El Analista de Sueños
Fecha Saturday, 26 October a las 00:23:22
Tema Terror y Microrelatos


Creo que en mi larga vida profesional solamente he cometido dos errores. El primero fue aceptar el tratamiento psicológico del Señor John Massenberg, cuando positivamente sabía que no estaba preparado para llevar con relativo éxito su caso. Sin embargo, las estrecheces económicas que hasta hace unos meses me ahogaban, por culpa de mi afición al juego, hicieron casi imposible que rechazara el intentar ayudar a este conocido y acaudalado comerciante.

La segunda de mis faltas la estoy cometiendo con estas líneas, haciendo caso omiso al secreto profesional e informando a todo el público de los detalles de su tratamiento.
Créanme cuando les digo, que considero realmente importante el dar a conocer estos hechos a raíz de los últimos descubrimientos que, sobre este caso, han surgido en las publicaciones de nuestra ciudad.

El Señor Massenberg llegó a mi consulta una calurosa tarde de junio, hace ya dos años. Su apariencia era de hombre nervioso. Delgado, hasta casi ofrecer un aspecto cadavérico, podían observarse, no con mucha dificultad, diminutas venas azules en sus pálidos brazos. Entró sudoroso y, tras sentarse frente a mí, intentó exponerme sus problemas. Hablaba entrecortadamente, dando muestras de una sorprendente timidez, impropia de un hombre que pasó su vida de pueblo en pueblo vendiendo mercancías

Como ya he comentado fue un lamentable error pensar que podía tratarle. El Señor Massenberg se veía atormentado por increíbles pesadillas que, no solo le impedían dormir, sino que apenas le dejaban vivir en paz. Un profesional, en circunstancias normales, hubiera remitido al paciente a un especialista en estos temas oníricos, pero mi situación económica influyó fatalmente en la decisión de comenzar su terapia.

Incluyo además en esta carta, anotaciones y documentos que fui recogiendo durante los tres meses en los que traté de descifrar los oscuros sueños que horrorizaban las noches del Señor Massenberg.

"El paciente J.M. no recuerda exactamente la primera noche en la que comenzaron sus pesadillas. Insistiendo en la importancia de concretar una fecha, con el fin de buscar un hecho real, acaecido en su vida que pudiera haber dado pie a sus ensoñaciones, el paciente solo logra contestar, tras unos instantes de duda: Empezaron hace poco, meses a lo sumo..."

Ahora me resulta extraño esta aparente amnesia, en comparación con la exactitud de la que hacía gala al contarme sus visiones.

Antes de entrar a analizar sus sueños, quise conocer, con todo detalle, el entorno en el que vivía y cuales eran las relaciones personales con las que contaba. Huérfano desde muy niño, el Señor Massenberg pasó su corta infancia al cuidado de sus tías en Boston.


No llegó a confesarlo, pero intuí que esos años fueron bastante humillantes para el joven John. Con 16 años dejó aquella casa para recorrer los caminos vendiendo perfumes. Poco a poco y con gran esfuerzo fue reuniendo un patrimonio con el que pudo abrir, con tan solo 22 años, su primer establecimiento.

"Reconozco en el paciente J.M. leves indicios de paranoia misógina. La estancia con sus tías durante aquellos años ha marcado su personalidad, demostrando un cierto desdén por la figura femenina. La mujer, para el Señor M, no sólo aparece ligada a una etapa oscura de su niñez, sino que subconscientemente la ha apartado de su actual vida."

