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El pacto de Asdrubal

Pasajes de la Historia Wulfila escribió "Si consultamos cualquier manual de Historia de los que se manejan para explicar esta disciplina académica en los cursos de la E.S.O., o incluso en la Universidad, encontraremos una escueta referencia a las causas que dieron origen a una de las más recordadas guerras mundiales de la Antigüedad, me estoy refiriendo a la Segunda guerra Púnica. En dichas fuentes, se encuentran explicaciones tan contundentes como falsas

Si consultamos cualquier manual de Historia de los que se manejan para explicar esta disciplina académica en los cursos de la E.S.O., o incluso en la Universidad, encontraremos una escueta referencia a las causas que dieron origen a una de las más recordadas guerras mundiales de la Antigüedad, me estoy refiriendo a la Segunda guerra Púnica. En dichas fuentes, se encuentran explicaciones tan contundentes como falsas: “Al cruzar Aníbal el Iber, violando asi el Pacto del Ebro, desencadena una guerra contra Roma,...”, quizá nos digan que “la Segunda guerra Púnica es consecuencia del ataque de los cartagineses a Sagunto, ciudad aliada de Roma”, y con un poco de suerte, quizá mencionen ambos hechos como desencadenantes de la guerra. Nada mas lejos de lo que de verdad ocurrió, como comprobaremos a continuación.

El objeto de este articulo es tratar de aclarar las causas que fueron el germen de la guerra entre las dos potencias hegemónicas del mediterráneo occidental en los siglos III y II a.C., y de paso, arrojar ciertos datos y argumentos que demuestran la falsedad de uno de los acontecimientos mas conocidos del mundo antiguo: el llamado pacto del Ebro. Para ello, nos serviremos de una sucinta cronología de los acontecimientos más relevantes que se produjeron entre los años 237 a 218 a.C., (años en los que los cartagineses arriban a las costas de Iberia y de inicio de la Segunda guerra Púnica, respectivamente), así como de los textos que nos han dejado los cronistas de la Antigüedad, principalmente Polibio.

Cronología de hechos y acontecimientos
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Tras la derrota en la Primera guerra Púnica, Cartago fija la mirada de sus ejércitos en Iberia. La causa por la que la península ibérica fue objeto de las ambiciones de los norteafricanos son dos:

Por un lado, conseguir una fuente de recursos que permitiera efectuar los pagos que, en concepto de reparación de guerra, debían satisfacerse a Roma después de perdida la Primera guerra Púnica.

Por el otro, Amílcar, padre de Aníbal y cabeza visible de la familia más influyente de Cartago, los Bárcidas, aspiraba también a revitalizar la política de ultramar que, durante siglos, había caracterizado a la ciudad africana, permitiendo así, devolver a Cartago al lugar hegemónico que en otros tiempos ocupara.

Una vez puesto pie en la península, los púnicos dirigen su esfuerzo bélico al apoderamiento de las zonas económicas de la Iberia meridional, con excelentes resultados. Así, en 231 a.C. , Amílcar funda la ciudad de Acra Leuca, enclave situado a escasa distancia de la región minera de Cástulo. Este acontecimiento provocó recelos en el Senado romano que envió una delegación a Hispania a fin de examinar el estado de cosas en los recientes territorios conquistados por los cartagineses, así como de recabar información acerca de los siguientes pasos a dar por Amílcar y los suyos. La tensión diplomática fue hábilmente resuelta por el Bárcida aduciendo que lo que pretendían no era otra cosa sino “una pronta recolecta de tributos para reparar los daños de guerra”, lo cual dejó bastante satisfechos a los emisarios romanos (Dión Casio, XII, frag. 48).

Superada esta intromisión romana en los asuntos de Cartago en Iberia, Amílcar se hizo, por la fuerza de las armas o recurriendo al recurso diplomático de sellar pactos con jefes indígenas, con el total control del suroeste peninsular. Había llegado el momento de seguir expandiendo la zona de influencia púnica hacia el este. Lamentablemente, Amílcar no pudo ver cumplida esta empresa al fallecer en 229 a.C. durante el asedio a la ciudad íbera de Hélice (la actual Elche de la Sierra en el curso alto del Segura), sucediéndole su yerno Asdrúbal.

La misión de tomar las riendas en lo que hoy es nuestra Andalucía Oriental fue culminada con éxito por Asdrúbal, que trasladó el cuartel general de los púnicos en Iberia a una ciudad que bajo su mandato al frente de los ejércitos cartagineses se fundó, me estoy refiriendo naturalmente, a Cartago Nova, la actual y espléndida Cartagena. Nuevamente, este hecho crea gran inquietud en la ciudad de orillas del Tíber, que manda una nueva delegación del Senado, esta vez, con la misión de intimar a Asdrúbal a que ponga fin a las ambiciones expansionistas de Cartago en Hispania.

