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El Cuadro

Terror y Microrelatos julymornin escribió "I.

La vista a través de la ventana era una repetición del día anterior – una calle con dos direcciones, el césped en medio, gente, edificios y más ventanas(detrás- más gente). Había mucho movimiento- como cualquier tarde en Madrid, como fue ayer... El cristal de la ventana estaba un poco sucio, lo suficiente, como para no ver las caras de la gente allí fuera. Felipe tampoco lo intentó. Ante su vista pasaban pares de pies y manos, unidos a través de cuerpos pero realmente faltaban sus caras. Esto le llamó la atención – con su aliento y la manga de la camisa limpió el cristal pero aparte de la suciedad en la prenda, no cambió nada. Los cuerpos continuaban dirigiéndose hacia su destino anónimo y en lugar de sus caras había una mancha borrosa. Esperó un par de segundos, pestañeó una-dos veces- pero no hubo diferencia alguna.



Alguien tocó a la puerta. Felipe guardó la respiración: debería de ser alguien de la oficina donde trabajaba. Acertó – los pies (tipo deportivo) eran de Esther, la falda negra era la misma de ayer y la camisa azul estaba abrochada hasta arriba, menos el ultimo botón. Sí, esto era, en definitiva, Esther. Ahora, pensó, la voy a mirar y de nuevo voy a ver su pelo negro, su cara pálida, sus pequeños ojos marrones. Mezclando el deseo con el recuerdo, sintió en el estómago un dolor muy fuerte - en vez de los rasgos conocidos vio la misma mancha borrosa. Lo visto le hizo aguardar el aliento. Mientras intentaba concentrar sus pensamientos, la mancha dijo algo de una hora y un lugar y luego salió del despacho. Felipe continuaba igual de inmóvil y el pánico empezó, con cada instante que pasaba, a apoderarse de él. Sintió el sudor que se adentraba en su mente, su cara se endureció, saltándose solo un tick nervioso del ojo izquierdo. De la presión empezó a apretar tan fuertemente el bolígrafo que el dolor le permitió dominarse. Su cuerpo empezó relativamente a obedecerle, hasta que consiguió salir de la oficina.

Por la calle nada nuevo. El conserje(le reconoció por el traje que llevaba)estaba donde la puerta, y en la calle se confundían ruidos de coches, conversaciones, pasos y pensamientos. Las manchas estaban por todas partes, así Felipe fijándose en ellos pudo averiguar que no todos se parecían – los habìa de diferentes colores . Decidió que esto no era lo más importante, lo principal era que todo alrededor estaba lleno de manchas que se habían comido las caras de la gente. Mientras observaba la situación, algo le llamo la atención. Ya no era la falta de las caras, tampoco las manchas en su lugar (aunque el hecho empezaba a serle dolorosamente real). En realidad todo estaba como antes – los coches iban saciados de gasolina, por a calle había muchos cuerpos vestidos en trajes, ropa deportiva o algo gastada. El problema era otro- El sol, no exactamente no el sol. En realidad eran las sombras. Las sombras de la gente. ¿Qué era lo raro? Nada, en realidad todo estaba bien. Allí, por ejemplo, la sombra de aquella mancha, vestida en un traje femenino, decía que llevaba a la cabeza un sombrero ancho; en cuanto a la mancha negra que se le acercaba hablaba de un pelo largo y la pequeña mancha rosada del otro lado de la calle llevaba un gorro deportivo. Su estupefacción crecía con cada minuto que pasaba, convirtiéndose en un peso enorme. Se le hizo imposible moverse, pensar y sobre todo – mirar a su alrededor. Las manchas iban en su ritmo habitual, de alguna forma presuntuosa, demostrando el total desconocimiento de su propio destino. Allí donde antes habían brillado ojos, donde habían caído cabellos hermosos o donde los lados habían enseñado emociones, ahora todo había sido vaciado, mezclado, para que se consiguiera esta mancha asquerosa..

