La increible aventura del Estado de Acre
Fecha Tuesday, 14 March a las 08:34:18
Tema Pasajes de la Historia


A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la región amazónica de Acre protagonizó un episodio independentista que ha sido olvidado por la mayoría de manuales de Historia.
Caucho, aventureros y coros de zarzuela...



Entre 1899 y 1903, la región de Acre, territorio selvático rico en caucho, ubicado en la confluencia de Brasil, Bolivia y Perú, protagonizó un episodio de carácter secesionista que casi podríamos considerar sacado de una novela de Joseph Conrad. Aventureros del más variado pelaje coincidieron allí en uno de los capítulos más curiosos -y menos conocidos- de la Historia de Hispanoamérica.
El territorio de Acre era parte del imperio español, pasando en su práctica totalidad a Bolivia tras la independencia. Bien es cierto, sus límites con Perú, y sobre todo Brasil nunca quedaron muy claros. Además, la dificultad de acceder a una región tan apartada y selvática hicieron de Acre una especie de tierra de nadie, donde ningún gobierno ejercía realmente un control efectivo.
Y así podría haber seguido siendo. Pero en 1839, Charles Goodyear descubrió el proceso de vulcanización del caucho. Ello, unido al "boom" de los medios de transporte tras la segunda revolución industrial (primero la bicicleta, después el coche, con sus correspondientes necesidades de neumáticos) hizo que a partir de 1880, el caucho -al que pronto se le descubrieron otras utilidades industriales y militares- empezara a conocer una fuerte demanda.
Los territorios de Acre eran ricos en caucho, como casi toda la Amazonia. Ello había propiciado el desarrollo de urbes como Iquitos (en Ecuador, hoy Perú) o Manaos. Esta última era una auténtica capital cauchera. Un núcleo de lujo y poder en mitad de la selva. La ciudad llegó a contar con un espectacular Teatro de la Ópera, e incluso los ricos potentados del caucho mandaban sus trajes Amazonas abajo para que fueran lavados y planchados ¡en París!
Tradicionalmente, el caucho se extraía talando el árbol de raíz y sangrando el tronco para extraer el látex, coagulándolo con sal o potasa. Sin embargo, este sistema era costoso y complicado por el nomadismo que conllevaba, ya que las áreas caucheras se deforestaban rápidamente y era necesario buscar más.
Por el contrario, el árbol de la shiringa (Hevea brasiliensis) suponía una explotación sedentaria, y por ello, más rentable, al poder aplicársele los criterios de producción de una plantación. El látex de la hevea (llamado jebe o goma fina) valía el doble que el llamado vulgarmente caucho.
Los árboles eran localizados gracias a los silbidos del pájaro siringuero, que tiene por costumbre anidar en esos árboles. El explorador de gomales (rumbeador) tomaba posesion de loa árboles grabando sus iniciales en los troncos, para reclamar después su propiedad a efectos jurídicos. Se instalaba entonces en el lugar una pequeña colonia para comenzar la explotación, abriéndose los caminos (estradas) que bordeaban el gomal (conjunto de árboles).
Cada mañana, se repetía la misma operación: realizar una incisión en el tronco del árbol y colocar debajo un pequeño recipiente de latón (tichela) para recoger el látex. Una vez lleno, se vaciaba en una batea de madera y se llevaba al hornillo (buyón). Frente al hornillo había dos horquillas de madera atravesadas por un palo, sobre el que se apoyaba un segundo palo, más gordo, que se sujetaba con una mano, mientras con la otra se derramaba poco a poco el látex sobre el bastón horizontal, untado con barro para evitar que se adhiriese la goma, y se le daba vueltas lentamente, haciendo pasar el látex por el humo del hornillo, de modo que el calor lo solidificaba. El resultado era la "bolecha" de 20 a 40 kilos de peso; se le sacaba la vara que lo atravesaba y ya estaba lista para su comercialización.
Si debemos poner nombre y apellidos al responsable del "boom" cauchero en Perú, y por extensión, también en Acre, hay que pensar en Carlos Fernando Fitzcarraldo.
