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El dia D... Operación Overlord

Pasajes de la Historia En enero de 1943, tras la derrota alemana en Stalingrado, el Alto Mando Aliado empezó a tomar en consideración un plan para iniciar la invasión de la Europa Occidental ocupada por los nazis. Se barajaron, como posibilidades, desembarcos en Italia, los Balcanes, Sur de Francia y en la costa atlántica del país galo.

Casi de inmediato se descartó la idea de penetrar en Europa por los Balcanes, ya que, si bien se contaba en Yugoslavia con el apoyo de los Partisanos, que podrían facilitar el avance de las tropas desembarcadas, los aliados deberían montar un inmenso puente marítimo entre Gran Bretaña-Alejandría-Costa Adriática, casi fuera de la cobertura aérea aliada y siempre bajo la amenaza de la aviación italiana y la Lüftwaffe alemana. Con la inminente caída de Túnez en manos anglo-norteamericanas, se pensó seriamente en un asalto a la península italiana, aunque se mantuvo siempre, como segundo plan, un desembarco en Francia, para dispersar aún más al ejército alemán o, cuando menos, obligarle a mantener una buena cantidad de efectivos en la retaguardia, bajo la amenaza de dicho desembarco.

Tras la conquista de Sicilia y los desembarcos aliados de Salerno y Anzio, ya en la Italia continental, el general Eisenhower, comandante en jefe de los ejércitos británico y norteamericano en Europa y África, aprobó el desembarco en Francia como única vía de penetración en la Europa continental, debido a la férrea defensa que los alemanes habían montado en la estrecha península transalpina y la enorme dificultad que tendrían los aliados para pasar las montañas de los Alpes y llegar a Alemania por esa vía.

LA OPERACIÓN OVERLORD

En el otoño de 1943, un reducido grupo de altos oficiales de los ejércitos británico y norteamericano se reunieron en el norte de Inglaterra para dar forma al plan que les llevaría a invadir Francia partiendo desde el Sur de Gran Bretaña y cruzando el Canal de la Mancha.

Se escogió como punto de entrada al continente la región de Normandía, lejos del fuertemente defendido Paso de Calais, donde los alemanes suponían que vendría la invasión y cerca del puerto de Cherburgo, necesario para asegurar el suministro a las tropas desembarcadas.

Eisenhower, tras consultarlo con el mariscal británico Sir Bernard Montgomery y con el comandante de la fuerza de asalto norteamericana, el general Omar Bradley, aprobó el plan, dándole el nombre clave de operación Overlord. De inmediato, la gigantesca máquina de guerra aliada se puso en marcha para tener a punto cuanto antes todos los detalles que requería una operación que involucraría, sólo en el primer día, medio millón de hombres y miles de barcos, vehículos y aviones.

Rommel Se pidió un esfuerzo supremo a la Resistencia francesa para conocer los detalles del Muro Atlántico en la región de Caen, el cinturón de fortificaciones que los alemanes habían puesto a lo largo de toda la costa atlántica europea, desde Dinamarca hasta la frontera franco-española y de la que el mariscal de campo Erwin Rommel era responsable por orden del mismo Hitler. Los resistentes franceses, a lo largo del invierno y la primavera de 1944, a costa de enormes bajas, lograron informar con suficiente precisión de lo que los alemanes habían edificado en las playas y costas de Normandía, así como de las unidades que mantenían en la zona y su composición en hombres y armas.

La mayor concentración de tropas alemanas estaba, como bien suponían los aliados, en la zona del paso de Calais, donde el Mariscal de campo Von Rundstedt, comandante en jefe del ejército alemán en Francia, había destacado al decimoquinto ejército, una formación de hombres curtidos en combate, mientras que en Normandía la defensa estaba compuesta por algunas divisiones de segunda línea y batallones y regimientos de reservistas.

Tanto Rundstedt como Rommel estaban convencidos de que llegaría la Invasión, pero divergían en la forma de enfrentarse a ella. Rommel sostenía que había que aniquilar a los aliados en el mar y en los primeros metros de tierra, no dejando que organizaran una cabeza de playa, porque la superioridad numérica, aérea y artillera aliada acabarían decidiendo la batalla en contra de la Wehrmatch.

Von Rundstedt, por el contrario, era partidario de enfrentarse a los aliados, dejando que desembarcasen, pero rodeándolos e impidiendo que avanzaran hacia el interior. Como defensores, los alemanes tendrían la ventaja de la posición y mucho más margen de maniobra que los aliados, encerrados en una o dos bolsas, de espaldas al mar.

Para los aliados era de vital importancia que el espionaje alemán apoyase la teoría de los generales con respecto a la zona donde desembarcarían los aliados y se montó el mayor dispositivo de engaño de toda la historia militar.

Se creó un Ejército entero, con un puñado de telegrafistas y policías militares y miles de vehículos, aviones y planeadores falsos, en campos cercanos al paso de Calais. Para hacer más creíble el engaño, este falso ejército fue puesto bajo el mando directo del prestigioso militar norteamericano, el general George Patton, verdadero conquistador de Sicilia, mientras que se hacía creer a los alemanes que Montgomery estaba en el Norte de África, en Egipto, preparando un ataque a los Balcanes. Así se podría “explicar” el extraordinario número de hombres y material que se estaba acumulando en el suroeste de Inglaterra, donde supuestamente se estaban acantonando para embarcar con dirección al Norte de África.

