El ultimo maqui
Fecha Thursday, 28 July a las 15:00:02
Tema Pasajes de la Historia


Al acabar la guerra civil, un número importante de militantes republicanos, una minoría que no se resignaba a darse por vencida, de manera espontánea, a la defensiva y por la mera supervivencia dio lugar a un movimiento guerrillero, posteriormente militarizado que puede inscribirse en el marco de la lucha antifascista de los años cuarenta; Los maquis que desde los montes de todo el país creyeron que todavía era posible el triunfo de la libertad.

El Aliaga, el último maqui de la sierra.

Al acabar la guerra civil, un número importante de militantes republicanos, una minoría que no se resignaba a darse por vencida, de manera espontánea, a la defensiva y por la mera supervivencia dio lugar a un movimiento guerrillero, posteriormente militarizado que puede inscribirse en el marco de la lucha antifascista de los años cuarenta; Los maquis que desde los montes de todo el país creyeron que todavía era posible el triunfo de la libertad.

A partir de 1939 el contingente de huidos fue bastante numeroso y creciente, ex cargos políticos, ex oficiales o ex combatientes de la República o simplemente ciudadanos de a pie que trataban de escapar a las represalias.

El fenómeno fue común a casi todos los puntos cardinales de la península, pero nosotros nos vamos a centrar en la Sierra de Alcaraz. Situada al suroeste de la provincia de Albacete, la sierra de Alcaraz pone fin a la llanura manchega y ejerce de puerta de las cordilleras Béticas. Su carácter semisalvaje hacía de ella el escondite perfecto para los integrantes de la 5ª agrupación guerrillera, con sede en Villarrobledo.

Uno de los líderes de esta agrupación, cuya partida actuaba por la zona de Bienservida, Villapalacios y El Salobre era Antonio Higaldo, “El Aliaga”, natural de Bienservida.
De “El Aliaga” cuentan que era un tipo alto, moreno y guapo, que no hablaba como la gente del pueblo, sino arrastrando muchos las eses y con un vocabulario preciso y culto, que debió adquirir en sus años de estudiante antes de la guerra.
Cerro Vico, El Relumbrar, la Mesta, Zapateros y El padroncillo era el ámbito de actuación de la partida del Aliaga, parajes de extraordinaria belleza que allá por los años cuarenta debían de ser aún más hermosos. Vivían de la ayuda de las gentes de los pueblos y de los cortijos cercanos, así mismo realizaban golpes económicos de mayor o menor cuantía en los cortijos grandes, sobre todos si sus propietarios eran los señoritos que tanto habían contribuido a forjar sus ideas izquierdistas a base de tratar a sus vecinos, padres y hermanos en condiciones de semiesclavitud.
El Aliaga bajaba al pueblo con frecuencia, porque tenía allí a la novia, cuyas hermanas viven todavía, le recuerdan jugando a las cartas en las tardes de invierno con toda la familia, como a un galán de película del que todas las jóvenes del pueblo estaban enamoradas en secreto.
Pero pronto las tardes de brisca se acabaron, alguien dio un chivatazo de aquellas visitas furtivas y tanto la novia del Aliaga como las jóvenes del pueblo se quedaron sin su héroe.
Sin embargo fue la novia la que sufrió las consecuencias del chivatazo más allá de las implicaciones románticas del mismo, la guardia civil, enterada de su romance con “El Aliaga”, acudió a por ella, apresada en la cárcel municipal fue sometida a todo tipo de vejaciones, llegando a estar colgada boca abajo durante varios días.
Corrían los últimos meses del 46, las potencias extranjeras, una vez ganada la guerra se desinteresaron de la situación en España y aquella esperanza común a todos los guerrilleros de que cuando los aliados ganaran la guerra llegarían hasta nuestro país en su afán por combatir el fascismo acabó convertida en desengaño y frustración.
Los huidos en el monte cada vez más cercados contaban con ya con pocas ayudas en los pueblos y cortijos, la gente del pueblo que entendía que aquella era ya una batalla perdida les dio la espalda, por pragmatismo, por cobardía, por que la represión había hecho efecto, porque la guardia civil se encargaba de lanzar bulos sobre ellos o porque en unos años difíciles, los continuos golpes económicos de la partida en la comarca tampoco ayudaba a hacerles demasiado populares.
El último gran golpe económico de la partida del Aliaga se llevó a cabo en la fábrica de resinas “La resinera”, sita en Villaverde de Guadalimar, donde obtuvieron 300.000 pesetas de la época.
Comúnmente se viene contando que el golpe de La Resinera fue el desencadenante del suceso que pondría fin a las andanzas del Aliaga por la sierra, sin embargo el testimonio de uno de los miembros de la partida, Antonio Esteban Garví “Mariano”, nos lleva a la realidad exacta de los hechos.
Huyendo de una tormenta la partida se refugió en el cortijo de Los Marines, el casero de un cortijo cercano que se había percatado de lo sucedido acudió hasta El Salobre y dio cuenta a la guardia civil.
Guardias, somatenes y falangistas del Salobre y de Alcaraz pusieron cerco a la casa, al llegar el día el brigada llamó a la puerta y salió el casero al que preguntó si había hombres en la casa. El casero lo negó, pero el brigada se empeñó en registrar el cortijo.
En un primer registró no encontró nada porque los cinco guerrilleros se encontraban ocultos en un pequeño pozo ciego, tapado con una tinaja. Sin embargo el delator se empeñaba en decir que seguían allí porque no los había visto salir.
Se repiteron los registros, sin éxito. Aliaga, cansado de su escondite en el pozo, donde estaban amontonados, en un momento dado decidió salir y esconderse debajo de la cama de una habitación que ya habían inspeccionado, con tan mala suerte que el brigada entró otra vez a mirar.
Al husmear debajo de la cama recibió una descarga y quedó muerto en el acto, esto desencadenó la tragedia, una granada de mano, lanzada contra la cama en la que se encontraba Antonio Hidalgo López “El Aliaga”.
Los represores tuvieron posiciones fuera del cortijo, mientras que los otros cuatro guerrilleros se hicieron fuertes dentro de la vivienda. Mientras tanto un somaten de Alcaraz se tomó la justicia por su mano y lanzó otra granada, esta vez contra Anastasio el casero de Los Marines.
Los guerrilleros hicieron una salida a la deseperada, dos caían muertos a la puerta , otro herido de muerte lograba llegar hasta el río, para caer muerto en la otra orilla. Fueron cinco los muertos en total, incluido el casero de Los Marines.
La agrupación guerrillera nº 5 juró venganza tanto al somaten de Alcaraz como al delator, que si pudo ser vengado en julio de ese mismo año 1947.
Aquel fue el último tiro que tuvo lugar en la Sierra, el que vengó al guerrillero galán, cuyo nombre fue borrado de la memoria de los serranos y hasta su propia novia prometió no volver a nombrarle, pero también a no tener ni otro novio ni otras ropas que no fueran las negras.
Tuvieron que pasar casi cincuenta años para que volviera a hablarse de él con libertad, sin miedo.










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