Por el camino hacia su casa, alrededor de Felipe había manchas por todos lados – en el metro, en las tiendas y por las calles. También vio manchas con nuevos colores – a algunos incluso, les venía bien al color de la ropa que llevaban, parecían hechas a medida. Después de saludar a aquel que debía ser el portero de la finca, Felipe entró en su piso. El sonido de la puerta que se cerro detrás de él le ayudo respirar mas tranquilamente. De nuevo estaba en casa, de nuevo estaba solo. Aquí por lo menos no había manchas y la única cosa que antes había tenido vida ahora estaba en la nevera y llevaba diferentes nombres.

El reloj de cuerda, con su ritmo implacable, contaba el tiempo que le quedaba al cigarro que Felipe tenia en la mano derecha. Empezó a sentir su calor, la cercanía de su llama. En su viaje, el tabaco conseguía ahogar el veneno de lo visto, permitiéndole ordenar sus propios pensamientos: Manchas. Manchas de diferentes colores. Colores aunque había muchos matices. Matices de cuerpos. Cuerpos que iban dirigidos por las manchas. Manchas que se enlazan alrededor de las caras, así como el tabaco abraza sus víctimas. Víctimas- presa de las manchas.

Antes de quemarse los dedos, Felipe dejó el cigarro y cubrió su cara con las manos. Cerró los ojos, empezó a frotarlos lentamente, continuó con las cejas y después las dirigió hacia las sienes. Ojos, cejas.......Sí, lo mejor de todo era, en realidad, el tacto, la sensación de la presencia de su cara y la falta de mancha alguna.” ¿Que se siente cuando se acaricia una cara-mancha?”, se preguntó. La cuestión le intrigó algún tiempo pero no consiguió encontrar una respuesta.. Empezaron a surgir otras preguntas: “¿Desde cuando existen las manchas? ¿Era el único en verlas? ¿Cuándo se materializa una mancha? ¿Tiene su principio y su fin? ¿Porqué la gente no se da cuenta? ¿Sería su cara también manchada?”

La última pregunta le inquietó bastante y le hizo dirigirse hacia el espejo que estaba en la entrada. Pocas veces había disfrutado, como ahora, de ver a su cara. Primero se fijó en su frente ancha, continuó con las cejas, la nariz, su piel ligeramente oscura y al final se paró sobre sus ojos. Profundos, capaces de ahogar las miradas ajenas; marrones, guardando las llamas de lo visto...
Ahora, cuando ya se había tranquilizado se dirigió sin prisa hacia el cigarro que se había quemado y sintió la necesidad de recapitular los pensamientos(acompañados, necesariamente por humo de tabaco) :

- Las personas a mí alrededor no tienen caras y en su lugar hay una mancha. Ayer todo era tan normal, me acuerdo incluso de aquella chica tan bella, que vi por la calle. Hoy todo es tan diferente. Al parecer yo soy el problema. Algo en mí, tal vez.
Incapaz de encontrar una respuesta satisfactoria se fue a la cama , no pudiéndose dar cuenta que no la respuesta estaba lejos de él, sino él de la explicación .


II.

El día siguiente vino tan deprisa, tal vez impulsado por el deseo de Felipe de encontrar la aclaración del misterio, que cuando se dio cuenta ya estaba donde la parada del autobús. Con cierto lamento descubrió que nada había cambiado – las manchas estaban en su lugar, una vez borrado cualquier rastro de los ojos las facciones de las personas.

