El último recuerdo.
Fecha Thursday, 06 April a las 06:51:31
Tema Terror y Microrelatos


Su aliento empañó el cristal, y con el dedo, comenzó a descubrir en el humedo lienzo la silueta de un corazón. Luego, con movimientos lentos desde el exterior al interior, fue devolviendo a la ventana su antigua transparencia. Pegó a ella su nariz de forma que si alguien pudiese verla desde fuera, se encontraría únicamente con sus ojos enmarcados. Ojos negros como la eterna noche sin luna del exterior, profundos e inocentes, y al mismo tiempo, magnéticamente cautivadores, tras los que ocultar millones de secretos, de vidas, de sacrificios. Pero al otro lado no queda nadie ya que pueda leer en ellos su destino.

Su aliento empañó el cristal, y con el dedo, comenzó a descubrir en el humedo lienzo la silueta de un corazón. Luego, con movimientos lentos desde el exterior al interior, fue devolviendo a la ventana su antigua transparencia. Pegó a ella su nariz de forma que si alguien pudiese verla desde fuera, se encontraría únicamente con sus ojos enmarcados. Ojos negros como la eterna noche sin luna del exterior, profundos e inocentes, y al mismo tiempo, magnéticamente cautivadores, tras los que ocultar millones de secretos, de vidas, de sacrificios. Pero al otro lado no queda nadie ya que pueda leer en ellos su destino.

- Es la hora.

La voz sonó dulce a sus oídos, casi musical. ¡Cuánto tiempo aguardando!. Estaba cansada, terriblemente cansada, casi al borde del desfallecimiento. Hacía ya mucho que había finalizado la tarea que le había sido encomendada y que esperaba,....no, ciertamente deseaba escucharlas. Y ahora que estaba ahí, a su espalda, no podía evitar cierta angustia.

Asintiendo con la cabeza, se separó de la ventana y se acercó a El, mientras en el cristal, el corazón comenzaba a difuminarse a medida que el vaho desaparecía.

- Sabía que serías Tu.

- Quién podría ser sino.

- No me imaginaba que pudiese resultarme tan dificil, ya debería haberme acostumbrado, ¿no te parece?.

- Dudo mucho que alguien pueda acostumbrarse.

- Pero ¿a mi?, ¿a la que tantos se me han entregado?....no se, creí que sería diferente cuando tuviese que ser yo quien diese el paso.

El sonrió. Aun a pesar de que la conocía desde siempre, rara vez habían cruzado alguna palabra. Sus contactos eran tan fugaces como un suspiro, como dos personas que se tropiezan día tras día en un pasillo, y sin llegar a hablarse jamás, sin embargo, se conocen tan profundamente que bastaría un solo gesto en uno de ellos para que el otro se diese cuenta de inmediato de que sus sentimientos eran compartidos. Pero ese gesto, no había llegado nunca, La veía siempre partiendo, una y otra vez, segundo tras segundo, vida tras vida.

Sin embargo ahora, era como si la mirase por primera vez. La veía radiante. Su rostro, de una palidez sobrecogedora, luchaba por huir de la oscuridad de la melena cuidadosamente despeinada. Siempre la había visto vestir con ropas oscuras y hoy no era una excepción, aunque tal vez por la situación, su figura casi difuminada sobre el fondo de la ciudad, le permitían distinguir con claridad el armónico baile de contrastes al que jugaban sus labios abrazando cada palabra pronunciada.

- Estaba pensando en nuestro último encuentro, ¿Recuerdas?.

El asintió, ¿cómo olvidarlo?, ¿cómo iba a poder olvidarlo, precisamente El?.