Las causas de una guerra mundial de la Antigüedad
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Pues bien, aquí tenemos el que posteriormente llegará hasta nuestros días con el nombre de “Pacto del Ebro” pese a que Polibio se refiriese a él, simplemente, como “Pacto de Asdrúbal” (Polibio, II, 13). En efecto, Asdrúbal sella un acuerdo con la delegación romana por el que se compromete a no continuar realizando operaciones militares del otro lado del río Iber”.

Sin embargo, es falso que en virtud de dicho Tratado se trazase una línea, representada por el Ebro, que pusiera coto a las ambiciones expansionistas de Cartago:

En primer lugar, en ninguna de las fuentes de la Antigüedad se hace mención explícita al actual río Iber (el Ebro) con el trazado y situación topográfica que hoy conocemos. En este sentido, los cronistas de la antigüedad, entre ellos Polibio, Tito Libio o Apiano, se refieren siempre en sus escritos a un río situado al sur de Sagunto.

Esta postura es claramente avalada por Polibio cuando escribió que: “Se consideró como causa de la guerra la destrucción de Sagunto, y hay que reconocer que los cartagineses carecían de razones para consumar este hecho,..., tras la firma del Pacto de Asdrúbal, que prohibía a los cartagineses traspasar el Iber con fines bélicos”.
De este escrito se desprende que para atacar Sagunto (218 a.C), Aníbal, que había sucedido a Asdrúbal al mando de los ejércitos en Iberia tras la muerte de éste en 221 a.C., tuvo que haber traspasado el río del Pacto de Asdrúbal. Sin embargo, Sagunto se situaba entre Cartago Nova y el Ebro, justo en el centro del levante peninsular, es decir, para atacar a Sagunto ni mucho menos se rebasó el Iber.

Por si cupiese alguna duda, los romanos, para justificar la guerra contra Cartago, se apoyaban en que al atacar Sagunto, los púnicos no habían respetado el pacto de Asdrúbal, es decir, habían sobrepasado la marca representada por el río del Tratado, que se encontraba entre Cartago Nova y Sagunto, y como sabemos, ese río no es el Iber.

Todas estas circunstancias parecen apuntar, según el especialista en historia de Cartago, Pedro Barceló, a que el río del Pacto de Asdrúbal sería el Segura, dado que este cauce delimitaba en tiempos de Asdrúbal, el territorio íbero bajo dominio de Cartago, así como el hecho evidente de que para atacar Sagunto partiendo desde Cartago Nova, Aníbal hubo de atravesar este río.

Respecto a las demás causas que desencadenaron el conflicto, hay que decir que, afortunadamente, han llegado hasta nuestros días de forma más clara que la concerniente al mal llamado Pacto del Ebro.

La segunda causa, para algunos historiadores única culpable del enfrentamiento entre Roma y Cartago es, precisamente, el ataque de Aníbal a los saguntinos, ciudad ibera aliada de Roma. Sobre este particular, los escritores del siglo III a.C., en su mayoría filo-romanos, han pretendido dejar la imagen de una Roma que acude en auxilio de sus aliados, pretendiendo así contraponer la fides Romana (pacto de fidelidad a Roma) frente a la fides Púnica (pacto de fidelidad a Cartago).

Lo que ocurrió es sencillo de explicar: los turbuletas, aliados de Aníbal, fueron atacados por sorpresa por los ejércitos de la ciudad de Sagunto, y el que poco tiempo después hubiera de acometer una de las gestas mas recordadas y celebradas del Mundo Antiguo, Aníbal Barca, prestó ayuda a sus coaligados declarando la guerra a Sagunto. ¿Curioso verdad?. Dos gigantes del mundo antiguo abocados a una guerra por cumplir pactos de fidelidad con sus aliados, dos tribus íberas que poco o nada pintaban en el panorama político del mediterráneo occidental.

La tercera causa no ofrece gran misterio, y sin embargo es, a mi juicio, la más reveladora. En estos términos se expresaba Polibio: “...la tercera causa, es decir, el éxito de la política promovida por Cartago en Iberia”. (Polibio, III, 10). Esta causa de la guerra, permite ahondar en la teoría de que, desde la perspectiva romana, el conflicto bélico era inevitable, pues durante años había observado con ansiedad como su mayor enemigo, a pesar de seguir abonando los pagos en concepto de reparación de guerra, continuaba acrecentando su poder. Buena muestra de esta inquietud de la República Romana queda demostrada con los emisarios que enviaron tanto después de la fundación de Acra Leuca como de Cartago Nova, así como en posteriores viajes de inspección. Como es natural, los romanos no querían perder la posición de potencia hegemónica que venían ocupando tras la Primera guerra Púnica.

La historia la escriben los vencedores
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Valga este articulo para recordarnos que nunca debemos perder de vista las causas que originan una guerra; los conflictos y sus causas las narran los vencedores, pero, ¿Dejaremos que las generaciones venideras se encuentren con que las causas de las guerras de hoy, sean las que cuenten los vencedores?
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Re: El pacto de Asdrubal (Puntuación 4, Funny)
por Salah_al-Din el Saturday, 01 April a las 20:49:40
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Mu bueno tio ;)