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Gabi

Terror y Microrelatos leviatans escribió "El doctor Ruiz se había sentido atraído por su caso desde el mismo día que tomó posesión del cargo de Director del Hospital Psiquiátrico de Acea da Ma.

Hacía ya cinco años de aquello, y sin embargo, el interés que en él había despertado, no hizo más que incrementarse con el paso del tiempo. Realmente no se puede decir que le moviese el altruismo de ayudar al prójimo. Más bien, le pareció un reto al que enfrentarse, y que le abriría puertas hasta entonces cerradas en la capital. Puede que el hecho de tomárselo de esa forma, fuese lo que le llevó a la obsesión enfermiza por resolver el enigma que tenía ante sus ojos, sobre todo teniendo en cuenta que en los cinco años que mantuvo al chico bajo su directa supervisión, consiguió progresar poco más o menos lo mismo que sus predecesores en quince años.... absolutamente nada.

El chico había sido recogido de la calle cuando no contaba más de cuatro o cinco años. Era incapaz de hablar, y parecía no comprender nada de lo que se le decía. Sin embargo las prueba médicas que se le habían realizado concluían que no se apreciaba ninguna anomalía física que le impidiese comunicarse. Ante este historial, y por consejo de los expertos, se consideró que el problema de aquel niño era exclusivamente de carácter mental, y qué mejor institución para acogerlo y curarlo que el recién estrenado Hospital, a las afueras de Coruña.

Y allí permaneció hasta la llegada del Doctor Ruiz. Sentado la mayor parte del tiempo en una esquina de la habitación 9461, atentamente vigilado por una cámara de televisión, ciertamente infrautilizada en su caso, porque a cualquiera que observase esa estancia, le parecería estar viendo una fotografía en lugar de imágenes en movimiento.

En el historial constaba que al poco de entrar hubieron de ser retirados todos los muebles que había en su cuarto, mesitas, sillas, cuadros. Únicamente la pared desnuda y un colchón escuadrando el rincón sobrevivieron a sus ataques, y, aunque en un principio, se le calificó como muy violento, pronto llegaron a la conclusión de que, por alguna razón desconocida, lo que le molestaba era sencillamente que las cosas estuviesen ahí, y no las cosas en si.

Al poco de llegar Daniel a la dirección del hospital, comenzó a realizar entrevistas a su paciente. Más que entrevistas eran soliloquios, porque en ningún momento tuvo el más leve indicio de ser escuchado mientras hablaba. Cada uno de aquellos encuentros era también grabado en vídeo, y tenía una amplia colección de cintas perfectamente ordenadas por fechas en su despacho, junto con las notas tomadas en esa sesión. Allí estaba la primera de las pequeñas libretas, en la que había estado garabateando el número de su habitación. Así fue como se le ocurrió darle a tan extraño paciente el nombre de gabi, seguro de que ese sería un buen comienzo en su relación.

Hacía un par de años más o menos, gabi modificó su actitud en un gesto que interpretó como una pequeña victoria. Cada poco tiempo se levantaba y se sentaba exactamente en el lado opuesto de la habitación, para volver después al colchón. Ese cambio le dio ánimos para continuar intentando romper su muro de aislamiento, aunque hasta hoy no se había producido ningún otro.

Daniel estaba convencido de que había algo que no encajaba en aquel chico. Tenía una amplia experiencia tratando casos extraños. Lo cierto es que la actitud reivindicativa que había mantenido desde el principio de su carrera y una ambición desmesurada, le habían acarreado varios disgustos con las autoridades sanitarias de la Xunta, y, pese a que era reconocido en los círculos médicos como un gran profesional, pronto se vio convertido en un paria de la profesión, al que iban a parar los casos más raros. De alguna manera, estaba seguro de que el puesto que actualmente ocupaba se lo habían asignado precisamente por ese chico. Con todos los pacientes que había tratado había conseguido algún tipo de avance, y eso hacía la resistencia de gabi más atractiva para él y al mismo tiempo más descorazonadora.

El último año resultó especialmente duro. Su mujer, harta de los continuos traslados no aceptó la idea de que podían quedarse definitivamente en aquella ciudad en la que siempre estaba lloviendo. Sentía que estaban en un exilio, y no iba a consentir que la falta de tacto de su marido le pusiese trabas a su propia ambición, de modo que lo había abandonado a mediados de Febrero. Daniel sepultó su fracaso matrimonial bajo horas y horas de dedicación a su trabajo, y por supuesto a gabi. Cuando finalizaba la jornada laboral, con la entrada del turno de noche, subía al despacho y revisaba una vez tras otra las cintas grabadas, hasta que se quedaba dormido sobre la mesa. Ese ritmo de vida le había costado ya un serio disgusto hacía tan solo un par de meses en forma de amago de infarto.

