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La carta de Verne

Terror y Microrelatos irreductible escribió "París, 8 de Febrero de 1934

- Señor Presidente, hoy es el día de la Carta.
- ¿Cómo dice?... preguntó Albert Lebrun.
- Sí... la Carta de Verne.-
- No tengo noticias al respecto... explíquese...

El Secretario se giró, abrió con solemnidad la puerta del Salón presidencial y, con gesto rápido, hizo pasar a un soldado.
A continuación llegó Monsieur Gaston Doumergué, convocado al efecto por el propio Secretario.

Francia vivía convulsionada por importantes desórdenes populares y, acuciado por la situación, el Presidente Lebrun había ordenado a Doumergué, hombre de su total confianza, la creación de un Ministerio de Unión Nacional.
Apenas había tenido dos días para trabajar en ello y Monsieur Doumergué entró en la estancia mostrando claros signos de cansancio. Sus ojos, pequeños y hundidos, echaron un lento vistazo al Salón.

- Por Dios, Albert... ¿Qué ocurre ahora? Estoy con el agua al cuello con el dichoso Ministerio y no tengo tiempo para secretos.
- Te aseguro que no sé de que se trata - contestó Lebrun -.

El soldado se acercó ceremonioso. Saludó a los poderes allí reunidos y, tras entregar algo al Secretario, se marchó cerrando cuidadosamente la puerta.
El Secretario de la República se dispuso a hablar acuciado por las miradas de impaciencia que le lanzaban el Presidente Lebrun y Monsieur Doumergué.

- Ilustres señores, primeramente les pido perdón por convocarles a esta reunión tan apresuradamente y sin explicaciones por mi parte. La clave de todo este asunto es esta Carta.

El Secretario les enseñó un sobre amarillento con una gran mancha roja de lacre en el centro.

- ¿Qué tiene de especial esa carta? - preguntó el Presidente con una leve nota de intriga en su postura mientras se sentaba -.
- Señor... es de Julio Verne

Lebrun miró casi instantáneamente a su amigo Gaston.

- ¿Pero que broma es esta?. Verne murió hace más de veinte años...
- Veintinueve para ser exactos – respondió el Secretario -. Pero temo no haberme explicado con total claridad. Esta Carta fue escrita en 1902 por nuestro amado escritor.
- Sigo pensando que todo esto es innecesario - volvió a contestar impaciente el Presidente Lebrun- remítasela al Encargado de la Academia de las Letras.
- Lo siento, señor, Verne dio instrucciones muy precisas.
- Déjese de enigmas y vaya al grano - añadió impaciente Doumergué -.
- La Carta está lacrada, sellada y fechada en diciembre de 1902, pero Monsieur Verne acompañó un documento a la carta, ordenando que no se abriera hasta hoy: 8 de Febrero de 1934
- ¿Y bien?...
- La Carta va dirigida a usted Señor Lebrun.

La cara del Presidente experimentó un notable cambio. La impaciencia dejó bruscamente paso a una extraña sensación de curiosidad.
El Secretario entregó aquel extraño sobre al Presidente. En una de las caras aparecía, cuidadosamente lacrado, un sello con las iniciales J. V. Por la otra cara del sobre se leía la siguiente frase:

"A la atención del Ilustre Presidente de Francia, quien quiera que sea en 1934"

Lebrun abrió bien los ojos. Miró a Doumergué y se sentó nuevamente. Sobre su enorme mesa de cedro había un pequeño abrecartas de plata. Lo cogió y procedió a abrir el sobre lacrado.

Amiens, 14 de Diciembre de 1902.

Estimado señor:
Si han seguido con cuidado mi voluntad, hoy será 8 de Febrero de 1934, usted será el Presidente de Francia y yo, lamentable o afortunadamente, estaré muerto hace tiempo.
Sin embargo, permítame volver al año 1902. Hoy, a pesar de hallarme en pleno invierno, la temperatura de mi cuerpo es extremadamente alta. Ahora mismo estoy sudando por cada poro de mi piel y cuento con las fuerzas mínimas para poder escribir estas letras. Estoy enfermo preso de unas ligeras fiebres.

Muchos consideran mi obra imaginativa y ensoñadora. Esto, al menos en parte, es cierto, aunque quiero hacerle una confesión: no deben leer mis libros, deben interpretarlos. En ellos no solo podrán encontrar historias originales y hasta cierto punto divertidas, sino que en ellas se halla, en menor o mayor medida, el destino de la Humanidad.
Estoy completamente convencido de que lo que escribo será real, incluso es posible que en su época, Señor Presidente, un viaje a la luna será totalmente realizable.
París será en 1934 una de las ciudades más importantes de todo el mundo. Sobre el Sena se alzará un gigantesco faro de 300 metros que encauzará y controlará decenas de barcos.
La población se habrá duplicado y como consecuencia de ello, la ciudad se extenderá cubriendo, como un manto gris, zonas nunca tocadas por la civilización.

Le escribo esta carta por dos importantes motivos.

El primero de ellos es afirmar que realmente creo en lo que durante toda mi vida he relatado. Muchos han sido los que tachándome de fantasioso han querido cercenar mi obra. A todos ellos les digo que lo descrito en mis libros no se debe a mi imaginación. Durante la mayoría de las noches de mi vida no he podido dormir tranquilo, sobrecogido e impresionado por visiones divinas e imágenes ciertamente verdaderas que, más tarde, he intentado recoger por escrito.