Abrió el libro que llevaba y pudo leer : “.....La estaba mirando –la tenìa allì, si quisiera podìa abrazarla pero en realidad estaba tan lejos de mi . Me dijo – “no me des nada màs ,es que quedo en mal lugar.” Quise decirla que lo hacìa porque necesitaba darla algún objeto mìo. Como no podìa amarla querìa que algo mìo se quedara con ella para siempre. Solamente me quedaba soñar pero ¡Diòs! como odiaba los sueños . Esta sensación de alegrìa vacìa, tan amarga......., sì, odiaba soñar. Detesto engañarme a mi mismo con fantasìas. Cuando quiero algo de verdad es para tenerlo, llegar a soñarlo es la peor condena que puede tener cualquier sentimiento. Todo me prohibìa amarla – mi propia pareja , mis trocitos de personalidad (pasados y presentes), las mil y una razones que me podìa dar cualquier consejo bienintencionado . Aùn asì las palabras de la mujer abrìan en mi mente una ventana por la que entraba un aire fresco , dulce y seductor- allì la tenìa – tranquila , hablándome con la serenidad que adoraba en ella. Me sentìa feliz poder calmarla, conseguir que fuera verdadera y que no se asustara de hablar de si delante de mi, de percibir que tal vez ella tambièn....... pero no! Esto era ya demasiado! Morderé mis labios, me abofetearè, dejaré de respirar su aroma, pues de lo ùnico de que se trata es superarlo, matar ese amor, ahogar sus chillidos, mis chillidos.....................hasta que me convierta en una sombra llena de presente y racionalidad, de fechas y nombres, de responsabilidades y roles cada dìa , cada noche, en fin – lo que los demàs saben y suponen de mi. Y aùn asì el aroma de sus palabras hacìa inútil cualquier reflexión lógica. ¿Entonces? ¿Amarla, conociendo el natural desastre de tal locura? Ay , si todo pudiera rebajarse a la sencilla cuestión de quererla o no.... si no era esa la cuestión, sino como dejar alguna huella en ella. Ya la amaba, me era sin duda presente, ¿pero y ahora?. Dentro de poco voy a abandonarla para siempre. Me voy de este lugar y ese amor no quedarà inmortalizado en ningún fresco, ni mosaico. ¡O mejor sì! Que lo absorba un mosaico para que sus piedrecitas se caigan poco a poco, asì como caeràn mis làgrimas.

Pero la lectura le animó muy poco y además llegó el autobús que le iba a dejar cerca del trabajo.

Cuando entró en la oficina por poco no dio con la puerta a su jefe directo – Emilio Pardeza – hasta sin su cara a nadie le era difícil reconocerle. Alto 1.60m, redondito y de piel rosada, siempre tan contento y cuando se reía hasta se ponía rojo. El lema de su vida era “: La vida es bella”. Cada domingo acompañaba a su anciana madre a la misa y después compraba pastelitos, pensando la injusta que era la vida y en los niños que se morían de hambre. Un hombre-sueño.

- ¡Buenos días Felipe! ¿Qué tal va la juventud hoy en día? ¿Y el mundo?(risas)
- ¡Hola, qué tal Emilio! Hace mucho tiempo me desperté una mañana y ya no era un joven y en cuanto al mundo.. Pues... el otro día oí que un mandatario iba a talar bosques para prevenir los incendios forestales. Imagínate.......
- El es una gran estadista. (risas) .. es dirigente de una gran nación amiga..(risas)..rayo de luz en estos tiempos tan difíciles....

Hacia ellos de dirigió Velasco, el becario que se ocupaba de los ordenadores. A este chico alguien se había olvidado de cambiarle el procesador o lo mejor explicación era que de toda la marihuana que se había fumado, su cerebro estaba tan corrompido, pareciéndose a Venecia, separada por los canales, al igual que los canales de su cabeza por donde se perdían sus pensamientos. Llevaba una pequeña chapa – “El porro es la cura”. Sí, pensó Felipe, y como efecto secundario – la idiotez.

Después de la típica conversación que no contenía nada ni tampoco significaba algo, Felipe se relajó, perdiéndose en el mar de tareas, mar de nubes rosadas, que gravitaban a su alrededor. De repente los cuerpos empezaron a moverse muchas veces más deprisa, sus palabras se convirtieron en canto de cuervos y el Sol le cegó, y un instante después se perdió detrás de las nubes.

