El último de mi especie.
Fecha Friday, 22 September a las 07:16:07
Tema Terror y Microrelatos


A Coruña, 13 de Octubre de 2139.

Creo que soy el último.

Han pasado por lo menos siete años desde que Miguel decidió irse en busca de otros como nosotros. No he vuelto a saber de él en todo este tiempo, y noto que mi hora se acerca. Me siento tan cansado, que hasta escribir me está costando un gran esfuerzo. Sin embargo, si no fuese por este diario que empezó mi padre y que yo he continuado día a día, seguramente hubiese perdido la vida o peor aun, la razón, hace ya mucho tiempo. Hoy no me he movido de mi cama. Me gusta llamarla mi cama, aunque no sepa quien es su verdadero dueño, a decir verdad, todas las camas de la ciudad han sido alguna vez mi cama, o lo son aun, puede que todas las camas del país, o del mundo sean mías hoy.

He dedicado el tiempo a hojear este diario desde la primera caja, hasta ésta que estoy acabando, y que hoy he etiquetado con el número 20, y con ella he recordado cada uno de mis días, y de los días de mi padre.

Aunque la primera anotación corresponde al 27 de Julio de 2008, en ella hizo un resumen de todo lo sucedido desde aquella noche del 25 de Diciembre de 2006, en la que el cielo se llenó de luces y de deseos. Los telediarios ya llevaban un tiempo informando de que ese día se produciría la mayor lluvia de estrellas fugaces de la historia. Según la prensa, un telescopio espacial había detectado una enorme nube de polvo, que se dirigía a la Tierra y que al entrar en la atmósfera produciría un espectáculo veinte veces superior al de 1833. Y así fue como sucedió. Con millones de personas en las calles, contemplando como el cielo se convertía en el campo de juego de traviesos destellos de luz. El espectáculo debió ser sin duda grandioso, durante más de 12 horas vieron llover estrellas, y al igual que aquí, el fenómeno se repitió en todo el mundo. Fue un día grande, sin ninguna duda, "El mayor espectáculo de la historia de la humanidad" rotulaban los periódicos al día siguiente, y no podían imaginar la carga de razón que llevaba cada una de esas palabras.

Durante unos meses, la normalidad fue completa. Nada parecía haber cambiado, y sin embargo, esa noche, mi destino, el de todos nosotros, quedó sellado. El 27 de Febrero del año siguiente nací yo. Mi padre recordaba de ese día la tranquilidad que reinaba en el hospital, y el comentario de extrañeza de algunos médicos que apuraban las horas en el bar. "Partos y Accidentes, parece que este mes no quiere enfermar nadie".

Ciertamente, a medida que pasaba el tiempo, el comentario comenzó a generalizarse, y a convertirse en rumor, y el rumor en noticia. Aparececían estadísticas en la prensa, sobre el espectacular descenso a nivel mundial en el número de nuevos casos de SIDA, luego de Cáncer, de Infartos, y así una tras otra todas las enfermedades infecciosas, endémicas, virales, todas iban disminuyendo hasta llegar a cero.

No tardaron en aparecer las primeras explicaciones pseudo-teológicas de la situación, inmediatamente asociadas a aquel 25 de Diciembre. Surgieron multitud de Profetas de la Iglesia de la Luz Celestial, e incluso algunos cargos de la Iglesia Católica utilizaron la coincidencia de día para promulgar la venida del Salvador por segunda vez, aunque eso si, sin confirmarlo oficialmente, no fuese a ser cierta.

Era tal la alegría con la que la humanidad recibía cada día sin tan siquiera un simple catarro, tal era la multitud de reuniones de científicos en todo el mundo tratando de buscar una explicación razonada y razonable, que no se percataron del hecho más importante que estaba sucediendo desde aquel día. Y cuando lo hicieron, ya era tarde, demasiado tarde.

Fue en Noviembre de 2007, en un hospital chileno. Allí nació Miguel Rojas Quiroga..., oficialmente, el último ser humano nacido en el planeta.

A partir de ese día, comenzó la cuenta atrás para la humanidad. Los mismos científicos que antes se devanaban los sesos por encontrar la causa que había eliminado de raíz las enfermedades en el mundo, hacían ahora lo mismo por hallar la razón oculta de la falta de nacimientos.

Las conclusiones eran claras, ninguna de las muestras de semen humano analizado contenía espermatozoides y aquellos que se conservaban congelados, habían muerto y su contenido genético era completamente inservible.

Cada hora, cada segundo era un paso hacia el fin. Se intentaron realizar fecundaciones artificiales, injertando cadenas de DNA directamente en los óvulos femeninos que aun mantenían sus atributos, sin éxito alguno en el mejor de los casos, creando aberrantes criaturas que solo se mantenían vivas unos minutos en el peor, hasta que con el paso de los años, cada vez eran menos los que disponían de los conocimientos necesarios para investigar, y más los que se habían abandonado a la desesperación de saber cierto su final. Porque aun a pesar de no existir enfermedades, el tiempo continuaba marcando con su paso al hombre, abocado a una larga vida sin esperanza.

Cuando murió mi madre, recuerdo que mi padre me llamó a su lado. Estaba sentado en una silla junto a la cama, y tenía en sus manos los anillos de boda. Me miró, largo tiempo. No dijo nada, únicamente puso los anillos en mi mano, acariciándola suavemente mientras lo hacía. Luego, con un gesto, me hizo salir de allí. Recuerdo también el dolor al clavarme las uñas mientras los apretaba con fuerza al escuchar el seco estallido de un disparo.

¿Qué me ha hecho llegar hasta hoy?, no lo se, muchas veces he sentido ganas de seguirle, de acabar de una vez con la sensación de vacío que sentía cada noche, hasta que acabé acostumbrándome también a sentirme así. Vacío.

Se acerca la hora, y me viene a la cabeza lo último que leí antes de comenzar a escribir yo, "El futuro acaba en ti hijo mío", y yo no puedo evitar repetirlo para cerrar con ello el círculo.

EL FUTURO SE ACABA HOY






Este artículo proviene de El Portal de la Rosa de los Vientos
http://rosavientos.es

La dirección de esta noticia es:
http://rosavientos.es/modules.php?name=News&file=article&sid=257