Guerra de Irak
Fecha Thursday, 23 February a las 07:18:58
Tema Terror y Microrelatos


Esta historia no tiene nada de extraño para mí, para mi gente, para mi país. ¿Mi nombre? No importa, solo soy una sombra que vagó sin rumbo durante mi corta existencia. Escribo esta carta para que todos conozcan la terrible realidad que sufrimos. Somos personas que para el mundo no existimos. Solo somos sombras...

Esta historia no tiene nada de extraño para mí, para mi gente, para mi país. ¿Mi nombre? No importa, solo soy una sombra que vagó sin rumbo durante mi corta existencia. Escribo esta carta para que todos conozcan la terrible realidad que sufrimos. Somos personas que para el mundo no existimos. Solo somos sombras...
Me desperté con un sonoro estruendo a la luz de la luna. Mis pies descalzos rozaron el frío suelo de piedra, y mi cuerpo se estremeció. Otro estruendo golpeó el silencio de la noche; un silencio que tardó poco en romperse por los gritos, llantos y súplicas de mi pueblo.
Días antes, se notificó una noticia extraña para mí, pero muy poco alentadora para mi familia. Estados Unidos había declarado la guerra a Irak, mi país. Mis padres intentaron ocultarme la realidad; pero, cuando vi a mi madre suplicando por mi vida, supe que no había oportunidad para nuestras vidas en el mundo.
Los días siguientes a la noticia permanecí alerta a cualquier sonido, cualquier sombra que me produjera inquietud. Cuidaba de mi familia como nunca antes lo había hecho, proporcionándoles cariño, amor; y, sobre todo, pensaba en que ojalá nunca llegase ese fatídico día, el día en el que nuestra vida desapareciera. Pero, por desgracia, ese día acaba de llegar.
Salí corriendo hacia la habitación de mis padres, mientras mis pies producían eco en el silencio con cada pisada, solo roto a veces por las bombas que caían como estrellas fugaces desde el cielo. Mis ojos intentaban contener las lágrimas de terror, pero cuando no encontré a mi familia en su habitación, mi boca exhaló un gemido de angustia, apagado por el sonido de una bomba que sonó estremecedoramente cerca.
Corrí de nuevo hacia la puerta de entrada, sin hacer caso a los latidos de mi corazón, clavados como puñales en mi pecho desnudo. Salí a la calle, y lo que vi me dejó sin aliento. Las imágenes que descubrí se anclaron en mi mente, y poblaron mis peores pesadillas hasta el día en el que...
Hombres agazapados al lado de lo que había sido su familia lloraban con una pena tan infinita que una suave lágrima se deslizó lentamente por mi rostro, conteniendo una tristeza que luchaba desesperadamente por no salir al exterior. Niños muertos decoraban las calles como espectros sin rostro, confirmando su pobre y efímera existencia.
¿Cómo podían ser tan crueles? ¿Cómo podían contemplar ese sufrimiento sin que un ápice de tristeza recorriese su corazón? ¿Tan duro era el amor de esas personas? ¿O no sentían amor por nada ni por nadie? Entonces mi tristeza no pudo aguantar más la tensión, y floreció en mi rostro cuando una bomba cayó desde lo alto del cielo.
Desperté al fin de mi bruma, pero descubrí algo tan doloroso que provocó en mí un tremendo dolor en el alma. Mis padres, muertos al lado de la casa, se abrazaban como si nunca hubieran muerto, como si la vida para ellos fuese eterna. Y mi corazón gritó de dolor, de rabia, de desesperación, de impotencia... Lo único que me quedaba me había sido arrebatado; pero, por suerte, mi frágil conciencia se apagó deseando descansar y apartar las imágenes que salpicaban mi mente...
Ruidos, luces, sombras, silencio... Desperté en la penumbra, escuchando palabras extrañas que mi mente no podía descifrar.
Tumbado en una cómoda cama, deseaba no despertar jamás, pero una cálida sonrisa me recibió con los brazos abiertos y me dio la bienvenida, deseando que mi mente y mi cuerpo se recuperasen pronto. Lo cierto era que no deseaba quitarle la ilusión, pero sabía que no viviría lo suficiente como para darle el cariño que esperaba de mí. En el fondo, lo sentía de verdad, pero era demasiado pedir que olvidase todo el sufrimiento que había experimentado a lo largo de mi vida...
No pude hablar con esa dulce sonrisa, pero tuve las energías suficientes para escribir esta carta al mundo, incluso a aquellas personas que se atrevieron a romper mi vida y mi mundo en mil pedazos. Finalmente, dormí para no despertar jamás.






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