Colmillos
Fecha Friday, 27 June a las 21:53:10
Tema Terror y Microrelatos


Corría. Por el bosque, sin aliento, corría y mientras tropezaba, con piedras y arbusto, mientras su aliento se congelaba en el frío aire de la noche, mientras su cabeza oscilaba de atrás en adelante, oía el aullido cada vez mas cerca.

Era un sonido rico en matices, un sonido que se metía en el interior de su alma, que convertía en un páramo de miedo su corazón. Sus piernas se trompicaban por el esfuerzo de correr, y extraños ruidos que reconoció como sollozos salían de su garganta.
Corría, y el terror y la desesperación corrían con él.
Las pisadas.
Eran muy audibles, eran de un sonido acuoso, de un sonido que parecía extrañamente mullido, pero que delataban una mortífera realidad. Sabia que si, finalmente, era cazado, su agonía seria larga y tortuosa.
Notaba, como el sudor nacía de sus poros y se secaba rápidamente en su rostro y en sus hombros mientras la huida se iba haciendo más interminable.
El bosque.
Las ramas y los dueños de las ramas se cernían sobre sí mismos y sobre él. El viento sobre sus hojas componía una extraña música, que daba ritmo a su huida, a su letanía de miedo, de odio, de terrible presentimiento.
Tropezó y cayo finalmente en el suelo. Exhausto, intento incorporarse pero sus músculos, agostados por el esfuerzo no le respondían.
Aterido, temblando de frío, de dolor, de miedo... se da cuenta de que su larga huida ha llegado a su fin.
No puede huir más
Lo siente
Viene.
Y su mirada se alza hacia el cielo, buscando, entre las nubes, en el firmamento
Ahora se encuentra en el centro de un circulo formado por los dueños de la voz, por los hijos del aullido, por los hermanos del recuerdo
Mas, sus ojos siguen prendidos del cielo y por fin, un destello
De la madre.
Y de ella, surge el cambio
La transformación.
Y mientras sus facciones se deforman, mientras las prendas de ropa se hacen jirones, mientras sus colmillos nacen a la libertad del lobo, una alegría salvaje se lleva los últimos vestigios del hombre que fue y que ya no es.
Y un coro de aullidos lo recibe alborozado
Después el bosque queda desierto y las hojas y el viento como únicos testigos del viejo pacto entre la luna y el hombre.

Juan Ignacio Santiago Platon 10-2-2003


Este relato ha sido escrito una noche de febrero, escuchando el maravilloso programa de La Rosa de los vientos, que ha inspirado en mi las ganas de escribirlo.





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