En las primeras visitas insistió en avanzar la terapia hasta el estudio de sus sueños. Pero le convencí para ir paulatinamente investigando su mente, considerando, en primer lugar, su desarrollo diurno antes de indagar a fondo en las pesadillas. Tomé esta medida llevado en parte por el temor a no conocer el tema con la suficiente profundidad.
Sin embargo, tras la primera semana y debido a su impaciencia, acepté comenzar la investigación de los sueños que tan seriamente le afectaban.
El recelo con que el Señor Massenberg había tratado conmigo los problemas de su infancia desapareció totalmente a la hora de relatarme sus visiones nocturnas.
Contestaba a todas las preguntas que, sobre aquellos aspectos, acertaba yo a exponerle, y además lo hacía con una precisión y una claridad pasmosas. Las escasas experiencias que sobre temas oníricos había tenido yo hasta el momento, estaban llenas de brumas y dudas, los pacientes eran confusos al describirlas y pocas veces las recordaban tras despertar.
El Señor Massenberg era radicalmente distinto. Su memoria era increíblemente exacta y ofrecía cada pequeño detalle con diáfana luminosidad. Veía sus sueños como cualquiera de ustedes podría recordar una comida minutos después de haberla finalizado.
Sus sueños eran variados, pero con una característica común: El Señor Massenberg moría entre tormentos inimaginables.

A continuación procedo a ofrecerles el extracto literal que hice de uno de ellos. Pongo asimismo a su disposición las grabaciones íntegras de las conversaciones que mantuvimos en este mismo diván.

"A veces veo una casa nevada. Algunos carámbanos cuelgan de sus desvencijados techos. Es mediodía pero el sol no se ve en el cielo, tapado por varios nubarrones. Realmente no quiero entrar, sin embargo, comienza a llover y me veo obligado a resguardarme en su interior.
Empujo la puerta y ante mí se abre un largo pasillo con diversas ramificaciones. El ambiente es húmedo y siento que un escalofrío recorre cada hueso de mi cuerpo.
Lo último que veo del exterior, antes de que el portón se cierre con brusquedad, es que ha oscurecido repentinamente y que una pequeña luna de afiladas puntas lo cubre todo...
Comienzo entonces a sentir un inexplicable temor. El pasillo, como serpiente, se hace sinuoso y aparecen nuevas puertas de sus lados. Avanzo con cautela procurando apartarme de aquellas puertas pero el pasillo se va estrechando a cada paso que doy.
La angustia se va apoderando de mi garganta y, cuando pienso que voy a morir asfixiado, surgen de pronto unos brazos, arrugados y gelatinosos, que oprimen aún más mi cuello.
Apenas puedo respirar, me desvanezco intentando buscar algo de aire, pero una mano blanca y helada aparece desde otra parte y tapa con fuerza mi boca. Mis orificios nasales buscan con desesperación algo de oxígeno cuando, de nuevo, otros asquerosos dedos se plantan en mi cara, cubriéndola por completo.
Durante unos interminables minutos me encuentro en la más absoluta oscuridad luchando por una brizna de aire que llevar a mis pulmones.
Resignado, no intento moverme y permanezco impasible mientras me ahogo. Me sujetan con firmeza.
Los gélidos dedos se introducen en mi garganta y comienzo a marearme cuando tres de ellos llegan casi a tocar el inicio de mi lengua, hurgando en lo más profundo de mi tráquea.
Antes de caer desplomado, puedo distinguir dos oscuras siluetas con largos cabellos y extremidades exageradamente desproporcionadas...”


Debo reconocer que mientras escuchaba las palabras del Señor Massenberg una sensación extraordinariamente incómoda se apoderó de mí. Incluso me dirigí, con torpe impaciencia, hacia una de las ventanas para intentar atrapar alguna pequeña ráfaga de viento, en aquellos asfixiantes días de verano.
Tras recuperarme de la extraña sensación de ansiedad que produjo en mí aquel angustioso relato, creí intuir una relación entre el sueño y su infancia en Boston al lado de sus tías. No obstante, y al no tener aún demasiados datos sobre aquella etapa, me abstuve de comentarle nada al respecto. Me pareció muy arriesgado insinuar en esos momentos la idea de una violación, a un hombre indeciso y temeroso que, por otra parte, había terminado exhausto después de relatarme aquel sueño.
Sin embargo, ahora, a pesar de que el paciente nunca lo confesó, no tengo ninguna duda sobre los actos sexuales a los que fue obligado el Señor Massenberg durante su juventud.
He llegado a esta convicción tras analizar minuciosamente todos los datos resultantes y, creo que, aún reconociendo mi desconocimiento e inexperiencia en los campos de Morpheo, cualquier especialista en sueños podrá corroborar mi teoría.