- Esto es ridículo - dijo Doumergué, interrumpiendo la lectura de aquella extraña carta -. Señor Presidente, Francia se halla envuelta en la mayor revuelta de los últimos diez años y nosotros estamos entretenidos leyendo cuentos y fantasías.
- Yo lo veo de otro modo, Gaston - respondió el Presidente -. El asunto es más preocupante de lo que parece. Esta Carta, si realmente está escrita por Verne, demuestra una cosa increíblemente inquietante: Julio Verne, uno de los ídolos más queridos de Francia, podría estar loco...

Un silencio tenso cubrió el Salón dejando mudas por unos instantes a aquellos tres hombres. El Presidente Lebrun continuó.

- Estas envejecidas hojas demuestran que Verne podría ser un demente. ¡Realmente creía que lo que escribió era cierto!... - Lebrun hizo una pausa -. Piensen señores. No escribía literatura, el Señor Verne se creía un profeta inspirado en sueños por el mismísimo Dios. Esto es grave, Gaston.
- Sigo pensando que primero deberíamos ocuparnos de las revueltas...
- Si esta noticia llegara a la calle, no ayudaría a calmar los ánimos. Viajes a la luna, un inmenso faro que controla barcos en un Sena navegable... ¡Por Dios, Doumergué!. ¡Verne se creía un profeta, convencido realmente de que todo eso sucedería!...
- Continua leyendo, Albert...

El Presidente retomó de nuevo la lectura.

La segunda razón de esta Carta es la más terrible y asombrosa.
Debo advertirle, Señor Presidente, que Francia se encamina a su destrucción.
En Europa se está construyendo un Imperio en la sombra. Un maligno ser llevará el horror a nuestra querida tierra a menos que usted comience a preparar una defensa adecuada desde este mismo momento.
Me ha sido revelada la cruel, pero verdadera Historia. He visto la muerte y desolación de Francia y, finalmente, he llorado...
Debe usted impedirlo. Es más, es su obligación como cabeza absoluta de nuestra madre patria. Pero no tema, yo le ayudaré con mis visiones aunque sea desde más allá de la tumba.
La tensión y la crisis están removiendo poderes ocultos y diabólicos que harán surgir un Reino amenazador en Centro Europa.
Se alzará sobre todos ellos un Hijo de Marte que conducirá a su pueblo a la conquista del mundo mediante la barbarie y la guerra.
Ese hombre, al frente de millones de soldados, hará caer sobre Europa la masacre y el horror. En apenas dos años alzará, con movimientos relámpago, un Imperio que se extenderá poderoso desde las nieves rusas hasta los desiertos africanos.

Señor Presidente, cuenta usted con 6 años por delante para evitar una catástrofe. Tiempo suficiente para preparar a Francia y evitar que caiga en manos del ario vengador.
De lo contrario, en 1940, cuando el calor más sofocante derrita las frentes de los muertos, el Hijo de Marte conquistará Francia y entrará en París con su oscuro ejercito.

Como francés y patriota, me veo en la obligación de advertirle deseándole suerte en la batalla.

Julio Verne

Cuando acabó de leer la carta, el Presidente Lebrun se hundió en su sillón y guardó silencio ensimismado en diversos pensamientos.

- Tienes razón Albert - habló por fin Doumergué -. Esto es lo más asombroso que he oído nunca...
- Verne estaba totalmente desquiciado - dijo el Presidente -.
- ¿Qué vamos a hacer? - preguntó Doumergué -. No podemos perder más tiempo con los sueños de un hombre que lleva muerto casi treinta años. Ahí afuera los ciudadanos de toda Francia se mueren de hambre por la crisis más profunda desde el 29 y, tarde o temprano, explotarán contra nosotros.

El Presidente se levantó preocupado.

- No vamos a hacer nada. Verne es un ídolo nacional, un héroe de Francia. No podemos permitir que esta estúpida Carta convierta en un loco al mejor escritor que hemos tenido desde Moliere.

Lebrun se acercó lentamente a la chimenea y tiró el sobre al fuego, mirando como se quemaba pausadamente.

- Bien señores - volvió a hablar el Presidente -. Esta Carta nunca ha existido... ¿Me comprenden?.
- Perfectamente - contestó rápidamente Doumergué -. Y, ahora, vuelvo a mis tareas. Ya está bien de perder el tiempo con tonterías. Secretario, si me escribe Montesquieu, por favor no me moleste, estaré ocupado trabajando en cosas serias - dijo sarcásticamente mientras salía apresuradamente por la puerta -.

Lebrun dejó escapar una ligera sonrisa.

- Señor, si me lo permite, debería retirarme para continuar con mis otras muchas labores - dijo el Secretario -.
- Está bien... ¿No habrá tomado en serio esa Carta?.
- Naturalmente que no, Señor Presidente.
- Así lo espero...
- Mis labios están sellados y Verne jamás escribió esas letras...

Algo en su voz no resultaba convincente. El Secretario se volvió y abandonó la estancia dejando al Presidente Lebrun atareado con otros quehaceres.

Relato de Francisco Javier Peláez Pérez

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Re: La carta de Verne (Puntuación 1, Funny)
por interneo el Thursday, 30 September a las 04:30:46
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
Genial, tío, sigue así. Y a ver si colocas más relatos en la página. Está bastante bien escrito y la idea es curiosa



Re: La carta de Verne (Puntuación 3, Funny)
por gerry el Friday, 31 December a las 13:13:44
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
Curioso, como novelista , fué un iluminado de la imaginacion, pero LA CARTA, me deja un tanto perplejo, yy sabemos desde niños que Don Julio, era impredecible....