El Entierro
Fecha Tuesday, 27 September a las 11:12:42
Tema Terror y Microrelatos


Esta historia está basada en hechos reales...

Basada en historias no escritas , ésta, la que te voy a contar , se convierte en algo fácil de olvidar.

Me gustaría que conocieras a mis compañeros. No te diré sus nombres, no lo considero importantes, como tampoco para el caso lo son sus virtudes. Por tanto los enumeraré y mostraré sus defectos , pilares principales con los que se construye la idea general de las mejores personas.

En vida , uno era envidioso con lo que no respetaba, es decir, no le gustaba nada del enemigo. Dos era excesivamente impropio, carecía de personalidad. Tres tenía como punto débil su tremenda ignorancia, de todo, menos de la vida. Queda cuatro, que era..., nacido de , por y para la duda.
Parecen y son distintos, eso lo confirmo yo, pero a los cuatro nos une algo que no se puede quemar; interpretamos nuestro entierro de la misma forma.
Es importante el modo en el que uno muere, aunque no relevante. El hecho de morir nunca cambia. Da igual que para llegar a él lo hayas hecho como un buen gay hartito de mamar, o que por el contrario haya sido crucificado por hipócrita.

Estoy sentado en el segundo escalón que lleva al altar de una iglesia católica cualquiera. En mi familia creían que era bueno hacer cruces en las alegrías y en las desgracias. Detrás tengo el culo y a un cura que lo mira de frente. A los dos los envuelve lo que no me gusto del pasado. A la derecha veo a una conducta tan justa, como falsa y aburrida, que enmarca a un coro de trece niños pelirrojos que cantan la canción de un destino. A la izquierda mis locas ilusiones clavadas a 666 cruces de envidia. Delante, un sentimiento con mi firma que escupe a nueve de cada diez presentes. Y por último, a mi lado, estoy yo, mi mejor amigo, tumbado dentro de un ataúd de roble. Tengo el rostro serio, pero feliz. Desde que conocí a mi personalidad, nunca perdí el sueño por comprender la incomprensión y tampoco tuve gran interés por saber mejor.

Me levanto a la vez que me dejo dormido. Bajo los dos escalones, ando lo justo, y entro a formar parte de la gente. Me acerco a unos labios preciosos que recogen unas lagrimas teñidas de negro caídas de los ojos de la lujuria. Hablan, los labios hablan. Los escucho claros. Sus lamentos intentan formar palabras tristes para que se conviertan en frases incluso más tristes. Tengo curiosidad por conocer sus declaraciones futuras en nuevas camas deshechas. Me acuerdo de esta canción:

Aún botan en mi cabeza
tus sucias palabras de ayer
sonando como monedas
que van cantando al caer
Nunca más miraré tras tus ojos
nunca más me disculpare
son tus lagrimas cristales rotos
que pueden abrirme la piel.

Otros labios menos bonitos me llaman también la atención. Expulsan palabras amigas para lo que siempre su interior considero un enemigo. Queríamos el mismo destino, y eso es incompatible con la amistad. Además, el llegar primero es algo que no se perdona. Ahora tiene vía libre, aunque no sabe que dentro de unos años podrá ver algo parecido a lo que yo estoy viendo.
Me comprometo a cerrar los ojos y quitarle la cara a las voces. Sus dueños están callados, pero ellas hablan. Siento a una inquieta a la que el ritual se le está haciendo pesado. Tiene que abrir una botella de cerveza dentro de media hora y enfrentarse a un verdadero funeral si su equipo pierde. No quiero verle. Le conozco bien. Tiene lazos de sangre muy parecidos a los míos, de esos que te obligan a compartir propiedades y compromisos, pero no buenos sentimientos.
Acabo de comprender que dónde no se quiere, no entran desengaños. Realmente algún ojo grande nos concedió el don de la palabra para poder ocultar nuestros pensamientos.
Como las quise a las tres. La primera es representante de amantes; la segunda lo es de la supuesta amistad; y la tercera encabeza a los que tienen bordado en sangre el escudo de una familia leal.
Hay otras voces que no pertenecen a estos grupos: las morbosas desconocidas y las de mis progenitores. Con las primeras nunca tuve en vida conversaciones a las que yo encontrara un sentido. Y las segundas fueron, son y serán las únicas que no dijeron, dicen y dirán nada con intención de hacerme daño.
No trabaje nunca para la absurda y patética vida correcta, por tanto todos mis amigos cabían en un pequeño cuarto de baño. No estaban allí. No hacia falta, sus honores ya me los rindieron en vida. ¿Para que hablar más de lo ya aclarado?.

Todo se acaba, hasta lo malo. La ceremonia llega a su final. Los últimos lamentos, lo últimos sufrimientos, acompañados en su mayoría de ligero placer. Me pasean, se marchan y me meten en el agujero. Decido ver este momento desde una perspectiva aérea. Echan tierra y estoy oficialmente muerto.

Conclusión: para algunos, como para la envidia, la ignorancia, lo impersonal, y la duda, morir es solamente pasar a mejor vida. Las tres primeras por ser grandes defectos, y para la agotadora duda, por ser el único lugar dónde logra descansar. Además, ¡ a quién no le gusta volar!

A mi primo para que nunca le partan la cara con la mano izquierda. A los que sufren en su matrimonio antes de tiempo.





Este artículo proviene de El Portal de la Rosa de los Vientos
http://rosavientos.es

La dirección de esta noticia es:
http://rosavientos.es/modules.php?name=News&file=article&sid=219