Las experiencias nocturnas del Señor Massenberg eran variadas, pero todas reunían una nota común: la angustia claustrofóbica con la que era torturado y, una actitud totalmente pasiva por su parte cuando recibía esos tormentos.

“19 Julio 1967. Hoy he intentado indagar en el caso del paciente J.M. realizándole una serie de preguntas encaminadas a encontrar las razones de su inmovilidad y pasividad dentro de las pesadillas.
El Señor M explica sus sensaciones con una increíble y casi matemática exactitud. Noto en ocasiones que tiene claros problemas mentales para distinguir la realidad de la ficción debido a la intensidad con la que vive sus sueños”.

En relación con los hallazgos descubiertos en estos días en la mansión del Señor Massenberg, quisiera hacer especial hincapié en estas notas: “El paciente tiene claros problemas para distinguir realidad y sueño...”.
Seguramente hubiera obtenido resultados más concretos si el paciente hubiera accedido a mis indicaciones, haciendo recomendable una sesión de regresión hipnótica a su adolescencia. Se negó rotundamente.
Descartado pues este método para conocer realmente las raíces más profundas de sus sueños, continué su tratamiento realizándole algunas recomendaciones. Aumenté su dosis de somníferos, ya que el paciente cada vez mostraba un mayor temor a la noche y, sobre todo, al fatídico momento del descanso...

“Hoy el sueño ha sido agotador, Doctor H. Me encontraba en una habitación espaciosa y muy húmeda. La noche y la oscuridad lo ocupaban todo. Yo estaba completamente desnudo y, sin embargo, no sentía frío. Más al contrario, un calor extremadamente sofocante recorre cada poro de mi piel. De la frente me caen abundantes gotas de sudor bajando por todo mi cuerpo.
En el centro de la estancia se hallaba una gran mesa ovalada en la que descansaban dos pequeños candelabros. Apenas puedo ver nada, tan solo una diminuta ventana de la que no surge ningún tipo de claridad. De fuera, únicamente, entra más oscuridad.
A tientas intento buscar alguna vela para iluminar aquella boca de lobo. Paso la mano por mi cara y se empapa de sudor. El calor aumenta y sigo sin encontrar rayo de luz alguno.
De pronto, una luz, que me ciega, hace que la habitación resplandezca como lo haría un relámpago en la noche.
Retrocedo con gran miedo y mis deslumbrados ojos sólo aciertan a ver dos gigantescos seres antes de que la luz vuelva a desaparecer. En ese momento quedo totalmente paralizado e incapaz de hacer o decir algo.
Tras unos aterradores instantes eternos, siento el repulsivo aliento de uno de ellos a unos 10 centímetros de mí. Aquel titánico ente se encuentra frente a mí, aterrorizando cada músculo, cada parte de mi alma, cuando... de repente, el segundo ser se abalanza sobre mí y comienza a tirarme bruscamente del cabello desde atrás.
Lo hace con tal fuerza que mi cabeza cae hacia la espalda. Mis ojos no pueden verlos, pero siento que el monstruo que se hallaba de cara a mí, coge ferozmente mis brazos y tira hasta casi separarlos de mi cuerpo. El dolor es extraordinariamente intenso y real. Sin embargo, no me siento con fuerza para gritar. Nuevamente noto una brutal presión hasta tensar mis extremidades como si de una cuerda de piano se trataran.
Las sensaciones en esos momentos son de desmesurado terror y sufrimiento físico. Los dos seres continúan estirándome hasta que siento como mi brazo izquierdo se desprende de mi cuerpo, dejando tendones y huesos visibles. Lanzo un grito de dolor, creo que voy a desmayarme. Los monstruos no muestran piedad alguna y vuelven a forcejear por una de mis piernas. Como si fuera una tortura medieval, van desmembrando mi cuerpo hasta que, cuando no resisto más y voy a caer desplomado, me arrancan la cabeza de cuajo...”

