Nuevos Mundos
Fecha Tuesday, 23 November a las 18:30:44
Tema Terror y Microrelatos


Las pequeñas criaturas, por fin podían salir de su escondrijo. El escuadrón vigía había dado aviso de que el planeta volvía a ser otra vez habitable. Formaban la más compleja y organizada de las sociedades conocidas. Habían tenido que quedarse recluidas en sus casas durante largo tiempo tras la nube de gas altamente tóxico que había aparecido por sorpresa. El consejo de ancianos había decidido abandonar el escondrijo y emigrar a tierras más prósperas y menos contaminadas El camino no era fácil y además todo predecía que iba a ser largo y agotador. Nadie sabía lo que encontrarían allende sus tierras. Pero la supervivencia de la especie les empujaba a una nueva conquista hacía un mundo desconocido.

Empezaron su costosa travesía y al cabo de dos días ya se vieron en territorio poco amable. Una enorme montaña lisa, resbaladiza y blanca se alzaba delante de ellos fría como hielo. Empezaron a escalar y justo cuando la mitad de su población se encontraba casi en la loma un tremendo terremoto hizo caerlos en picado al vacío. Por suerte algunas de esas pequeñas criaturas habían podido llegar hasta lo más alto. Muchas habían muerto pero los supervivientes decidieron seguir avanzando sin piedad. De ello dependían sus vidas y su especie. Los vigías una vez mas regresaron aquella noche de su avanzadilla de seguridad con buenas noticias. Habían avistado un vergel, repleto de comida . sin perder ni un segundo alzaron el campamento y se dirigieron hacía allí. Era un extraño y frío enclave. Los ancianos desconfiaron y decididos dieron media vuelta. Los mas desesperados siguieron y por fin llegaron a los alimentos que se agolpaban en grandes grupos indiscriminados y por doquier.

Pero de repente una lluvia torrencial se abalanzó sobre ellos como castigo de Dios haciendo perecer a casi todos los protagonistas del festín. Los mas viejos, desesperados y viendo tan terrible situación decidieron sin más oscilación volver por el camino que habían venido, teniendo que bajar esta vez la gélida y lisa montaña por la que habían subido más de un millón de sus congéneres. Ahora solamente quedaban unos cien. Sin alimento y con el esfuerzo del descenso sus cuerpos iban quedando gélidos y acartonados. Muchos fueron los que se precipitaron al vació pero los pocos que llegaron al valle, corrieron a esconderse en otra montaña próxima que parecía al contrario que la anterior y aunque también desconocida caliente y llena de vida, con algunas protuberancias fáciles de escalar.

Me encontraba en la cocina y tuve una sed terrible. Abrí la puerta del armario bajo de formica blanca con un golpe pues era viejo y siempre se atascaba y cogí un vaso de agua. Tendría que haber lavado los platos, pensé, quedan restos de comida. Soy un guarro. Abrí el grifo y bebí agua hasta reventar. Me senté en la silla para seguir leyendo pero…cual fue mi horror al ver que por mi pie desnudo subían un centenar de hormigas. Cogí el ZZ paf y las rocié otra vez, como ayer.






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