Rescates históricos: Julio César y Cervantes
Fecha Monday, 05 September a las 16:07:17
Tema Pasajes de la Historia


¿Cuál es el precio de la vida de un hombre? Economistas, políticos, médicos y agentes de seguros se hacen en ocasiones esta pregunta, pero también suelen planteársela los secuestradores a la hora de pedir un rescate.

¿Cuál es el precio de la vida de un hombre? Economistas, políticos, médicos y agentes de seguros se hacen en ocasiones esta pregunta, pero también suelen planteársela los secuestradores a la hora de pedir un rescate.

¿Qué sucede cuando la persona secuestrada es uno de los militares más famosos de la Historia? En el año 75 a.C., Julio César, que contaba con 25 años de edad, regresaba de Rodas donde había estado aprendiendo retórica y oratoria. En el viaje fue secuestrado por unos piratas que comentaron que por aquel joven aristócrata no conseguirían un rescate ni siquiera de 20 talentos de plata. Ofendido, y considerando un insulto que se dijera que su vida valía tan poco, Julio César se encaró con los piratas y les exigió que se pidiera por él un rescate de 50 talentos. El jefe de los piratas le dijo entre carcajadas que aceptaba, pero que si no le pagaban esa cantidad le crucificarían, a lo que César respondió lo siguiente: "Te pagarán, no temas, pero después serás tú el que temerás, ya que volveré para crucificarte a ti y a los tuyos". Efectivamente, Aurelia, la madre de Julio César pagó 50 talentos por el rescate su hijo, y éste, una vez liberado organizó una flota para perseguir, vencer y finalmente crucificar a los piratas, tal y como les había amenazado.

En 1575 era secuestrado otro gran hombre a los 28 años de edad, se trataba de Miguel de Cervantes, que regresaba a España desde Nápoles después de haber luchado contra los turcos, pero cuya embarcación se extravió y fue abordada por tres corsarios que lo llevaron hasta Argel. Cervantes intentó escapar de su cautiverio en 4 ocasiones, ya que el dinero que llegó en un primer momento de su familia sirvió para liberar a su hermano Rodrigo, pero no a él. En uno de estos intentos, se le condenó a una pena que se consideraba equivalente a la pena de muerte, consistente en recibir 2 000 azotes, aunque finalmente le fue perdonada al presumírsele ser un hombre rico. Al igual que en el caso de Julio César, fue la madre de Cervantes la que pagó la cantidad exigida para el rescate, aunque en vez de hacerlo inmediatamente como Aurelia, doña Leonor tardó cuatro años en reunir el dinero, y aún así sólo pudo conseguir 475 de los 600 ducados necesarios. Doña Leonor entregó este dinero al Consejo de las Cruzadas en septiembre de 1579, y justo un año después Cervantes era liberado una vez que los frailes consiguieron el dinero que faltaba para juntar la cantidad necesaria.





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