El paciente sufría realmente en aquellos sueños. En más de una ocasión me confesó que moriría tarde o temprano mientras dormía. Intenté tranquilizarlo diciéndole que los sueños no matan. Ahora tengo serias dudas sobre eso...
Sin duda, estarán comprobando ustedes que los sueños que tuve que analizar, indicaban fobias claramente distinguibles.

A continuación les ofrezco, además, una relación de aspectos que, durante las sesiones, fui recogiendo a modo de resumen del caso del Señor Massenberg:

       1. En todos los sueños son dos los monstruos, seres, máquinas u otros entes los que atormentan al paciente. La mayoría de las veces estos dos seres aparecen desproporcionados y con largas melenas. Sigo creyendo que representan la visión que el joven John Massenberg tenía de sus tías.

        2. Todas las visiones se desarrollan en espacios cerrados, especialmente en casas antiguas o cerradas habitaciones, lo cual, reafirma mi teoría de que el paciente sufrió abusos sexuales en su estancia en aquel caserón de Boston.

        3. Un punto que me desconcierta en gran medida es el final de los sueños. En todos ellos, el Señor Massenberg es asesinado, pero en ninguna ocasión ha mencionado violaciones o abusos sexuales.

        4. Destaca notablemente la pasividad del paciente en estos sueños. A pesar de la violencia a la que es sometido nunca intentó defenderse del gran dolor y sufrimiento que los dos seres le infligen.


Es en este cuarto punto donde quiero detenerme unos instantes, para hacerles comprender que mis errores pudieron jugar un papel extraordinariamente importante en los fatales descubrimientos que todos ustedes ya conocen.

En una de las últimas entrevistas que mantuve con el Señor Massenberg quise indagar en las causas que motivaban esa pasividad. Al preguntarle por qué no intentaba defenderse, el paciente simplemente contestó: no lo sé, realmente, no lo sé...
Más como experimento que como posible solución, le aconsejé que en próximos sueños intentara defenderse, que tratara de soltarse, que utilizara toda su fuerza en alejar aquellos monstruos y, sobre todo, que no permaneciera quieto ante aquellos ataques. Esta noche lo probaré, Doctor, respondió mientras se incorporaba y se preparaba para marcharse.

A la mañana siguiente, el Señor Massenberg apareció con la cara pálida y más temprano que de costumbre. Sus ojeras denotaban el cansancio de quien no ha podido dormir en toda la noche. Sin embargo, estaba exultante de alegría. Su mirada deambulaba por todos los rincones sin poder detenerse en alguno determinado.
Entre nerviosas exclamaciones y sonrisas a destiempo, me confesó que por fin se había librado de sus monstruos. Interesado, puse inmediatamente la grabadora a funcionar...

“¡Sí!... Doctor... ¡Al fin!. He podido moverme y alejar mis pesadillas gracias a su consejo. Al principio de la noche estaba aterrado. No quería cerrar los ojos y sumergirme de nuevo en la tormenta de seres y brazos que me angustiaban. Pero, finalmente, tomé la decisión. Me dormiría y si algo intentaba perturbarme... acabaría con él...
Estaba en una habitación sin puertas ni ventanas. Miré hacia arriba y vi que no había techo. Me encontraba solo, sentado a una mesa donde se había preparado una suculenta cena. Había tres platos. Comencé a temblar de miedo cuando intuí que los otros dos asientos estaban reservados para aquellos monstruos horripilantes. Mis pies comenzaron a repiquetear el suelo sin que pudiera detenerlos. Estaba aterrado.
Sabía que mis dos acompañantes a la cena, se presentarían para asesinarme. La espera era cruel ya que, por más que intentaba buscar alguna rendija entre las paredes, no encontraba salida por la que escapar. Traté también de saltarlas, pero eran demasiado altas y no fui capaz de traspasar aquellos muros. Cuando me di la vuelta los vi...
Me quedé totalmente paralizado. Les grité para que se fueran... pude notar una diabólica sonrisa que me estremeció. Se acercaban. Se iban acercando. Más y más cerca, hasta casi tenerlos encima. Estaba acorralado, fui retrocediendo hasta tropezar con la mesa.
De repente, una mano cogió con fuerza mi cabello. Sin embargo, hoy no estaba dispuesto a dejarme avasallar. Cogí un cuchillo que brillaba encima del mantel y, de un tajo, corté la mano.
El monstruo vaciló y dio un paso atrás sorprendido.
Yo, empujado por aquel pequeño éxito, me abalancé sobre él y lo apuñalé hasta que cayó desangrado en el suelo. Estaba cegado por la rabia contenida de todas aquellas terribles noches y continué golpeándolo durante unos minutos a pesar de que hacía tiempo que ya no se movía.
El otro ser me miró con miedo. Corrí hacia él y clavé mi arma en su cuello con tanta fuerza que casi le despegué su horrorosa cabeza del cuerpo.
Después de esto pude conciliar plácidamente el sueño, aunque solo durante unas horas, puesto que estaba impaciente por venir a verle y felicitarle, Doctor. Creo que ha conseguido que mis miedos nocturnos desaparezcan. ¡Ya sé cómo deshacerme de mis monstruos!..

