Buscar
   
Volver a la página principal Chatea con montones de oyentes del programa Deja un mensaje para que todos sepan que has estado aqui y dinos que te ha parecido la página Envianos tus propias noticias o articulos para que sean incluidos y todo el mundo pueda leerlos Entra en tu panel de control de usuario donde podrás configurar muchas opciones Si estar conectado com usuario registrado aqui podrás desconectarte
    Registrate
Articulos y Noticias
· La Zona Cero
· Azul y Verde
· Pasajes de la Historia
· Terror y Relatos
· Materia Reservada
· Callejon del Escribano
· Secciones Antiguas
· Entrevistas

Otras Opciones
· Descargas
· Foros de Opinion
· Lista de Miembros
· Mensajes Privados
· Almacen de Articulos
· Recomiendanos
· Tutoriales
· Enlaces

Usuarios Conectados
Actualmente hay 1 invitados, 4 miembro(s) conectado(s).

Eres un usuario anónimo. Puedes registrarte aquí

Solo la noche

Terror y Microrelatos irreductible escribió "
LUNES

Tuvo que apretar el pause del mando a distancia para detener la película mientras limpiaba el sofá de ceniza. Había visto docenas de veces aquella escena, y aunque no soportaba la suciedad en su sillón tampoco quería perderse un solo segundo de la conversación de Humphrey Bogart.

Lambert era un maniático del orden. Cada pequeño detalle que le rodeaba estaba meticulosamente organizado. Sus libros estaban colocados en las estanterías siguiendo tres diferentes criterios: por autor, por tamaño y finalmente, por el color del tomo. Cada hora de su vida estaba planeada con al menos cuatro días de antelación.
Por ello, cuando aquellas diminutas briznas de ceniza mancharon el mullido sofá donde descansaba, saltó como impulsado por un resorte para limpiarlas. Después, atrasó unos instantes la cinta y retomó la película en el momento en el que aquellas motas de polvo habían distraído su atención de Casablanca.
El salón ofrecía una decoración algo cargada pero armoniosa, casi matemática. El espacio había sido ocupado siguiendo las más precisas leyes del pragmatismo y la utilidad. Apenas si colgaban tres cuadros de las claras paredes. Lambert consideraba esas pinturas una molesta distracción, no por la belleza de los colores que Manet había sabido expresar, sino porque demasiado a menudo tenía que levantarse para enderezarlos cuando los veía mínimamente torcidas.
Aguantaba esos cuadros por ser un regalo de su difunta madre.

Pocas veces veía la televisión y, cuando lo hacía, era para ver alguna película antigua. Lo que sí utilizaba mucho era el gran equipo musical que, como un gran camión, descansaba aparcado en una esquina de la estancia. Encima de él, se alzaba una gran estantería con infinidad de Compact Disk alineados por épocas y autores. Bach y Dvorak eran los protagonistas de aquellas paredes.

Lambert era un maniático del cada cosa en su lugar, un enfermo del orden. Cada efecto debía tener una causa. Cada acción un por qué. Con estos breves apuntes de su personalidad era lógico adivinar su sorpresa al recibir aquella inquietante nota.

El timbre sonó y Lambert volvió a parar el vídeo, levantándose de nuevo malhumorado. Dos interrupciones eran más de lo que su inquieto carácter podía aguantar en aquella mañana.

Abrió la puerta y apenas saludó al mensajero que se encontraba en el pasillo.

- ¿Jack Lambert? - preguntó el joven cartero -.
- Sí.
- Una carta para usted
- ¿Cuánto me va a costar recibirla?
- Nada, señor.
- ¿Quién me la envía? - volvió a preguntar aún más fríamente -.

El joven miró entre los papeles que llevaba. Lambert casi enrojece al observar el barullo desordenado de hojas arrugadas que portaba el mensajero.

- Pues... no lo encuentro, señor Lambert... espere un momento...
- Da igual, dame la carta - dijo cerrando rápidamente la puerta -.

Lambert se dirigió a la mesa de su despacho, cogió el abrecartas y con habilidad quirúrgica abrió el sobre.

NO VOLVERÁS A HACERLO...