...

El ruido le despertó precipitadamente. Aun rodaba por el suelo la pesada bola plateada que algún paciente le había regalado hacía ya mucho tiempo, y que él empleaba como pisapapeles.

"Mierda -pensó- ya he vuelto a quedarme dormido, ahora tendré que rebobinar la cinta".

Recogió la bola del suelo, y pasó el dedo por la hendidura que había dejado en el parquet con su caída, como si con ello fuese a hacerla desaparecer.

"¡Bah!, una marca más no se va a notar"

Cogió el mando del vídeo, y cuando estaba a punto de pulsar el botón de rebobinado, se detuvo. Su pulso se aceleró bruscamente, ¿Como es que no se había fijado antes en ese detalle?. Era algo tan extraño, que no podía creer que le hubiese pasado desapercibido. Retrocedió la cinta unos segundos para asegurarse de que lo que había visto era real y no una ilusión provocada por el sueño. Pero era cierto, realmente lo había visto, gabi se había levantado de la silla y había cogido la bola, su bola, antes de que cayese de la mesa. Buscó en la carátula de la cinta la fecha de grabación.

"22 de Junio de 2001, pero... ¿porque no estaba con él?, nunca le dejé solo, ¿entonces.....?. Junio.... Junio, ¡claro! el viaje, ya casi no me acordaba"

En ese año habían comenzado los problemas en su matrimonio y, no sin pensárselo mucho, decidió tomarse unos días de vacaciones para marcharse de viaje con su esposa y tratar de solucionar las cosas. Nunca había prestado especial atención a esas cintas en concreto, seguro como estaba de que si él no conseguía ninguna reacción de gabi, tampoco iba a hacerlo el subdirector del centro, al que por cierto, no tenía en mucha consideración. Y sin embargo, ahí estaba, había reaccionado a un estímulo, estando solo, por primera vez en 17 años. Rebobinó aun más la cinta, como tratando de comprobar qué podía haber disparado esa reacción, y allí, un poco más atrás, le aguardaba otra sorpresa. Unos segundos después de marcharse el doctor Rubite, el rostro de gabi perdió por un momento su neutralidad. Allí, escondida entre sus facciones, había una emoción, un sentimiento, aunque no le fue posible identificarlo, pese a recorrer cada palmo de su cara a escasos centímetros de la pantalla. Necesitaba beber algo, estaba excitado como un niño en su cumpleaños. Se dirigió a la recepción, donde solía compartir con el conserje una copa de JB en las muchas noches de insomnio. De regreso, al pasar junto a una de las habitaciones, vio como un paciente estaba saltando de la cama a la mesita y de la mesita a la cama. Apoyada en el quicio, una enfermera contemplaba las evoluciones del inquieto enfermo.

- A ver cuanto tarda esta vez en darse el tortazo - le susurró a Daniel cuando pasó a su lado.

Pero Daniel ya no la escuchaba. Regresaba ya a toda prisa a su despacho. Aun jadeando, retrocedió el video una y otra vez, hasta que consiguió parar la imagen en el preciso instante en el que la cara de gabi comenzaba a formar aquella expresión que tanto tiempo llevaba esperando.

"oh dios, lo tengo, lo tengo....pero no puede ser"

Acababa de ver esa expresión hacía tan solo unos segundos en el rostro de la enfermera, sin duda era el mismo gesto. el labio inferior ligeramente fruncido, las cejas levemente arqueadas al tiempo que elevaba la mirada. No había ninguna duda sobre su similitud, era el gesto de alguien que sabe exactamente lo que va a pasar y que solo está esperando a que ocurra, y había otra prueba de sus sospechas en la misma cinta. gabi se había levantado de la silla para recoger la bola, si.....pero lo había hecho unos segundos antes de que la bola comenzase a rodar por la mesa. Presa del nerviosismo, sacó de la estantería todas las cintas de los dos últimos años, y comenzó a revisarlas con más detenimiento, seguro de que ahora que sabía lo que estaba buscando, lo encontraría. Efectivamente, no tardaron en aparecer pequeños detalles que pasarían completamente desapercibidos si no se esperase encontrarlos. Una mirada hacia la puerta, segundos antes de que esta se abriese. El esbozo de una sonrisa, minutos antes de que la enfermera se diese de bruces con el tazón de la sopa tras tropezar al entrar en la habitación. No pudo determinar la causa de sus continuos movimientos en la estancia, de una pared a otra, pero si que los realizaba a intervalos regulares, muy regulares, tanto que no pudo evitar comprobar con su reloj que se producían exactamente cada diez minutos. Ni un segundo antes ni un segundo después. Se palmeó la frente, ciertamente las demás pruebas no eran fáciles de hallar, pero ¿cómo no se le había ocurrido comprobar eso?. Lo cierto es que ya no importaba, estaba tan excitado que daba por bueno todo cuanto había pasado. Aun así, no quería precipitarse y decidió realizar una última prueba. Llamó a su despacho a la enfermera y le dio instrucciones muy claras. Esperaría doce minutos y entraría en la habitación de forma lo más violenta posible, después saldría, y esperaría otros quince minutos para hacer lo mismo. Tenía que comprobar que todas sus hipótesis eran ciertas. La enfermera salió y Daniel pinchó en el monitor la cámara de gabi.