Solo cuando pudo moverse un poco, consiguió ver que ya era tarde y tocaba abandonar la oficina. El sonido de los cuervos ya se alejaba en el ascensor. Tras decir un “Hasta mañana”, se encontró en la calle. No tenía ganas de ir a ningún lugar en concreto –saco su único acompañante – el tabaco y empezó a andar. Andaba despacio ,a su alrededor la vida continuaba con su ritmo caótico ,típicamente para una ciudad como Madrid. La gente le adelantaba, dirigiéndose en una dirección anónima para él. Se sintió solo ,terriblemente solo. De la soledad hasta le supo amargo el cigarro. Lo tiró ,pero el sabor se le quedo en la boca. Tragó saliva y sintió como la amargura le inundaba el cuerpo.

Justo cuando ya había empezado a maldecir todo y todos, sintió que alguien iba detrás de él. Se dió la vuelta y la vista le provocó un dolor agudo en el estómago. Pestañeó varias veces pero no hubo cambio – la mujer delante de él tenía cara, cuyos ojos le miraban con algo de ironía. Felipe, al que se le había quedado inmóvil el cuerpo, se le tensaron los músculos y cerró un poco los ojos. Hasta llegó a pensar que tenía delante una foto que podía coger y guardar para siempre. En el mismo momento la mujer se dio vuelta, cruzó la calle y lo último que consiguió ver era su bufanda roja, agitada por el viento.

Enseguida se dio cuenta que debía hablar con ella, tantas preguntas necesitaban su respuesta, sentía que de lo contrario se perdería, no encontraría respuesta alguna. Intentó cruzar la calle pero en vez de él lo hicieron algunos coches y unos cuantos autobuses rojos. Cuando pudo cruzar y después de buscarla sin éxito por las calles cercanas, la única idea que le pareció atractiva era la de irse a casa.

Cerró la puerta ,colgó la chaqueta en el perchero y se tumbó en el sillón del salón. No tenía ganas ni tan siquiera de pensar y sólo le hacía falta alguna razón que ahogar en alcohol. Recordó la imagen de la mujer, su sonrisa irónica, la bufanda y ya tenía dicha razón.

Cuando los objetos empezaron a volar delante de él y el reloj contaba la medianoche consiguió oír el sonido del teléfono. “Tendría que ser ella”, pensó pero la voz del otro lado era otra y muy, muy conocida.

- ¿Sí? ¿Aló?..........¿Irene ,eres tú?

La conversación se precipitó hacia sus corazones, solo como era posible entre amantes que no se veían desde hace mucho tiempo – sin palabras que sobraran, preguntas o respuestas, con el pulso acelerado – cuando hablaban - se besaban, cuando callaban – se abrazaban.

Felipe presionaba el auricular en un intento de detener las palabras que le provocaban una agitación más fuerte del alcohol que se había bebido. Prefirió escuchar , en vez de compartir: había deseado que Irene le llenara y evaporase lo visto ;que le diese respuestas pero pronto la agitación se convirtió en una resaca muy dolorosa.

- Ultimamente estoy un poco enredada.......... me hace falta encontrarme a mi misma............quisiera romper con todo............tú me entiendes, no, Felipe? Y me temo que todo significa y con todos.....¿Me oyes, Felipe? ¿Sí? He decidido irme ...tu me entiendes ,no?
- Sí....Vale......Bien.....

Colgando el teléfono atropelló las últimas palabras de Irene y su chillido llenó la habitación pero no su corazón. Sabía lo que iba a pasar – en vez de dolor iba a ignorar los sentimientos ,iba a aislarse de lo ocurrido para que no le hiciera daño; iba a negar el pasado para sentirse solo, completamente solo –así nacemos y así morimos. Siempre cuando perdía a alguien, actuaba de la misma manera – se percibía como una superficie que se hacía impenetrable para el dolor ,parecida al de un diamante que tras recibir una golpe extremo no presentaba ningún rasguño. Sabía que estaba solo y esto le permitía abandonar todo que pudiera hacerle daño - abandona, ignora, niega – de esta forma podía levantarse para soñar de nuevo, para confiar y protegerse....

