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El cazador cazado

Terror y Microrelatos robcab2 escribió "Llevaba tan solo 4 horas en la base central de la reserva para la caza del goorg y ya había conseguido poner de mal humor a mas de cuatro empleados del lugar...

Llevaba tan solo 4 horas en la base central de la reserva para la caza del goorg y ya había conseguido poner de mal humor a mas de cuatro empleados del lugar.
Joe Carroer se dirigía hacia la armería del complejo andando con paso firme y decidido como si nada de lo que le rodease le importase, pero a la vez observándolo todo con una mirada que desafiaba al que le estorbase en su actitud, a no ser que se cruzase con una chica atractiva a las que dedicaba una sonrisa casi lasciva que en casi ninguna ocasión parecía interesar a ninguna, lo que le remitía a su posición de mirada desafiante.

Un Kolovet 112-AM es lo mejor que he probado, le dijo Joe a su colega tres días antes en el astropuerto mientras esperaba el aviso de embarque. Recuerdas el año que estuve en Silusa II, le dijo con extraño entusiasmo, pues resulta que la misión era destruir una estación de comunicaciones y a todo bicho viviente que estuviese allí en aquel momento .Fue una misión que por lo que parece debía de ser de vital importancia pues nos dieron 600.000 créditos de clase A a los ocho cabrones que formábamos el comando, o por lo menos a este hijo de mala madre que te lo cuenta y no solo eso, nos proporcionaron un armamento que ni la propia guardia pretórica de Belech. Visores de espectro alpha con sistema de filtro Purkinge, los más pequeños y efectivos que haya visto nunca. Media docena de misiles TAT, programar, dejar en sitio despejado y a la hora o momento deseado, alzan el vuelo se dirigen a su objetivo y caen en picado arrasando todo lo que encuentre a 25 metros a la redonda, cada uno pesa tan solo 17 Kils estándar…Después de hacer un repaso de lo ultimo en tecnología armamentística espetó, y tres Kolovet 112-AM con propulsión de plasma coherente. Yo utilice uno de ellos, su extraña mirada era la de un niño ilusionado que ya sabia lo que era asesinar a alguien, y daría lo que fuese para poder tener uno en mi propiedad, te aseguro que nuestro trabajo seria mucho más sencillo. Mas sabía que eso era prácticamente imposible. La misión fue fácil, con cinco misiles TAT se arraso el pequeño complejo, el resto era asaltar las ruinas y acabar con todo aquel que había sobrevivido. Como sabrás, estos gilipollas de Silusa II tienen la rara costumbre de mandar a los chicos ,o lo que demonios sean, a cosas que no son las indicadas para su edad, y nos encontramos con que en medio de los amasijos de cemento y metal había una trampilla que llevaba a un sótano en el que se escondían 7 cabezones de corta edad que aunque tímidamente nos miraban con cierto orgullo, les cambió el gesto cuando le arree una patada en la cara al primero que asomo la calabaza marrón que tienen por cabeza por la trampilla que daba al sótano. Ya sabes que soy un buen profesional y los 600.000 créditos de clase A me decían que había que matar a los testigos y como ya sabes me gustan las obras de arte y como habrás adivinado no me iba a ir sin probar el Kolovet. Nos costo un buen rato pero conseguimos colocar en fila india a los 7 cabezones a pesar de sus sollozos, o gruñidos ¡yo que se!, y colocándome en frente de ellos y esperando el momento oportuno, levante los 6 kilos de aleación y alta tecnología y disparé a la frente del primero, los siete cráneos con doble exoesqueleto estallaron a la vez como si fuesen sandias, sandias oyes, y los siete. Los 3 proyectiles no se desviaron ni dos grados de su trayectoria a pesar del impacto, y el fusil se movió menos que una escopeta de aire comprimido. Es lo mejor que...Sonó una voz que invitaba a los pasajeros a tomar los ascensores de embarques.