Estas cuatro palabras sumieron durante unos minutos a Lambert en profundos pensamientos. Pero... ¿Qué es esto?... se preguntó finalmente en voz alta. La frase era una amenaza pero Lambert no acertaba a saber por qué y mucho menos de quién.
Encendió el ordenador y escribió en el archivo de texto titulado:
Lunes 22 marzo: 12:35 Recibo nota enviada por correo: No volverás a hacerlo. Debe ser una broma estúpida.
Pulsó con el ratón el icono de guardar y volvió al sillón.

Apenas le costó trabajo retomar el hilo de la película. Sin embargo no pudo resistirse y tuvo que levantarse de nuevo: no había guardado la carta y tenerla encima de la mesa sin clasificar era algo superior a sus fuerzas.
Dudó unos instantes al no saber en que archivador incluirla... miró el estante: Facturas, Trabajo, Música, Familia... finalmente optó por utilizar un nuevo clasificador al que bautizó con la etiqueta de Miscelánea.

Lambert pocas veces dejaba algo sin terminar. Su inconsciente se lo impedía repiqueteando en su interior como un martillo de herrero hasta que concluía perfectamente cualquier tarea.
Por ello, aunque ya no tenía ganas, retornó al salón para reencontrarse de nuevo con la película y con su famoso final. Este puede ser el comienzo de una hermosa amistad...

JUEVES

La tarde era mucho menos fría que las anteriores. Lambert apagó la estufa cuando comprobó que el despacho estaba suficientemente caldeado. Estaba terminando su estudio sobre los reflejos humanos, cuando el timbre reclamó su atención.
Se levantó y tras bajar el volumen de la suite nº 3 de Johan Sebastian Bach, se encaminó a la puerta.
Dos hombres con ridícula corbata e inexpresiva cara se alzaron ante él.

- ¿Jack Lambert?
- Soy yo.
- Policía. Queda usted detenido...

La sorpresa fue tal que sólo pudo tartamudear unas palabras inconexas. ¿Qué?... Co... co... como?...

- Acompáñenos a Comisaría señor Lambert. Queremos hacerle unas preguntas si es usted tan amable.
- Pero.. ¿Qué he hecho?... ¿Que ocurre?
- No ocurre nada grave. Solo queremos que venga con nosotros...

Lambert se rehizo. Despertó de la primera impresión y respondió altivo.

- Un momento. Primero quiero saber de qué se me acusa y cuáles son las razones de esta detención.
- Por favor, señor Lambert. No se resista y acompáñenos a comisaría. No nos gustaría tener que esposarlo.
- Pero... ¡No me estoy resistiendo!... sólo quiero saber por qué se me detiene...
- Recuerde que todo lo que diga puede ser citado ante un Tribunal en su contra...

La situación era absurda... es un error, pensó Lambert.

- Esta bien... Iré con ustedes, pero tan pronto como lleguemos a Comisaría presentaré una queja sobre ustedes a su superior.

Volvió a su despacho y apagó el ordenador, sin olvidarse de guardar los cambios realizados. Era extraño pero, más que la detención, Lambert estaba molesto por no poder continuar con el estudio, modificando su plan diario de actividades.
No utilizaron el ascensor para llegar hasta el portal, algo impensable para Lambert por la perdida inútil de tiempo y esfuerzo que eso suponía.

- Entre en el coche, señor Lambert.

Miró con desconfianza el desvencijado automóvil e intentó girarse. De repente un brutal empujón hizo que casi cayera en su interior.
Los dos enormes hombres se sentaron a su lado, dejándole casi comprimido en la mitad del asiento trasero del coche.

- ¡Oiga!... ¡Quiero ver sus placas!... ¡Ustedes no son policías!...

Un súbito puñetazo en la cara confirmó sus dudas.

Todavía no se había repuesto del golpe cuando un pañuelo amordazó su boca, mientras se desvanecía entre cloroformo y niebla...

Al despertar notó un ligero dolor de cabeza. Intentó frotarse los ojos pero unas pesadas cadenas se lo impidieron. Miró a su alrededor, todo era oscuridad. Cuando sus ojos se fueron acostumbrando comenzó a distinguir sombras y voces que sonaban como ecos lejanos...

