Las investigaciones del Doctor Armstrong
Fecha Monday, 11 November a las 00:49:13
Tema Terror y Microrelatos


Muchos de los grandes descubrimientos o invenciones de la historia deben su existencia a la casualidad, la fortuna o una repentina visión entre sueños. La bañera de Arquímedes, la manzana de Newton o los hongos de Fleming son claro ejemplo de lo enrevesado que es el destino a la hora de iluminar las mentes humanas.

Mis estudios comenzaron a dar frutos a raíz de una de estas extrañas coincidencias. El análisis de la regeneración de tejidos había consumido doce años de mi vida sin que hubiera conseguido avances significativos.
Ya en la Universidad, tenía yo la obsesión de poder crear artificialmente partes perdidas o deterioradas del cuerpo. Me fascinaba la facilidad con la que determinados organismos, especialmente insectos, podían volver a resucitar miembros amputados. Incluso me enfurecía a menudo, después de pasar largas horas en el laboratorio, el pensar que la mayoría de la vida en la naturaleza poseía esa facultad. Cuando un árbol es podado, todos vemos con naturalidad como al año siguiente ha recuperado las ramas cortadas.
Sin embargo, cuando alguno de nosotros perdemos un brazo, una pierna, un insignificante dedo, debemos aceptar con resignación que nunca volveremos a recuperarlo.

Tras mi paso por la Facultad conseguí una pequeña beca con la que pude continuar con mis investigaciones hasta el año 2013. En este fecha y, a la vista de mis escasos, por no decir inexistentes avances, se me retiró la ayuda. Estuve dos años buscando recursos con los que continuar mi tarea, pero no demasiado éxito.

Fue el 23 de Abril del 2016 cuando conocí al famoso y acaudalado empresario Enmanuel Green. Dueño de los Laboratorios Cosméticos "Bella Lux", había seguido todos los estudios sobre el tema desde que, a los veinte años, en un accidente automovilístico, perdió su pierna izquierda.
Me contrató para su servicio personal y puso a mi disposición una cantidad de medios desconocidos por mí hasta el momento. Me trasladé a Newcastle y allí se construyeron las instalaciones conocidas hoy como Centro de Investigaciones Regenerativas.

En la actualidad, la técnica de reposición es la más utilizada para estos casos. Dicha técnica, consistente en unir, mediante operación Herbertiana, los tendones y materias sesgadas al cuerpo después de haber sido separados, presenta muchos inconvenientes. El principal es que debe realizarse, como máximo, unas horas después del corte del miembro. Si se demora dicha cirugía, los tejidos, descompuestos por la tardanza, son imposibles de unir. Otro de los grandes problemas de la reposición es que raras veces consigue una utilidad total del miembro repuesto.
A pesar de estos handicaps se han logrado operaciones casi perfectas y muchos de los pacientes han podido recuperar sus miembros en un alto porcentaje.

Lo que mis investigaciones han conseguido es, no obstante, un salto gigantesco con relación a los métodos del doctor Herbert. Como todos ustedes podrán comprobar en unos instantes, mi técnica es regenerativa. Esto significará innumerables ventajas respecto al ya antiguo método. Entre ellas se encuentra la posibilidad de crear, "ex novo" y por nuestro propio organismo, un miembro completamente sano.
Soluciono así los problemas anteriormente citados, ya que la creación que nuestro cuerpo realiza de un nuevo brazo, dedo o similar es totalmente natural y no crea incompatibilidades a nivel de tejidos descompuestos o tendones unificados incorrectamente. Con la regeneración, seremos nosotros mismos nuestros propios cirujanos.


Los estudios que de joven realicé no dieron resultados apreciables porque me limitaba a utilizar sustancias propiamente humanas. Comencé mis investigaciones analizando las únicas partes de nuestro cuerpo que se regeneran, esto es, cabello y uñas. Solamente estas dos pequeñas secciones, de entre la inmensa maquinaria en que consiste el hombre, tienen la facultad de volver a crecer a pesar de ser cortadas.
Fijé, pues, mis estudios en la queratina, sin conseguir más que pequeñas reconstrucciones circunscritas, tan solo, a ámbitos excesivamente reducidos y con escasa aplicaciones a otras partes del cuerpo. Tras emplear varios años en este camino, deseché la idea de encontrar en el ser humano sustancia alguna que fuera favorable a mi propósito.

Durante algunos años anduve probando otros métodos, más por entretener mi ansia que por encontrar realmente la solución a los problemas de la regeneración humana. Fue entonces cuando me iluminó aquella maceta, golpeando mi imaginación como manzana caída del árbol de la ciencia.
En la casa de verano de Enmanuel Green encontré una extraña planta. No la identifiqué a primera vista, pero sus bellos colores llamaron mi atención. Habíanle realizado varios injertos que tras florecer la dotaban de una majestuosa elegancia y esa inusitada vistosidad.
Efectivamente, señores, mi particular bañera de Arquímedes fue un geranio y, tras lanzar mi propio Eureka, me dirigí con rapidez hacia el laboratorio: si en el cuerpo humano no existía modo ni lugar para la regeneración, tendríamos, pues, que injertárselo.

