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Microrrelato: El Visitador

Terror y Microrelatos irreductible escribió "Sólo yo lo he podido conocer todo. Sólo yo poseo ahora la verdad en su total inmensidad. Todos esos estúpidos médicos y filósofos con los que me he visto obligado a tratar no son más que presuntuosos ignorantes de una ciencia inservible a lo que yo trato. No verán jamás lo que a mí se me ha mostrado en vida.

No soy un enfermo. Tampoco un loco. Sin embargo, al leer estas palabras quizás muchos así lo crean. No los compadeceré cuando los encuentre al otro lado, cuando sus órbitas estallen de dolor. Ni yo, ni El Visitador nos apiadaremos de los incrédulos.

Dispuesto me hallo para acabar con mi vida tras exponeros mis visiones. No quiero permanecer en este vacío mundo por más tiempo, no hay razón para ello ya que la eterna vida me aguarda afuera de esta cárcel. En ningún modo deseo que sean hombres los que acaben con mi existencia en una horca. Será mi divina mano la que comience mi viaje.

Mi nombre es Auguste Devoîle. Entré en prisión hace ya nueve meses, acusado y condenado por el asesinato de mi hermano Jean Claude Devoîle.
La insulsa vida de mi hermano me agriaba desde muy niño la sangre. Nunca mostró, no obstante, el más mínimo afán de venganza por los tormentos que en su infancia le afligí. Aquella extrema debilidad me atacaba el cerebro desde siempre.
Cuando nació Jean Claude en aquel frío marzo de 1834 yo contaba con siete años. La blancura de aquellas obesas y ternuzcas carnes me producía repugnancia. Aquel miserable bebé era la cara misma de la fragilidad.
Durante los primeros meses, mi madre, que pareció observar en mí el odio hacia aquel inútil ser, se cuidó mucho de dejarlo a solas conmigo. Muchas noches intenté acercarme, sigiloso, a su cuna, pero el temor a ser descubierto me hacía retroceder cuando sólo estaba a unos metros.

Al ir creciendo, mi aversión hacia mi hermano fue disminuyendo en algo, aunque nunca desapareció por completo. Quedó latente, dormida en lo más profundo de mí. En esos años, me limitaba a propinarle de vez en cuando todo tipo de golpes sin provocación alguna por su parte. Jean Claude jamás intentó defenderse y eso me desesperaba. A veces llegaba a divisar un atisbo de sonrisa que provocaba aún más mi ira.

Mi hermano creció enfermizo y pobre de recursos.

Cuando le rompí el cuello con mis propias manos tenía treinta y tres años y trabajaba de curtidor de piel a las órdenes del orondo Sebastian Besont.
En el taller, como en su vida, fue sumiso y nunca puso mal gesto a pesar del mal humor de aquel inmundo gordo. Jean Claude aceptaba con increíble resignación todos los mandatos de su superior, incluso los más pesados y siempre tuvo aquella estúpida sonrisa en sus labios.

Yo cada vez le odiaba más. Nunca he soportado la debilidad y mi hermano era débil. Jamás he sentido tanto placer como cuando oí crujir su pescuezo entre mis brazos.
Pude notar como mi fuerza invadía todo su ser y se hacía dueña de su alma. Al caer al suelo aún tenía algo de aquella boba sonrisa en su lívida cara, pero la sensación de amargura al contemplarla ya no me perseguía. Ahora era yo quien reía...

No me resistí a la detención. Es más, cuando aquel Tribunal quiso juzgar mis actos no les oculté ningún detalle. Conté todo e incluso les dije que lo hubiera matado mucho antes si hubiera tenido el suficiente coraje.
Estas palabras horrorizaron a aquella congregación de débiles almas. La firmeza siempre ha asustado a los cobardes. Me llevaron ante el Juez Superior de la Comarca para escuchar el veredicto. En el camino alguien gritó: ¡Caín!.

De buena gana proferí una estruendosa carcajada. No podían comprenderlo y yo sé que nunca lo podrán hacer. Ignorantes... Caín mató a su hermano cegado por la envidia. ¿Cómo podría estar yo celoso de Jean Claude?. Nunca me había superado en nada. Jamás había sido en algo mejor a mí. No... yo no envidiaba a Jean Claude... mi sentimiento era de total desprecio. Su debilidad... sí... fue eso lo que exasperaba de tal forma mi ánimo.