Joe levanto sus ojos grises, diminutos e inquisitivos y observo como la puerta de la armería se abría. Un hombre de unos sesenta canosos años pasaba a través de ella con la cabeza girada pues se estaba despidiendo del vendedor del local, cuando volvió la vista al frente se encontró con el mercenario. El gesto de confianza y tranquilidad del que salía del recinto se desfiguro, agacho la vista y se agazapo a la vez que se alejaba con andares rápidos y agitados. Una sonrisa de satisfacción se dibujo por un instante el gris semblante del cazador que ya entraba en la gran sala en la que se exponían toda clase de artilugios.

Hay que reconocer que este antro no esta nada mal. Se dijo Joe para sus adentros.
Y realmente no estaba nada mal, teniendo en cuenta que el planeta Heros Gamos era reserva natural del Consorcio Planetario y por esta razón no se había fundado ninguna ciudad en toda su superficie ni aparentemente se estaba explotando ninguna materia, a excepción del complejo turístico de la depresión de Mozam, en el que se podía observar la fauna y flora mas variada, diversa y curiosa de toda la galaxia conocida. De esta manera, el complejo era abastecido cada dos meses por la misma nave crucero que renovaba de ricos turistas los bungalots y apartamentos de la zona, pues no había producción autónoma, a excepción de agua, carne y algunos vegetales y sucedáneos, que en ningún caso cubrían las demandas de la variada gente que pasaban sus vacaciones en el complejo.
A pesar de su falta de autonomía, las familias pudientes de las mas dispares razas humanoides y no tan humanoides, no echaban nada a faltar en sus horas de recreo y ocio, que eran las mas, y ni en la comida ni incluso en las formas y características de las camas en las que dormían. Poco hay que no consiguiese un crédito de clase A, por poca autonomía material que tenga una región si al menos existe comunicación, y en el almacén de armas, se demostraba este hecho.
Joe al entrar cruzo los brazos y comenzó a andar erguido examinando los articulo como si estuviese llevando a cabo una revisión a un destacamento de novatos, dando en todo momento la espalda e ignorando al encargado que se había quedado con la palabra en la boca detrás del largo mostrador con cristalera transparente en el se exponían armas y municiones de todo tipo minuciosamente colocadas.
Tras cinco minutos de tenso silencio Joe espetó con malos modales sin dejar de mirar un traje de supervivencia de fabricación Ixiliana:
-Tú imbécil, cual es la autonomía del campo escudo de este traje.
El vendedor tras el mostrador, se enojó y se podría decir que hasta se ruborizó, aunque no era apreciable dado el verdoso tono de su piel, mas sus ojos le delataban.
-Quince minutos por cada tres hora de recarga, señor.-Contestó evitando la mirada de Joe.
-Bien, prepárame uno de medidas trece, dieciocho, doce, con brazalete de posición serie gamma y quítale el regulador de temperatura, aquí no vale de mucho. Comida comprimida para cinco días, tres pilas de energía T9-mak. Quiero ese fusil y munición, con el visor t-7 que tienes en ese estante…
-Si señor-se atrevió a decir tímidamente el verdoso y huesudo vendedor- es una buena elección, pero si me hubiese dejado hablar, le podría haber indicado, que en esa habitación tenemos lo último en fusiles de caza.
-Veo que las babosas a veces tienen detalles agradables- llévame ahí ahora le indico con la mirada autoritaria y gesto de asco.
-Señor, no creo que sea necesario que me trate así-
Joe agarró fuertemente el lago y delgado cuello del quejumbroso y paupérrimo vendedor y este empezó a jadear por falta de aire.
-Escucha atento, cerdo alienígena, te hablare como quiera, y cuando quiera, y reza por que no te rompa esos frágiles cartílagos que tienes por osamenta. Llévame a esa habitación y habla cuando te lo diga.-Dijo finalmente soltando el cuello del resignado vendedor .