Los primeros intentos que realicé tuvieron como protagonistas las más diversas formas de vegetación y, aunque conseguí mejores resultados que los obtenidos con las anteriores sustancias propiamente humanas, no fueron suficientes. Sin embargo, había comenzado el viaje hacia la regeneración y, ahora, al menos, conocía el camino por donde debía transitar.
Tras intentarlo con soluciones orgánicas extraídas de pequeños reptiles, comprobé que las regeneraciones obtenidas se acercaban al cuarenta por ciento. No obstante, los tejidos eran en su mayoría incompatibles con el funcionamiento celular de los mamíferos. Los pequeños lagartos con los que trabajé, aportaban al ser humano un porcentaje regenerativo visiblemente superior al que ofrecían las formas de vida vegetales, pero aún no llegaban a cubrir mis expectativas, por lo cual, decidí continuar mis investigaciones utilizando insectos. Probé con infinidad de ellos.
Pero ha sido la "Theridion sissyphium", una especie de araña cardadora, muy común en los jardines británicos, quien ha dado esta increíble posibilidad a la ciencia. Este arácnido crea un fluido con el que, una vez regurgitado, alimenta a sus propias crías. Esta es la sustancia que ha hecho posible el milagro.
Durante dos años he experimentado la solución extraída de esta araña y, los resultados en laboratorio son realmente asombrosos.
Hace ocho meses apliqué estos avances a un ser humano por primera vez. El señor Enmanuel Green, deseoso desde su accidente de volver a recuperar su pierna, se ofreció sin limitaciones a mis estudios.

Hoy, todos ustedes podrán comprobar las maravillas que la "Theridion sissyphium" ha obrado en el señor Green. A partir de este momento, la ciencia médica deberá olvidar la mayoría de los antiguos métodos y comenzar a investigar las infinitas posibilidades que la regeneración nos ofrece. Piensen ustedes que esta pierna es solo un grano de arena entre la gran playa que ahora contemplamos. Cualquier parte infectada podrá ser sustituida por otra sana. Muchos de los cánceres podrán ser eliminados con la sola sustitución, de forma natural, de los tejidos dañados por tejidos regenerados.

Ahora, por favor, que pase el señor Green y procederé a quitar el armazón metálico que cubre su pierna. Ustedes mismos, podrán observar que la regeneración de un miembro es, desde este momento, totalmente posible.


A continuación ofrecemos al lector un extracto del Dictamen
Denegatorio de los Estudios regenerativos del doctor Armstrong:

"Tras retirar la extraña armadura de plomo en la que el Doctor Armstrong había cubierto la pierna del Señor Green, apareció una extremidad totalmente formada y vendada hasta la cintura".
"El miembro supuraba abundante pus que traspasaba los apósitos y era claramente visible por toda la supuesta pierna. También se observaban grandes cantidades de sangre empapando aquellas vendas y formando, incluso, un pequeño charco en el suelo".
"Cuando el Doctor Armstrong retiró por completo la serie de paños que cubrían aquella parte del cuerpo, los doctores encargados de este examen, asistimos al espectáculo más horripilante y estremecedor que ojo alguno ha podido contemplar jamás".
"El doctor Jameson tuvo que abandonar la estancia debido a súbitos mareos y temiendo perder el conocimiento".
"De la ingle del empresario surgía, totalmente inhumana, una extremidad chorreante de asquerosas secreciones".
"Con toda la rapidez de la que fuimos capaces de actuar en ese momento, procedimos a amputarle, pasadas tres horas, aquella horrible pata infernal. Aquel miembro sesgado era similar al de cualquier insecto pero con el tamaño de una pierna humana. El Doctor Jackson observó un cierto parecido con las extremidades posteriores de las langostas".
"En todo momento el Señor Green permaneció consciente y fue realmente difícil realizarle la operación, ya que se negó obstinada y ferozmente a la amputación, llegando incluso a agredir al Doctor Ernest von Heramm que intentaba sujetarlo mientras lo trasladábamos al quirófano."
"La operación no pudo impedir que el Señor Green falleciera dos días después de haberle sido amputada aquella negruzca y horrible extremidad. El extraño fluido extraído de ese tipo de arañas y tratado químicamente por el Doctor Armstrong, afectó seriamente a otros órganos del paciente, provocándole una muerte dolorosa y lenta"
"También nos asombra en este increíble caso la actitud del Señor Green que, aún contemplando aquella viscosa y antinatural pierna, siempre quiso conservarla. El deseo de andar le había atormentado desde aquel fatídico accidente de juventud. Posteriormente, y tras consultar con destacados psicoanalistas, hemos llegado a la conclusión de que tanto el señor Green como el Doctor Armstrong, tenían sus facultades mentales seriamente dañadas".
"Por todo lo expuesto en este Dictamen, no solo desaprobamos las investigaciones del Doctor Joseph Armstrong, sino que solicitamos le sea retirada su licencia e internado en la correspondiente institución psiquiátrica para su mejor tratamiento".

Londres, 16 de Junio del 2020.




Relato de Francisco Javier Peláez Pérez





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