Ahora cuando e Irene ya era una mancha más, lo único que le quedaba era el alcohol en la botella y el rostro de la mujer. Sonrió ligeramente a la situación y a la oscuridad a su alrededor.

III.

Los días siguientes parecían fotocopiados del anterior – manchas, tristeza y unos intentos infructuosos de encontrar la mujer del rostro. Todo a su alrededor se parecía tanto que empezó a perder el sentido de la orientación. Fue ayer, cuando pasó varias veces por la misma calle hasta que se dio cuenta de ello y paró con la respiración acelerada. Justo cuando empezó a perder la claridad de la conciencia y el ruido de la calle le giró en un intento de ahogar los esfuerzos que hacía para controlarse, consiguió ver la cara de la mujer entre el mar de manchas. Pudo acelerar ,correr incluso abajo por la calle. La vio de nuevo ,estaba a 50m ... 20 m .... 10 m ... delante de él .... la tocó por el hombro y ella se dio vuelta. La respiración agitada de Felipe abrazó a la mujer pero ella no se inmutó. Se sonrió ligeramente, luego le miró los labios y al final paró en sus ojos.

- Me imagino que querrás que hablemos – dijo ella.
- Sí, cuando te vi hace unos días sabía que solo tu podías darme respuestas. Ultimamente conmigo...
- Lo sé- le interrumpió – sé lo que te pasa y como te sientes. Digamos que estoy aquí para poner fin a todo esto.
- ¿Qué quieres decir con esto?
- Mejor vayamos a otro sitio, aquí no podremos hablar tranquilamente.

Anduvieron algún tiempo, lo que le permitió observarla – la cara era pálida, los rasgos suaves, el pelo rubio. Parecía cansada pero se sintió mejor cuando entraron en una iglesia.
- ¿Estas sorprendido?
- La verdad es que no entiendo nada. Desde hace unos días no puedo ver otra cara salvo la tuya y ahora me llevas a esta iglesia...
- Esto va a facilitar las cosas, te lo prometo. Como te había dicho, yo estoy aquí para darte respuestas.
- ¿Porque no puedo ver las caras de la gente?
- Cómo solo puedes sentir tú estás en el centro de la situación o mejor dicho – tu eres la razón para que ahora estemos juntos.
- Pero porque .....
- Escucha, ya has malgastado el tiempo cuando podías cambiar tu fin. He venido a poner el punto final a tu historia...........En los últimos días no te es posible ver las caras de la gente, pero Felipe, ¿cuando de verdad te hacía falta? Tal vez cuando los demás servían para la satisfacción de tu ego; cuando cada uno que te daba su amistad acababa completamente vaciado por tu manera de amar – consumando pero sin entregarte de verdad. ¿Cuándo te hacían falta? Tal vez cuando cada rostro, gesto o rasgo era parte de esta competición constante tuya – de ser el mejor, el más rápido, el más eficaz, el más seguro. O tal vez cuando saludabas, hablabas, te reías, te aconsejabas pero en realidad – comparabas, vencías, humillabas, ... ¿Qué es la gente para ti? Piedrecita por debajo de tus zapatos; hojas secas, que se levantan detrás de ti, cubriendo tu pasado con dolor y tristeza, y dejabas detrás tuya solo olvido e ignorancia. ¿Qué es para ti el amor? Joyas que cambias igual que tu ropa; solo siembras dolor y egoísmo.

Pero si todavía no me entiendes voy a continuar. ¿Te acuerdas aquellas veces cuando detrás de tu máscara perfecta , tu propia dulzura te empezaba a amargar y no tenías el valor de mirarte en el espejo para no ver el reproche en tus ojos? Sabes muy bien lo que hacías entonces – te aventurabas en nuevas amistades, en sitios no ensuciados todavía por ti. Has dejado tras ti tanta seducción, tanta hermosura que no pudiste engañar a solo una persona – a tu mismo. Habías presentado tu soberbia como atracción y a tu cinismo emocional - como sensibilidad. Y estos eran tus únicos argumentos.