¡No podía creer lo que estaba viendo!

Se hallaba en una amplia nave rectangular en la que unos treinta hombres se encontraban encadenados como él.

Era de noche y apenas entraba una brizna de gélida luz por el pequeño ventanuco abierto en el techo.
La jaqueca remitía y comenzó a oír más claramente. Sin embargo, deseó no poder hacerlo. Sus oídos se llenaron de lamentos casi inhumanos, lloros atormentados y gritos terribles.
No había calderas ni llamaradas pero Lambert realmente pensó que estaba en el mismísimo infierno.
Los efectos de la droga se pasaban y comenzó a recordar cosas, no obstante, no podía imaginar las razones por las que había llegado a tan espantoso lugar. ¿Qué motivos habían llevado a un modesto científico a encontrarse amarrado en aquel extraño garaje?.
El miedo que sentía le impedía hablar o articular palabra alguna. Los hombres que le rodeaban estaban en su misma situación. Impotentes, muchos preguntaban gritando ¿Por qué?, ¿qué es esto?, ¿Donde estoy?...
Lambert guardaba silencio paralizado más por el terror que por las cadenas.

La noche lo cubría todo. Solo ella sabía qué estaba ocurriendo...

VIERNES

Intentó hacer un cálculo aproximado y, aunque la nave continuaba en una casi total oscuridad, Lambert se convenció de que, en el exterior, ya era de día.

- ¿Qué ocurre? - preguntó a uno de sus compañeros de encierro -, ¿Sabe usted donde estamos?...
- No se moleste, señor - respondió otro hombre a su derecha -. Nadie sabe nada.
- Pero... esto es ¡una locura!.
- Eso si es cierto... quizás lo único cierto, señor.

Lambert volvió a su silencio. Necesitaba pensar, saber, intuir al menos que pasaba...
A su mente acudió aquella extraña nota: NO VOLVERÁS A HACERLO...
Estaba seguro que entre la carta y su situación había una conexión. Pero.. ¿Qué había hecho?... ¿qué es lo que no volvería hacer?... una terrible sombra atravesó su cuerpo como un rayo: vivir, ver la luz... miró a su alrededor y se hundió.

Después de tanto tiempo entre tinieblas sus ojos se habían adaptado y podía ver con claridad. Sin embargo, su cerebro estaba atorado y su cuerpo cansado y falto de alimentos.

De repente, una puerta se abrió. Tres hombres entraron arrastrando a alguien que parecía dormido. Lo encadenaron y se dirigieron hacia uno de los presos que estaba exhausto. Tras desatarlo, desaparecieron con él por donde entraron, haciendo caso omiso a los gritos y preguntas desesperadas que les realizaron.

El día pasó en las más absoluta oscuridad. De vez en cuando volvían aquellos hombres con más personas y se iban llevando con ellos a otras.
Lambert pensó que estaba en una terrible despensa humana.

SABADO

La falta de comida iba paulatinamente apagando las fuerzas de Jack Lambert. La mayoría del tiempo estaba adormilado y contar así las horas era imposible.

Aquellos hombres entraban y salían continuamente transportando personas de fuera a dentro y de dentro a fuera como si se tratara de una enorme provisión de seres humanos para un gigantesco cíclope.

En una de las ocasiones se dirigieron hacia Lambert. Al parecer aún tenía fuerzas y decidieron llevarse con ellos al que estaba a su izquierda. Lo levantaron del suelo y cuando se disponían a transportarlo, aquel hombre, reuniendo sus últimas fuerzas, miró a Lambert y con una triste voz, casi inaudible, dijo:

- Soy profesor en un pequeño pueblo y mi nombre es Frederick. No me olvide, por favor...

Las palabras de aquel pobre maestro hicieron que hirviera la sangre de Lambert...

- ¡Malditos seáis! -gritó- ¡Soltadle ahora mismo!

Los hombres se limitaron a golpear en la cabeza a Lambert que cayó desmayado.

DOMINGO

Lambert se despertó e intentó levantarse. No pudo. Apenas tenía fuerzas. Comenzó a reír como sólo los locos saben hacerlo. Las carcajadas brotaban de su boca atormentando aún más a los recién llegados, que gritaban desesperados: ¿Qué ocurre?... ¿Qué es esto?...

