Infiltración y Asesinato
Fecha Sunday, 14 August a las 07:06:05
Tema Terror y Microrelatos


-Señor, he sido informado de cierto movimiento en los alrededores- comentó el trajeado jefe de seguridad al grueso hombre.

Sentado en el otro extremo de la habitación, y con el rostro cubierto de sudor debido al insoportable calor, el Señor Bercalli mostraba un escaso interés.


-De que se trata.
-Al parecer unidades de cobertura militar y posiblemente personal médico. Aproximadamente una veintena de los primeros, y media docena de los segundos. Se encuentran trazando un perímetro circular en torno al hotel, de cincuenta metros de diámetro. Van perfectamente camuflados.
-¿Tienen alguna posibilidad?
-Me temo que no señor, a mi juicio lo más probable es que se trate de una barrera posicionada solo en caso de emergencia.
-Señor, un hombre con un mono azul acaba de entrar en el edificio –Respondió una voz quebrada, distorsionada por la transmisión-.
-Bien debe tratarse del técnico, se supone que tiene que quedarse en la planta baja para sus operaciones, no obstante cabe la posibilidad de que sea un asesino. Estén bien atentos, quiero que me llamen si toma el ascensor o comienza a subir por las escaleras.
-De acuerdo señor, corto la transmisión.
-¿Un hombre? ¿Cree que envían a un sólo hombre para matarme? -Arengó el gordo casi ofendido, mientras empapaba un pañuelo con el sudor de su nuca.
-En absoluto -se apresuro a decir su compañero en la habitación-, es tan sólo una medida de seguridad casi prescindible, un nimio detalle que debe ser controlado. Quizás pensaron que no le daríamos mayor importancia al hecho de ver entrar al técnico, y hayan decidido suplantarlo. No deja de ser algo descabellado, teniendo en cuenta nuestros efectivos en el edificio, pero no podemos permitirnos dejar pasar por alto esta pequeña medida rutinaria.

El hombre gordo visiblemente afectado por el calor, hacía cantidad de esfuerzos para concebir de qué manera actuarían contra su persona. Mientras los minutos transcurrían en silencio.

-¿Y si todo es un engaño, y pretenden hacernos creer que esos efectivos son secundarios y en realidad atacan? -dijo al cabo de un rato- es un calor insoportable...
-Aparte de desagradablemente ruidoso, sería un intento fallido -aseveró- y tiene razón es insoportable.
-¿Por que?, ¿Cómo lo sabe? Podrían atacar de cualquier forma imaginable... –un sentimiento de intranquilidad podría verse emerger de entre los pliegues de carne mezclado con el sudor.
-Señor, todos los parámetros defensivos reglamentarios están operativos. Además por si la ocasión se tercia tenemos a una docena de francotiradores apostados, distribuidos entre los edificios más cercanos, esperando a que alguien mueva un solo músculo en actitud sospechosa para ser abatido.

La estancia quedó ausente de ruidos nuevamente. El sonido de algo parecido a unos motores oradó el silencio ambiental de la estancia, para premiar a los ocupantes de la sala con una racha de delicioso aire fresco.

-¿Lo ve? lo del técnico era algo descabellado -dijo el jefe de seguridad con una sonrisa en la cara, pues su rostro reflejaba la absoluta convicción de todas y cada una de sus palabras.
-Gracias a Jesús, creí que iba a morirme -intervino el señor Bercalli con alivio al tiempo que daba una ultima pasada con pañuelo- supongo que tendrá razón, Flecher, nunca se equivoca.

Su rostro mostraba la felicidad del triunfo, el orgullo del que no se equivoca, en ese instante Bercalli supo que tenía ante sí al hombre más engreído que habitaba sobre la tierra.

-¿Cómo de seguro es este edificio, con sus medidas Flecher?
-Bueno, le confieso que la pregunta me coge un poco por sorpresa, pero pensándolo rápidamente yo calculo que es..., impenetrable -el hombre del traje hablaba con una aplomo sobrehumano.
-Vaya, eso es... ¿suficiente? Supongo -rió de manera nerviosa y medio fingida-.
-¿Sabe? para que se haga una idea, ahora mismo la única posibilidad que cabe es que sea yo quien le mate, pues nadie más podría avanzar un paso por este edificio, con intenciones similares, sin caer fulminado -comentó con total seriedad-.
-Si es verdad - comentó Bercalli divertido por la grotesca suposición -. Pero es un riesgo que tenía que correr.
-¿Sabe una cosa? Creo que no debería haber traicionado a ese funcionario del gobierno ruso.
-Supongo que tiene razón, pero bueno, hay tantas cosas que no debería haber hecho..., que más da una más.
-Imagínese que me han comprado, y bueno yo organizo todo esto, le traigo a una habitación insonorizada y...

El hombre de gruesos brazos y piernas no le dejó terminar.

-No saldría con vida de aquí.
-Si, pero quien sabe podrían tener comprado a una buena porción de los agentes, que en este mismo edificio velan por su seguridad...

Bercalli quedó sin palabras, no le gustaba el juego de su jefe de seguridad.

-Bueno, pero usted no me traicionaría por mucho que le pagasen, ¿Verdad?
-Desde luego, ni por todo el oro del mundo -y dijo esto mientras abría los botones de su chaqueta-. El sospechoso gesto del hombre hizo estremecer al orondo magnate.
-Ya está bien Flecher, no tiene ninguna gracia, ya es suficiente.

El jefe de seguridad siguió desajustando botones de su chaqueta.

-Ya no me interesa el dinero, mi propósito es mucho más elevado... -y diciendo esto agarró su arma con excesiva parsimonia, ademán delicado y fluido, casi con aire ceremonial.
-¿Que hace? -Bercalli se puso en pie visiblemente afectado.
Flecher alzó su arma con suavidad hasta apuntar al centro de los ojos, como si de un ritual se tratara.

-¡Pero, pero que significa esto! -dijo al borde de un colapso nervioso- si...si... ¡si es una broma no tiene ninguna gracia!

Era una distancia pequeña, su blanco estaba perfectamente inmóvil... Dos disparos ligeramente espaciados sonaron en la estancia. Tan sólo unos minutos después...

-Señor, el hombre de las reparaciones ha salido de edificio... ¿señor?

© Ludotecnia 2002

José A. Tellaetxe Isusi





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