Se te dio la libertad del pensamiento, ¿pero a donde has llegado? Te enorgulleces de tu cultura pero esta es una cultura de periódicos – imprimida y disuelta como tus propias palabras. Cultura prestada, válida hasta el día siguiente, tan fácil de arder. En vez de buscar, de establecer puntos de partida, de definirte, preferiste tomarlo todo hecho – triturado y masticado. Tus principios se basan en la moda y en las circunstancias y tu personalidad, llena presuntamente de actitud positiva hacia la vida pero en realidad está ocupada solamente por tu egoísmo trivial.

Dime, Felipe , ¿cuanto te costó ahogar la voz de tu conciencia? ¿Te resultó fácil parecer cada vez alguien diferente? Tengo parte de la respuesta – la comodidad. La comodidad de ser aceptado por todos y en cualquier lugar; de no profundizar y sentirte infalible. Solo el que no defiende una idea puede tomar por suyas todas las demás y parecer perfecto. Los ojos sirven para percibir al mundo pero tu te miras sólo a ti mismo – el enésimo seguidor de la teoría ptolemaica . ¿Qué te hacía falta para meterte en la vida de alguien o en alguna situación nueva? ¿Te das cuenta ahora? Formabas tus opiniones porque sabías que si conseguían entrar ,entonces tu entrarías entero – igual que los gatos. Al parecer te es muy cómodo sustituir la iniciativa con la inercia.

Bueno Felipe, ahora nos vamos a separar. Tu vas a salir de la iglesia y olvidarás lo ocurrido. Allí fuera el mundo te espera, es tuyo, preparado para saciarte. Tus ojos de nuevo verán , porque acabas de dar un paso adelante. ¿Hacia tu salvación? No, hacia tu perdición. Porque esto es todo lo que eres – la traición de una personalidad, las aguas residuales de una esperanza.

A Felipe le sorprendió el hecho de estar en una iglesia y el recuerdo raro de un encuentro con una mujer. Se dirigió a la salida y cuando abrió la puerta pudo oír el aleteo de una paloma. Se encontró de nuevo en la calle, el sol primero le cegó y luego le calentó. Delante de el, la gente andaba de prisa y Felipe para su propia sorpresa sintió que le daba un placer extraño fijarse en las caras de la gente. Se dirigió hacia el metro más cercano, sacó el móvil para llamar a una persona en concreto. Una ligera sonrisa se esbozó a su cara.

IV.

En la sala 56ª estaba lleno de visitantes – allí se podían ver los cuadros de El Bosco, Peter Bruhegel el Viejo. La atención de todos estaba dirigida hacia “El jardín de las delicias”, probablemente el mejor cuadro del museo, lo que permitió al especialista de arte flamenco Gonzalo de Tena concentrarse en el cuadro “El Triunfo de la Muerte”. No había otro cuadro o imagen que le provocara más horror del cuadro que tenía delante.

En cuanto se concentraba en el cuadro, el ruido de la sala disminuía, se alejaba , se evaporaba en el aire. Las figuras del cuadro de repente empezaron a cobrar vida, hasta pudo ver los movimientos de su agonía y en su cabeza sonaron ,como los aleteos de los murciélagos en una cueva , los chillidos de los miles de cuerpos , destinados al Triunfo de la muerte.

Hubo algo que le llamó la atención – en la parte derecha inferior había un cuerpo nuevo que se estaba agachando. Le faltaban los ojos y sus manos buscaban desesperadamente algo palmo por palmo el lugar a su alrededor. Detrás de el había un demonio ,que guardaba algo pequeño y blanco – los ojos del hombre.

A Gonzalo de Tena todo le pareció claro.

Y aquí viene EL FIN de este relato. Allí fuera, la ciudad se preparaba apresuradamente para la noche , altiva hacia la vida que había alrededor e indiferente hacia las relaciones que iban a encender las estrellas.
"

 
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por Kayla ([email protected]) el Saturday, 09 June a las 02:34:13
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