- Era a ella a quien buscaba, pero él lo supo, no se como, quizás porque se sabía el último, o porque la esencia de todos los que se habían ido, de lo que representaban, le habían permitido ver más allá de su propia existencia. Nunca había sucedido antes, pero me imploró, se humilló ante mi, y no pude negarme. Tomar sus manos me hizo estremecer. No era la primera vez que sentía el dolor, pero esta vez, fue de tal intensidad que mis rodillas casi me fallan. Cada paso era un suplicio, sentía mi alma desgarrarse mientra avanzaba, como si estuviese anclada al mundo que dejaba atrás inerte, vacío. Creeme si te digo que por un momento, por un fugaz instante, sentí la tentación de sentarme, de esperar a que el dolor pasase, ¡como si eso fuese a suceder!. Fueron ellos, ¿sabes?, me sujetaron. Ellos decidieron compartir mi carga, por propia voluntad, conscientes de lo que portaba, y aun así, lo hicieron. En todo este tiempo, no han dejado de sorprenderme, pero ese día, con su entrega, por primera vez, fui consciente con todas las consecuencias del papel que me había tocado desempeñar, y sentí una enorme tristeza.

Recordaba perfectamente ese último día. Su presencia no era necesaria, pero fue mayor su ansia por verla que la disciplina que se había autoimpuesto. Recuerda la impresión que le produjo verla encorvada, arrastrando los pies, apoyando sus manos en los hombros de los últimos caminantes. Realmente parecía que era a ella a quien llevaban y no a la inversa. Deseó correr hacia ella, relevarla de la pesada carga que portaba, sin importarle las terribles consecuencias que hacerlo implicaría, y estaba a punto de hacerlo cuando sus miradas se cruzaron. Lo que vio en sus negros ojos, no podría expresarse con palabras, dolor sin límite, amor extremo, todos y cada uno de los sentimientos nacidos de los caminantes estaban ahora en ella, desde el más infame, al más puro, todos conviviendo en un único ser a un mismo tiempo, y en paz. Se detuvo, incapaz de dar un solo paso, hipnotizado por aquellos ojos que no dejaban de mirarle, comprendiendo que ambos estaban llorando de la única forma que les había sido permitido hacerlo, sin derramar una sola lágrima.

- No les hagamos esperar.

Se levantó y fue hacia ella. Con su mano dibujó su rostro sin llegar a tocarlo. Ella cerró los ojos, mientras Él continuaba recorriéndola, siguiendo un arco iniciado en los labios que acabó muy cerca de sus párpados cerrados, para bajar luego hasta el pómulo, donde, sin dejar de mirarla, descansó en una única caricia eternamente deseada y a un tiempo, maldita.

- Me alegra que hayas sido tu.

La veía desvanecerse. Sentía como se iba escapando entre sus dedos, escurriéndose como un puñado de fina arena derramada sobre sus palmas, hasta quedar completamente solo en la habitación, más solo de lo que recordaba haber estado nunca, y Él podía recordarlo todo.

Tras unos instantes, se acercó a la ventana. Desde ella, podía contemplar una pequeña parte de lo que había sido su mundo. Cada calle, cada edificio traía a su cabeza todo cuanto los caminantes habían vivido en ellos. Sus existencias, todas ellas, estaban ahora en él, y de entre todas, surgía con furia la única que podía considerar realmente propia. Un sentimiento que no había sido robado de ningún ser humano, sino que era suyo por derecho y que iba enterrando bajo su luz a todos los demás. Sabía que en breve, el Olvido vendría a buscarlo también a él, y ese sería el final de toda existencia, pero hasta ese momento, mantendría vivo el único recuerdo que no le había sido impuesto.

Su aliento empañó el cristal y, con el dedo, volvió a recorrer sobre el húmedo lienzo la silueta de su corazón. Pegó a él su nariz de forma que si alguien pudiese verle desde fuera, se encontraría únicamente con sus ojos enmarcados. Ojos azules como un día había sido el cielo del exterior, gélidos e impenetrables, y al mismo tiempo, extrañamente tristes, tras los que ocultar las lágrimas que nunca habrán de escapar de su encierro. Pero al otro lado no queda nadie ya que pueda leer en ellos sus recuerdos.








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