Nació en 1862, hijo de William Fitzgerald, un irlandés establecido en Perú. Tuvo una juventud tortuosa, con reyertas, fugas e incluso un intento de fusilamiento en 1879, durante la guerra del Pacífico, acusado de espiar para Chile.
Fitzcarraldo se estableción en el río Uyacalí, en las zonas orientales de Perú. En 1890 ya era el patrón cauchero más rico de la región, gracias sobre todo al trabajo de unos indígenas en régimen de práctica esclavitud. El secuestro de indígenas para trabajar en los gomales estaba a la orden del día. Era la manera de suplir la ausencia de peones, víctimas de una elevadísima mortalidad.
Las explotaciones caucheras se organizaban mediante el sistema de "habilito": los peones recibían un sueldo mensual (que pulían en los economatos, salas de juego y burdeles del asentamiento, que eran propiedad del patrón, por lo que estaban permanentemente endeudados con él y no podían abandonar su puesto de trabajo). Los caucheros, por el contrario, cobraban a destajo y por tanto alzado, explotando por contrato los cauchales del patrón. Aunque ganaban más que los peones y tenían algo más de autonomía financiera, no era raro que cayeran también el mencionado círculo de endeudamiento permanente con el patrón.
Pero no eran sólo indígenas, peruanos, bolivianos o europeos. Cada vez iba más en aumento el número de peones brasileños en los cauchales, lo que tendría consecuencias en el futuro.
En 1893, Fitzcarraldo tenía a sus órdenes a 2000 peones, a los que dirigía con mano de hierro. Inició una serie de exploraciones a lo largo de los ríos Alto Ucayalí, Urubamba, Maru, Tambopata y Madre de Dios, de modo que extendió sus actividades por Acre. En 1896 Fitzcarraldo recibió del gobierno de Bolivia el derecho exclusivo de navegación por esos ríos.
Fue en uno de esos viajes cuando Fitzcarraldo llevó a cabo la gesta inmortalizada posteriormente por el cine: descubrió el istmo que lleva su nombre, y que comunica la cuenca del río Ucayalí con los ríos Madre de Dios y Beni. La más importante de las barcas de la expedición, la "Contamana", para poder cruzar el istmo, tuvo que ser desmontada y arrastrada por tierra a lo largo de 10 kilómetros, superando alturas de 450 metros. Deslizada sobre troncos aceitosos, amarrada por dos cables de acero a su máquina de vapor que, emplazada en el lugar más alto del istmo, impulsaba el transmporte mientras varios indios empujaban...
Fitzcarraldo constituyó una próspera sociedad con Antonio Vaca Díez, rico senador boliviano y empresario, de origen español, y el patrón cauchero Nicolás Sánchez. Entre los tres, exploraron -y explotaron- la región cauchera del Loreto peruano y el Acre boliviano.
Fitzcarraldo había creado un auténtico imperio en la cuenca alta del Amazonas. En un territorio antes despoblado, ahora había establecimientos caucheros cada 40 ó 50 kilómetros.
Pero la afluencia de trabajadores brasileños crecía en progresión geométrica. Tras una serie de roces, se llegó a una lucha abierta. Fitzcarraldo y sus socios lograron expulsar a los caucheros brasileños. El problema era que la población brasileña seguía aumentando en Acre, propiciando un incipiente secesionismo. Fitzcarraldo sabía que necesitaba las rutas fluviales de la Amazonia brasileña para exportar su caucho, por lo que tampoco veía con buenos ojos seguir una política de abierta hostilidad hacia Brasil. Es por eso que, a pesar de sus iniciales coqueteos con la causa, no llegó a comprometerse con un proyecto conspirador para crear una república cauchera amazónica independiente de Brasil.
