme en tal peligrosa empresa, pues nunca había viajado sólo y tenía mis temores. Desde luego, que el idioma no fue un obstáculo para mí, pues como ya os dije lo aprendí de mi madre.
Sin embargo, lo que me frenaba a realizar el viaje era las noticias que llegaban a España sobre la situación de Francia. Era frecuente escuchar entre los viajeros que llegaban a la ciudad sobre las heladas, las malas cosechas, el precio del pan o los problemas de estado entre otras cosas.

Lo primero que hice fue organizarme y conseguir todo lo que necesitaba para concluir aquella inesperada odisea. Busqué ansiosamente una maleta que había guardado encima de un viejo mueble. Y para sorpresa mía, cuando al fin logré localizar la dichosa maleta, al tirar de sus asas con fuerza, “plaff” el asa cedió y detrás de ella me cayó todas las cosas estúpidas que mi tía guardaba sobre aquel bulto.
Y allí me encontraba yo, tirado en el suelo medio desolado y con un golpe en la cabeza que pareciese que me habían golpeado como cuando un caballo se defiende despavorido.
Al cabo de unos minutos pude incorporarme, el dolor de mi cabeza desapareció pero por poco tiempo pues mi tía Agustina que oyó aquella zapatiesta se encolerizóy provocó en mí una jaqueca más fuerte.

Pero al final me decidí, con tan sólo 18 años me preparé y en unas semanas estaba ya listo para hacer un largo viaje y me preguntaba que vivencias tendría. La verdad, a pesar de mis temores, de lo que estaba seguro es que seria inolvidable.






Este artículo proviene de El Portal de la Rosa de los Vientos
http://rosavientos.es

La dirección de esta noticia es:
http://rosavientos.es/modules.php?name=News&file=article&sid=258