gabi había realizado un levísimo movimiento, casi imperceptible. y Daniel puso en marcha su reloj. Exactamente a los diez minutos entraba la enfermera abriendo de golpe la puerta. gabi ni se inmutó, ¿por qué habría de hacerlo si ya sabía que iba a suceder?. Aguardó nuevamente, si, ahí estaba de nuevo, el leve giro de cabeza, y a los diez minutos exactos, la entrada de la enfermera.

"Te tengo"

Daniel se sentía rejuvenecido, no podía esperar, debía compartir lo que había descubierto, y debía compartirlo con él. Salió del despacho a toda prisa, bajó al piso inferior saltando las escaleras de dos en dos, hasta llegar frente a la puerta 9461, gabi.

La adrenalina galopaba por su cuerpo, trató de calmarse, pero el brillo de sus ojos le delataba, y estaba seguro de que podía escucharse el latido de su corazón a kilómetros de distancia. Entró algo atropelladamente en el cuarto y se detuvo unos segundos para observarle. Lo hizo como si fuese realmente la primera vez que lo veía, y en cierta forma así era. Apoyó la espalda en la pared al tiempo que se inclinaba sobre sus rodillas tratando de recuperar el resuello.

- Lo se...., por fin se qué es lo que te sucede....tienes un don, ....no se como, .....pero es así. Tienes la capacidad de presentir el futuro, de saber lo que va a pasar... con diez minutos de antelación, es.... es tan increíble.... siempre ha sido eso, desde que naciste, y todo este tiempo has intentado controlarlo. ¿Cómo sucede?, ¿son visiones?, ¿es cuando tu quieres o lo puedes provocar de alguna forma?.

- No son presentimientos.

Daniel se quedó perplejo, en una sola noche, no solo había resuelto el caso de su vida, sino que había llegado incluso más allá de lo que hubiese ni siquiera imaginado. Era una victorea, su victoria. La voz de gabi era completamente aséptica, libre de cualquier tipo de entonación. Eran solo palabras encadenadas una tras otra, pero eso le daba igual, aunque hubiese rugido como un animal, la emoción que sentía no sería menor. Estaba más y mas excitado. La sangre llegaba a empellones a todos los rincones de su cuerpo.

- Lo veo...lo oigo...lo huelo. Lo que pasa y lo que pasará, juntos, siempre, continuamente, sin descanso, uno sobre otro, sin diferencias, sin límites, lo que es y lo que será están ahí delante al mismo tiempo.

gabi sonrió, una sonrisa abierta, no el rictus que había visto hacía tan solo unos minutos, sino una verdadera sonrisa, y levantándose se acercó a él, se agachó sobre su oído susurrando.

- Para saber si viviría diez minutos más.

Cuando la enfermera entró en la habitación 9461, no habían pasado más de 15 minutos desde que había cumplido lo que el doctor Ruiz le había ordenado. El paciente había desaparecido, y en el suelo junto a la pared, yacía Daniel, con la mano derecha contraída fuertemente sobre su pecho. Todos sus esfuerzos por reanimarlo fueron inútiles. Nada pudo hacer por él. excepto ser depositaria de sus últimas palabras.

- Los paseos... ¿Por qué?
"

 
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Re: Gabi (Puntuación 1, Funny)
por Maiquel el Wednesday, 14 June a las 05:19:56
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
Muy Bueno, un 5 te doy.



Re: Gabi (Puntuación -1, Redundant)
por Maiquel el Wednesday, 14 June a las 05:27:53
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
Por cierto, una segunda parte para cuando?



Re: Gabi (Puntuación 1)
por leviatans el Friday, 16 June a las 06:03:35
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
No creo que haya segunda parte... no se me dan muy bien ;)


]


Re: Gabi (Puntuación -1)
por Korpiklaani el Friday, 23 June a las 18:42:59
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
Muy bueno leviatans ;)



Re: Gabi (Puntuación 1, Informative)
por onofre el Friday, 30 June a las 12:36:52
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
Me gusto mucho Levi



Re: Gabi (Puntuación -1, Redundant)
por Dulce el Thursday, 06 July a las 19:56:51
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje) http://dulce.freehostia.com/photos/index.php
De nuevo genial Levi, espero más historias tuyas ;-)



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