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El espejo

Terror y Microrelatos Oinatz escribió "Desde hace días, el viejo espejo del desván se ha convertido en una obsesión para Ana. A escondidas, sube por la empinada escalera de madera que da acceso a la polvorienta estancia, busca la forma ya familiar del espejo y se sienta frente a él durante horas, con una vieja revista donde aparece una foto de su madre, la gran actriz Ana Conde, tristemente desparecida hace años, al dar a luz a su única hija. Nunca se hicieron públicos los detalles pero, al parecer, una serie de complicaciones que surgieron durante el parto resultaron fatales para la madre e incluso hicieron temer por la vida de la niña, quien finalmente pudo ser salvada por los médicos de la clínica.

La pequeña Ana, sentada frente al espejo, sueña con la imagen de su madre e imagina que ella también es una gran estrella de la pantalla, adorada por todos, y que su rostro aparece en las revistas de papel satinado, como aquella vieja revista que sostiene en su regazo, marcada por la página en que aparece el retrato de su madre, a quien, pese a no haber conocido, extraña tanto.

La voz de su padre le trae de vuelta a la realidad. Es hora de cenar. Con delicadeza, las pequeñas manos de Ana cierran la revista y la dejan sobre el taburete forrado de terciopelo donde se sienta cada tarde, al terminar sus clases. Comienza a descender por la escalera como siempre, contando los peldaños. Uno, dos, tres...

Julián Buendía, el padre de Ana, no volvió a ser el mismo tras la muerte de su esposa. Pese a ser uno de los directores de cine con más talento de la época, solicitado a ambos lados del océano y con una carrera cuajada de éxitos, lo dejó todo y se dedicó única y exclusivamente al cuidado de su hija, a quien puso el nombre de Ana, como póstumo homenaje a la memoria de la que fue la mujer de su vida. No podía evitar sentirse culpable por lo ocurrido. El rodaje de su última película, con la gran Ana Conde como protagonista, había resultado extenuante, nada recomendable para una embarazada, pero ambos se comprometieron a terminarla a tiempo, y cumplieron con lo pactado, a pesar de varios sustos en forma de desmayos que sufrió la artista en la última semana de rodaje. Cuando el embarazo entró en su cuarto mes, los médicos recomendaron a Ana reposo, pero ella insistió en continuar con su apretada agenda social, en la que las obras benéficas eran parte fundamental. Finalmente, cuando faltaba un mes para salir de cuentas, y desoyendo a los doctores, Ana comenzó la promoción de la película, cuyo estreno tendría lugar, por una extraña casualidad, hacia la fecha prevista para el parto. Julián intentó por todos los medios disuadirla para que no hiciera esa locura, pero Ana era una mujer decidida, y era misión casi imposible hacerla cambiar de opinión. Sin la estrella principal de la película, la promoción quedaría deslucida y resultaría poco creíble, así que merecía la pena el esfuerzo, afirmó. Serían unos pocos días, y tendría tiempo para descansar tras el parto, pues había decidido tomarse un descanso para disfrutar de su bebé, añadió, mirándole con esos profundos ojos verdes y sonriendo. Julián era incapaz de resistirse a esa mirada, a esa sonrisa, que algún crítico había definido tiempo atrás como "la más luminosa de la historia del cine" y accedió. El resultado no pudo ser más trágico: debido al stress acumulado, Ana llegó agotada al parto y el esfuerzo realizado le provocó un colapso cuando el bebé se hallaba a punto de salir. Intentaron reanimarla, pero no respondía. Pasaron unos minutos angustiosos hasta que el médico tomo la decisión de sacar el bebé con ayuda de unos fórceps. Cuando salió, la pequeña Ana estaba casi azul por la falta de oxígeno. Enseguida la llevaron a la UCI mientras el doctor y su equipo intentaban por todos los medios reanimar a la madre, sin éxito. La noticia fue como una daga en el corazón de Julián, pero eso no fue todo…

La pequeña Ana sigue bajando la escalera. Tres, cuatro, cinco… Hay quince peldaños hasta la planta alta, después nueve hasta el rellano, y luego nueve más hasta la planta baja, donde está el comedor. Seis… ¿dónde está el seis? Su pie no encuentra el peldaño y se hunde en el vacío, haciéndola caer rodando escaleras abajo, hasta detenerse con un golpe seco en el rellano, inerte.

… El jefe del equipo de neonatología del hospital salió al encuentro de Julián, que trataba aún de asimilar la pérdida de su esposa. La falta de oxigeno sufrida por la pequeña en los minutos que permaneció aprisionada dentro de su madre muerta, habían afectado a su cerebro de manera permanente: la niña quedaría ciega de por vida.

El ruido de Ana al caer saca a Julián de sus recuerdos. Por unos instantes permanece inmóvil, después suspira y se levanta. Ahora, el sufrimiento mudo que le ha acompañado todos estos años por fin ha cesado. Sube por la escalera, pasa junto al cuerpo de la pequeña y vuelve a colocar el peldaño en la vieja escalera de madera. De vuelta al comedor se detiene por unos instantes a contemplar el cadáver de la pequeña Ana, que, hasta un momento antes era el recuerdo viviente de su culpa. Fue al verla en el desván, sentada frente al espejo, con una vieja revista donde aparecía la foto de su madre, cuando comprendió que no podía soportar más el agobiante peso de los recuerdos. Julián descuelga el teléfono, marca el 112: “Operadora, ha habido un terrible accidente...”

© Oinatz, 2005

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