Pero yo no maté nublado, cegado o loco como aseguran esos mal llamados sabios. Al contrario... todo el saber de lo que me esperaba me acompañó. El Visitador me mostró todos los recovecos sobre los que yo reinaría: unos mundos para almas fuertes, sin dobleces ni achaques.

También conté al Tribunal cómo cuando dormía, una figura me visitaba sacándome del material cuerpo y llevándome a esferas donde moran los espíritus decididos como el mío.
El Visitador me paseaba entre sueños por aquellas cavernas donde todo lo que yo odiaba se retorcía de espanto y dolor. Pude ver como ardían las débiles almas atormentadas por mil sufrimientos sin fin. Toda la fuerza existente se reunía allí para dar castigo a los frágiles como Jean Claude.
Cada noche recorría las estancias del miedo sin que pudiera hacerme mella. Yo era superior y podía escrutar todos los recovecos del conocimiento y de la fuerza. El Visitador me enseñó cual sería mi sitio.

La primera vez que pude ver con claridad al Señor de estos increíbles parajes fue el cuatro de Marzo de 1834. Lo recuerdo con toda exactitud.
El Visitador me llevó con él esa primera noche y vendría a mí siempre que sintiera flaquear mis fuerzas. Sí, fue esa fría noche de marzo en la que mi hermano Jean Claude nació.
¡Cuán diferente era aquella figura que me subyugaba cada noche de ese inútil recién nacido!. Yo era pequeño también pero la sensación que, mientras dormía, me atravesaba el alma era de poder, de señorío, de fuerza...

A mi celda han llegado médicos y curadores de todo tipo. Incluso durante dos interminables noches tuve que soportar el examen de un cura. Jamás vi alma más débil que la de aquel sacerdote, consagrada enteramente a compadecer y perdonar flaquezas.
Vomité varias veces en su presencia, salpicándole con mis entrañas sus sandalias. Me ardía el estómago al estar frente a aquel insignificante hombre.
Le escupí y grité y, sin embargo, él sólo pronunciaba en voz alta y con expresivos ademanes oraciones de salvación en latín original. Intenté deshacerme de mis cadenas para golpearlo. Me fue imposible.

Posesión fue otra de las palabras que tuve que escuchar repetidamente tras los dos breves encuentros con el sacerdote. Resolví tranquilizar mi conducta para evitar más términos equivocados. Al fin y al cabo, yo dominaría tarde o temprano a aquellos débiles hombres en las tierras que El Visitador me mostraba cada noche... sólo había que tener paciencia y firmeza en el carácter.

Nueve meses han sido demasiados. La espera me resulta insoportable de llevar. Hoy he conseguido una pequeña daga. Al concluir estas palabras iré, al fin, a ocupar el sitio preferente que para mí está reservado en el Reino de las almas fuertes. Allí volveré a veros, débiles del mundo, inferiores a mí me alzaré entre vosotros para llevar el horror a vuestras blanquecinas y cobardes almas.

Empieza a clarear. La soga está preparada pero quedará sin uso hoy, porque no acudiré a su cita. El diminuto cuchillo, escondido en mi pernera, será suficiente para segar vuestra satisfacción de verme balancear en esa cuerda y me llevará donde me corresponde.

Yo lo he visto todo y conozco vuestro final. El destino de todos y cada uno de vosotros. Conozco la verdad y es cruel para todos los débiles como Jean Claude.
Muchos hablaron ayer de mi tormento. La palabra Infierno salió de muchas de vuestras bocas. Quizás sea cierto... pero ¡Cuán ignorantes sois de lo que en realidad significa ese Infierno!. Será una caldera de horror y sufrimiento para vosotros, débiles y asustados. Será para mí un lugar donde os procuraré eternamente dolor y amargura.

¿Infierno?... Podéis llamarlo así. Yo ya lo conozco como los Dominios del Visitador...

Auguste Devoîle. 24 de Diciembre de 1867

Relato de Javier Peláez.


Descarga aqui la versión narrada emitida en la rosa de los vientos."

 
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Re: Microrelato: El Visitador (Puntuación 1, Funny)
por Anonimo el Saturday, 24 August a las 01:12:33
magnifico relato de pelaez es enorme como escritor y como jurista. llegara lejos en el mundo de las encuestas.



Re: Microrelato: El Visitador (Puntuación 1, Funny)
por Anonimo el Saturday, 07 September a las 20:08:33
Bueno no esta mal,teniendo en cuenta que yo soy otra alma que os hara sufrir en eso que llamais infierno,ajajajajaajajaja,jajaajjaajajajaj,ajajajajajjaja