Pero en 1897, todo se truncó. Fitzcarraldo y Vaca Díez murieron en circunstancias poco claras durante un viaje por río. Suárez, el único socio vivo, intentó hacerse con la totalidad del imperio, pero la viuda y los hermanos de Fitzcarraldo intentaron impedirlo. En Acre y la Amazonia peruana, los hombres de Suárez y los de Fitzcarraldo acabaron a tiros. Ante el vacío, los caucheros, peones y colonos se sublevaron. Se habían acabado los patronos... y con ellos, las deudas. Los asentamientos caucheros fueron arrasados, los almacenes asaltados. Los indígenas, hartos de la explotación, aprovecharon para sublevarse también.
En 1898, el Acre estaba tambaleándose. Los colonos y caucheros brasileños habían tomado las armas y habían organizado la rebelión por su cuenta. Los representantes de la administración boliviana abandonaron el territorio. Desde Brasil, el gobernador de la Amazonia apoyaba la revuelta. Y en esto, apareció en Acre un español llamado Luis Gálvez Rodríguez de Arias.


Luis Gálvez nació en San Fernando (Cádiz), en 1864. Tuvo una juventud desordenada, marcada por el juego y los duelos... Convertido en empleado de banca, fue expulsado por firmar cheques sin fondos, lo que le obligó a abandonar el país. Se estableció en Buenos Aires, donde no tardó en meterse nuevamente en problemas por su afición a sus duelos -en concreto, por una cuestión amorosa- debiendo huir a Río de Janeiro. Una vez allí, logró prosperar, pero la revuelta federalista y el caos subsiguiente (incluido el cerco de la propia Río de Janeiro) le hizo perder su negocio, arruinándose.
Marcha entonces a Manaos, donde trabaja como taquígrafo del Congreso del Estado de Amazonas. Allí conoce a Guillermo Uhtohff, gaditano de ascendencia alemana, de talante aventurero y que con el tiempo sería su mano derecha durante la aventura de Acre.
Uhtohff le ofrece un puesto en el consulado de Bolivia en Manaos. Allí, Gálvez se entera de un proyecto secreto de los EEUU para hacerse con el control de las zonas caucheras del Acre, a cambio de prestar apoyo a Bolivia contra Brasil. A Gálvez le falta tiempo para hacerlo público a través de la prensa, destapándose el escándalo. Desatado el revuelo, el gobernador de Amazonas, Ramalho Júnior, le encarga a Gálvez organizar una expedición para ocupar Acre. Pero los planes del español son otros: crear un estado independiente. Para ello, entra en contacto con la Junta Revolucionaria de Acre, órgano de carácter más o menos secesionista que agrupaba a los patronos del caucho, los cuales exportaban casi dos millones de kilos de caucho al año.
Gálvez organiza su expedición: veinte españoles veteranos de la guerra de Cuba armados con fusiles, y 200 bártulos de materiales para la causa. Por aquellos días, actúa en Manaos una compañía española de zaruela, a la que Gálvez convence para que se sume a su aventura. Esta presencia española hace que en Washington muchos crean que una operación tan contraria a sus intereses está orquestada desde Madrid, a modo de represalia por la derrota de 1898, y de paso sustituir como fuente de ingresos el perdido azúcar cubano por el caucho de Acre. El gobierno español realmente no estuvo detrás de esta operación, pero el propio Gálvez reconoció varias veces que sí sintió la (satisfactoria) sensación de que estaba vengando a España por la derrota del 98.
Tras 20 días de navegación río arriba, la expedición llegó a Acre. Y es aquí donde retomamos la acción tal como la dejamos en el post anterior.
El día 14 de julio de 1899, con el apoyo de la Junta Revolucionaria de Acre, se proclama el Estado Independiente de Acre, siendo designado Gálvez su presidente.
Gálvez crea un estado de la nada: capital en Porto Acre (refundada sobre la vieja Puerto Alonso), bandera (formada por dos triángulos, uno verde y el otro amarillo), ministerios, escuelas, sanidad pública, ejército, administración... como dijo en su discurso de toma de posesión: "La Patria nos abandona. Nosotros crearemos otra. Todo para Acre es mi divisa".
