Las cuentas del Gran Capitán
Fecha Saturday, 03 September a las 17:32:44
Tema Pasajes de la Historia


Entre los hombres que más han destacado militarmente en la Historia de España, junto con personajes como el Cid y Hernán Cortés, es obligado mencionar a don Gonzalo Fernández de Córdoba, apodado "el Gran Capitán".



Nacido en Montilla de Córdoba, en 1453, el Gran Capitán entró con doce años al servicio del príncipe don Alfonso, y a la muerte de éste pasó a servir a Isabel la Católica. En 1492 fue el encargado de llevar a cabo las negociaciones con Boabdil el Chico, que finalizaron con la toma de Granada y pusieron punto y final a los siete siglos que duró la Reconquista. Pero sus mayores hazañas las conseguiría en Italia. Cuando Nápoles fue invadido por los franceses, don Gonzalo fue elegido para encabezar el ejército español y liberar Nápoles. Tras dos años de lucha, el Gran Capitán derrotó a los franceses y se firmó el Tratado de Granada, por el cual los territorios de Nápoles se repartían entre Francia y España. Pero Francia no cumplió el acuerdo y entró en algunas plazas españolas. El Gran Capitán regresó al campo de batalla venciendo definitivamente a los franceses en las batallas de Ceriñola y Garellano. Como premio, nuestro héroe fue colocado al frente del gobierno de Nápoles. Sin embargo, a la muerte de la reina Isabel en 1504, su esposo, Fernando el Católico, temeroso de que el Gran Capitán intentase independizar Nápoles de España y convertirse en Rey, ordenó su regreso a la Península Ibérica, y acabaría muriendo en Granada en 1515.

Dicen que Fernando el Católico, una vez conquistado Nápoles, se entrevistó con el Gran Capitán y le pidió las cuentas detalladas de los gastos de su campaña militar. Don Gonzalo, extrañado de que se le pidieran cuentas después de haber conquistado un nuevo reino para España, contestó a Fernando el Católico con algo que ha pasado a la historia, o más bien a la leyenda, como las famosas cuentas del Gran Capitán, y que recogen los gastos de don Gonzalo de la siguiente manera:

"Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados...

por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados...

por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados...

por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados...

y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados...".





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