El Señor Massenberg estaba realmente feliz. A duras penas conseguí convencerle que no abandonara radicalmente la terapia y volviera durante unas semanas más. En ese tiempo vi con satisfacción como el paciente, noche tras noche, se deshacía de los seres aterradores que intentaban perturbar sus sueños.

Yo asentía y escuchaba con agrado como el paciente iba dejando de sufrir gradualmente, pudiendo dormir con tranquilidad desde hacía mucho tiempo.
Sin embargo, me preocupaba realmente la violencia con la que el Señor Massenberg combatía con aquellos monstruos y la saña con la que los mataba. Fui percibiendo un cambio en él. Se diría que ahora estaba deseoso de que la noche llegara para comenzar sus sueños y también, su particular caza... Ahora era él, John Massenberg, quien mataba a aquellos terroríficos seres.

En estos momentos, comprendo que mi sugerencia al paciente influyó notablemente en los increíbles hechos descubiertos por la policía.
Este caso se ha comentado en demasía durante las últimas semanas, y los hechos han comenzado a falsearse y, en algunos casos, han tomado un cariz fantasioso totalmente desmesurado.
Acompaño a mi declaración un recorte del News Daily Times, ya que en mi opinión es el que más se ajusta a lo que realmente sucedió.

"Por el aviso de un vecino, las fuerzas del orden se dirigieron a la mansión del conocido comerciante John Massenberg y, tras un exhaustivo registro de toda la casa, procedieron a su detención.
En el jardín del inmueble se encontraron, ante el asombro de la policía, un total de 18 cadáveres. Las víctimas eran todas ellas, mujeres de avanzada edad y, por lo que se ha podido conocer, sin familiares ni allegados próximos.
El, ya popularmente denominado "Asesino de Solteronas", confesó a las pocas horas de entrar en comisaría, tanto los crímenes como todos los detalles de sus macabras matanzas.
Al parecer y, según fuentes bastante fiables procedentes de la policía, el Señor John Massenberg actuaba siempre de noche, aunque capturaba a sus víctimas al caer la tarde en las inmediaciones del cementerio. Trasladaba en coche a las ancianas y, una vez en la casa, las acuchillaba y despedazaba con los métodos más crueles.
Tras los asesinatos, el señor Massenberg enterraba en su jardín los cuerpos y volvía a su vida normal sin que nadie notase nada.

En el interrogatorio alegó a su favor que dichos actos los llevaba a cabo en defensa propia y que sus víctimas eran monstruos que no le dejaban descansar con tranquilidad. Ante estas declaraciones un equipo de especialistas está tratando al sospechoso a la espera de que se fije fecha para el juicio.

Se han comenzado las labores de identificación de las 18 víctimas, tarea que será realmente difícil debido a que se encuentran despedazadas y desperdigadas por todo el jardín, mostrando, la mayoría de ellas, un avanzado estado de descomposición.


Relato de Francisco Javier Peláez Pérez





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