Pero el Estado de Acre no recibe ningún apoyo ni reconocimiento internacional. Bolivia manda tropas para sofocar el movimiento secesionista. Gálvez ordena entonces el embargo del caucho, prohibiendo su exportación, como manera de presionar a Bolivia. Pero la mayoría de los patronos caucheros de la Junta Revolucionaria, que lo sostienen en el poder, no están de acuerdo, y el 28 de diciembre lo deponene. Pero la nueva situación sólo dura un mes. La población pide a gritos que Gálvez recupere el poder, cosa que sucede. Mientras, el ejército boliviano, que había sido acorralado en Porto Acre, es expulsado de la naciente república.
Gálvez convoca entonces unas elecciones que no se llegarían a celebrar. En abril de 1900, Brasil envía una pequeña fuerza al territorio. No quieren problemas con Bolivia, al menos por ahora. Al no contar con ningún apoyo, Acre se rinde a los brasileños sin ofrecer resistencia. Bolivia recupera el control del territorio. Gálvez, enfermo de paludismo, marcha a Europa.
El gobernador brasileño de Amazonas, Silvério Neri, envía una expedición al mando del periodista Orlando Correa (la llamada "Expedición de los Poetas") que entra en Acre y proclama la Segunda República en noviembre de 1900. Pero esta nueva república dura poco más de un mes: el ejército boliviano recupera el control de la región en una serie de acciones que finalizan en la nochebuena de ese mismo año. Sin embargo, el gobernador Neri insiste, y aún auspicia una nueva expedición. Puede observarse cómo a lo largo de esta historia, el estado brasileño de Amazonas muestra una autonomía total en la cuestión de Acre.
El cabecilla de la nueva expedición es el soldado brasileño José Plácido de Castro. Castro se apodera de todo Acre, salvo la capital, Porto Acre, que no cae hasta el 24 de enero de 1903. Tres días después, proclama la Tercera República, ahora sí, con el apoyo de Brasil, que envía tropas. Casualmente, Gálvez vuelve a reaparecer por la zona.
Se produce entonces un cambio en Bolivia: el coronel Pando, quien "casualmente" había estado exiliado en Brasil, se hace con el poder. Envía al ejército a Acre para recuperar el control, pero a la vez negocia. Antes de que se produzcan combantes de cierta relevancia, Brasil y Bolivia firman un acuerdo preliminar el 21 de marzo.
El acuerdo es ratificado en el Tratado de Petrópolis (17 de marzo de 1903). Bolivia entrega 191.000 kilómetros cuadrados de Acre a Brasil, a cambio de compensaciones territoriales en la zona de Matto Grosso. La cosa queda zanjada en 1912, con un acuerdo entre Bolivia y Perú.
Acre se convirtió en territorio federal brasileño el 25 de febrero de 1904, y alcanzaría el rango de estado el 15 de junio de 1962.
Pero la cuestión del caucho dió un inesperado giro poco después del Tratado de Petrópolis: Gran Bretaña había empezado a plantar semillas de hevea brasiliensis en sus colonias de Malasia en 1898. Poco a poco, se fue creando un núcleo cauchero en el sureste asiático, más accesible que el amazónico.
¿Resultado? En 1915, Asia ya producía el doble de caucho que el Amazonas. En 1920, producía ocho veces más. Y en 1939, el 98% de la producción mundial de caucho salia de Asia.
Las grandes fortunas amazónicas se arruninaron, los gomales desaparecieron y Manaos pasó a ser la sombra de un pasado glorioso.
Gálvez, tras la resolución del contencioso de Acre, volvió a desaparecer. Moriría en España en 1935, legando a la posteridad una frase profética:
"Ésa era la calamidad que yo ambicionaba evitarle a la América Latina (...) Hoy, Norteamérica (...) ya tiene, pues, una mano sobre el corazón de Sudamérica, como tiene la otra sobre el de América Central. Pero esto no se ve... y cuando se vea, será tarde".
Curiosamente, la epopeya de Gálvez dejó un impensable legado: entre los logros del Estado Libre de Acre se encontró el de llegar a emitir sellos propios. Hoy en día, sólo quedan seis de esos sellos, y son de los más valiosos dentro del mundo de la filatelia.






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