La estancia en la que entraron estaba diseñada para servir a la vez de campo de tiro y de muestrario de armas. Era básicamente un alargado rectángulo con las típicas divisiones longitudinales de una sala de tiro, en el que en una de las paredes cortas se exhibía una hilera de fusiles y en el extremo opuesto, a unos treinta metros, seis dianas esperaban a que algún cliente adinerado probase los fusiles que se exponían bajo la holoproyección a color de un cazador que sonriente pisaba con una de sus botas el morro de un descomunal goorg abatido.
-¿Qué le parece?-Dijo el Siluriano mostrando la hilera reluciente de armas.
Joe apartó de un empujón al enclenque alienígena (que tropezando cayó al suelo) y cogió uno de los fusiles. Lo revisó, comprobó que todos sus componentes estuviesen a punto, quitó el seguro y con un gesto rápido giró el fusil para encañonar la cabeza del Siluriano que aun estaba en el suelo doliéndose de la caída. Cuando vio el cañón del fusil sin asegurar a treinta centímetros de la entreceja, la piel verdosa del vendedor cambió de color, adquiriendo un tono rojizo. Joe empezó a reírse a carcajadas.
-Ese es vuestro modo de expresar que os estáis meando en los pantalones ¿verdad?- Dijo apartando el arma de la cabeza roja y temblorosa. Y como si nada hubiese ocurrido dejó de nuevo el fusil aunque mirando de reojo al inofensivo vendedor que se incorporaba a la vez que empezaba a recobrar su verde natural
-Es…es...eso que ha hecho, no… no… no bueno para Janhir, nada bueno. Se atrevió a decirle a Joe mirando al suelo; y Joe sonreía de puro placer.
-Vamos, pequeña babosa, no ha sido para tanto. ¿Esto es todo lo que tienes?
Janhir pareció no esperar esa pregunta y respondió aturdido:
-Si, si, señor, esto es todo lo que tengo…Pero su mirada, siempre baja, por un segundo cambió de dirección señalando una gran caja de madera fina medio tapada por una funda antihumedad, y Joe lo vio.
-¿Qué hay en esa caja?
-Nada de importancia.
-¿Qué es nada de importancia? Replicó Joe a la vez que se dirigía a la caja con andares decididos.
-Ya sabe señor, munición, alguna mira telescópica de lente rígida, recambios en general, nada de importancia. Pero Joe ya estaba abriendo la caja y Janhir empezaba a enrojecer.
-Pequeño granuja verdi-rojo, ¿y no me lo querías decir?-Su sonrisa ahora era de niño travieso con un juguete nuevo.-Tenías un Kolovet escondido y no querías decirme nada, ja, ja, ja, ja. Esto si que es una sorpresa.
-Señor, ese arma esta aquí por equivocación, si usted me entiende, está prohibida en este sector, no debería de usar ese arma-Su rojo era más chillón que antes.
-Paparruchas, nadie tiene por que saber nada de esto.-Soltó Joe a la vez que revisaba el arma y comprobaba su funcionalidad dirigiéndose a una de las zonas de tiro. Este idiota no sabe el tesoro que tiene, y que acaba de perder, pensó mientras se colocaba en posición de tiro absorto con la adquisición que acababa de hacer.
Se estiró en el suelo bocabajo, coloco los brazos en la posición idónea y apretando la mejilla a la culata ajusto la mira, apunto y apretó el gatillo. La parte posterior del fusil explotó de repente, Joe intento gritar, pero ya no tenia mandíbula inferior ni globo ocular en la parte derecha de su cara quemada y deforme. Solo se oía un gorgojeo antinatural salpicado de sangre que salía directamente de su traquea expuesta al aire. Duró pocos segundos, los que tardó en agonizar entre espasmos, fluidos y convulsiones.

Janhir mostraba una pigmentación azulada mientras observaba indiferente los restos de Joe. La puerta del habitáculo se abrió y una Silusiana vestida con una túnica de seda blanca se acerco al charco en el que yacía el mercenario, cerró los ojos y dejo caer siete margaritas sobre el cuerpo inerme de Joe. Abrió los ojos que húmedos y cómplices miraron a Janhir:
-Siete flores por siete hijos, siete hijos que nunca mas tendré.-Su voz sonaba quebrada de dolor y su mirada vibraba de ira contenida- Vámonos Janhir, aquí ya no queda nada que hacer.
"

 
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