Lambert se serenó. No comía desde hace días. El hombre con el que había hablado cuando entró también había desaparecido.
Intentó pensar. ¡Sí!... ¡Eso!... Él era un perfeccionista, tenía que idear un plan... tienen que tener un punto débil, pensó. Y, si lo tienen... yo soy la persona adecuada para encontrarlo.

Observó minuciosamente la nave. Miró la entrada. Comprobó nuevamente la firmeza de las cadenas.

Lambert era un hombre extremadamente organizado, calculaba cada mínimo detalle cien veces antes de actuar. Repasó mentalmente todos los acontecimientos desde que recibió la nota hasta el momento en el que se encontraba.

Los hombres volvieron a entrar. Esta vez los observó con cuidado. ¡Uno de ellos era el mensajero que le había traído aquella carta!.

Las horas pasaban, pero Lambert había perdido la noción del tiempo, inmerso en planear su fuga. Era evidente que aquellos hombres sólo se llevaban a quienes ya estaban tan débiles que no podían ofrecer resistencia.

El primer paso de su plan era hacerles creer que ya no tenía fuerzas para defenderse. Esto era bastante fácil puesto que tras tanto tiempo sin comer, Lambert se encontraba realmente apagado. Tanto que no sabía si podría culminar su plan.

Comenzó a sentirse mal. Las voces quejumbrosas que le habían atormentado durante cada minuto, cada segundo de su estancia en aquel infernal sitio, se alejaban poco a poco. Temió volver a desmayarse.

Los hombres entraron y esta vez se dirigieron directamente a él. Cuando le libraron de las cadenas, Lambert notó un alivio que llenó de paz cada hueso de su cuerpo. Todavía no era el momento. El tenía una paciencia sobrehumana. Esperaría hasta el segundo exacto en el que podría escapar...

Sintió cómo lo arrastraban hacia una habitación con una luz cegadora. Sus ojos podían no ver nada. Después de tanto tiempo en completa oscuridad aquella luminosidad le invadía, nublándole todo...
Ya casi no tenía fuerzas para nada. Su voluntad se vencía mientras lo tumbaban en algo parecido a una mesa de operaciones, fría, congelada...

Entró una especie de enfermero. Después otro y otro más. Volvió a sentir aquel asqueroso olor que lo dormía.

Lo último que pudo distinguir, como entre sueños, fue el destello del bisturí que abría un surco indoloro de parte a parte de su cuerpo...

Relato de Francisco Javier Peláez Pérez"

 
Login
Nickname

Contraseña

¿Todavía no tienes una cuenta? Puedes crearte una. Como usuario registrado tendrás ventajas como seleccionar la apariencia de la página, configurar los comentarios y enviar los comentarios con tu nombre.

Enlaces Relacionados
· Más Acerca de Terror y Microrelatos
· Noticias de bictorman


Noticia más leída sobre Terror y Microrelatos:
“...a dormir... “


Votos del Artículo
Puntuación Promedio: 2.8
votos: 5


Por favor tómate un segundo y vota por este artículo:

Excelente
Muy Bueno
Bueno
Regular
Malo


Opciones

 Versión Imprimible Versión Imprimible


"Solo la noche" | Entrar/Crear Cuenta | 8 Comentarios | Buscar Discusión
Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.

No se permiten comentarios Anónimos, Regístrate por favor

Re: Solo la noche (Puntuación 2, Funny)
por linkin el Saturday, 14 December a las 13:07:43
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
esta muy bien pero al principio aburre un poco



Re: Solo la noche (Puntuación 1, Funny)
por Anonimo el Monday, 17 February a las 16:38:25
Si todavia le quedaba un poco de fuerza al tio ese, ¿por que no se lió a ostias en cuanto lo soltaron?
¿Por que lo rajaron con un bisturí?



purple bridesmaid dresses (Puntuación 4, Funny)
por Kayla ([email protected]) el Thursday, 31 May a las 03:35:32
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje) http://www.heardress.com
Thanks for posting this! i really had good time reading this.