El plan aliado tenía, además de los desembarcos, un pilar fundamental: las operaciones aerotransportadas tras las líneas alemanas que dificultarían la llegada de refuerzos a las tropas que defenderían las playas. El volumen de estas operaciones aerotransportadas implicarían a dos divisiones norteamericanas y una británica.

Se seleccionaron también una gran cantidad de objetivos para operaciones de sabotaje, que fueron encargados a la Resistencia francesa y a los grupos de comando del ejército británico. La noche anterior a los desembarcos, debían volar puentes, líneas telefónicas, centrales eléctricas, vías de ferrocarril y eliminar centinelas en puentes que debían caer de inmediato en manos de los paracaidistas aliados.

El plan para la Operación Overlord estaba listo en febrero de 1944 y fue revisado en varias ocasiones hasta darle forma definitiva en abril de ese mismo año. Las fechas que empezaron a barajarse fueron los días, 5 y 6 de junio y 6 y 7 de julio, cuando la luna y las mareas eran favorables para las operaciones de lanzamiento de paracaidistas y desembarco en las playas. Se necesitaba que hubiese luna llena para que los aviones de transporte pudieran orientarse mínimamente sobre el suelo francés y que la marea, al amanecer, estuviera baja, para burlar la gran cantidad de obstáculos que Rommel había puesto en el mar, destinados a impedir la llegada de las lanchas de desembarco a la orilla. Por otra parte, la aviación aliada barrió de los cielos de Francia a las exiguas fuerzas de la Lüftwaffe que permanecían en la zona, asegurando una total superioridad aérea para las fechas previstas para el desembarco.

VON RUNDSTEDT Y VERLAINE

La psicosis de un desembarco inminente estaba minando la moral de las tropas de Von Rundstedt, que cada mañana se levantaba con cientos de informes de sus comandantes de campo aludiendo a ataques de la Resistencia contra objetivos que hasta entonces no se habían atrevido a tocar. La mayor parte de estos ataques se concentraban en dos áreas: Calàis y la región de Caen. El servicio de inteligencia de la Wehrmatch, por otra parte, había descubierto la clave que pondría en marcha las células de la Resistencia para ayudar a los aliados. Esta clave eran los dos primeros versos de la sonata de otoño de Verlaine, dividida en dos partes. La primera: “los largos violines del otoño”, era el preaviso de Invasión, y había llegado a mediados de mayo, coincidiendo con el aumento de los ataques de los maquis franceses. Von Rundstedt no dio crédito, al principio, a los informes de Inteligencia, porque no confiaba en que los aliados usaran “claves tan estúpidas para iniciar una invasión a gran escala”. De hecho, cuando el general Marks, comandante de la región de Normandía le comunicó que se había interceptado un mensaje con la primera parte de los versos de Verlaine, el mariscal de campo sugirió al comandante del decimoquinto ejercito, el “Generaloberst” Von Salmuth, que apartase a Marks de cualquier puesto de responsabilidad, pero la falta de personal y el aumento de los ataques de la resistencia obligaron a Von Rundstedt no sólo a mantener al intuitivo general en su puesto, sino a dar crédito a la teoría de que con la llegada del segundo verso de la sonata de otoño se pondría en marcha la invasión.

En Berlín no terminaban de fiarse de las sospechas del veterano mariscal, ni de las advertencias de Rommel, y a finales de mayo el Estado Mayor del Führer no había dicho esta boca es mía al respecto.

JUNIO DE 1944

El mes de junio había empezado mal, en teoría, para los aliados. Una lancha torpedera alemana había alcanzado a uno de los buques anfibios que participaban en unas maniobras previas a la invasión de Normandía y uno de los lanchones que portaba aquel buque había llegado a las playas de Francia, precisamente a una de las designadas para el desembarco aliado, con el cadáver de dos oficiales norteamericanos a bordo. Uno de ellos llevaba una cartera de mano con una buena parte de los planes para las primeras 24 horas de la Invasión. La lancha fue descubierta por un escuadrón de cosacos del ejército de Vlassov, a las órdenes del general Marks y éste lo comunicó a su superior, Von Salmuth, pero el asunto fue tomado como un intento de engaño, como el sucedido antes de la invasión de Sicilia, que hizo mover a los alemanes tropas vitales a la isla de Córcega, creyendo que era el objetivo real de los aliados.

A raíz de estos hechos, Von Salmuth se reforzó en sus creencias de que la invasión llegaría por Calais y que aún, debido a las previsiones meteorológicas, tardaría un tiempo en llegar.

En efecto, el 3 de junio el tiempo empezó a cambiar sobre el Canal de la Mancha, levantándose olas de entre tres y cinco metros, con vientos racheados y lluvias, que imposibilitaban una operación de desembarco con unas mínimas garantías de éxito.

HIEREN MI CORAZÓN, CON MONÓTONA LANGUIDEZ

El cuatro de junio, el general Eisenhower decidió aplazar 24 horas la invasión, prevista para el día siguiente, a la espera de que mejorase el tiempo lo suficiente para hacer posible el desembarco, No podían fracasar, porque de sufrir una derrota en las playas de Normandía, los angloamericanos tardarían años en volver a montar una operación de semejante calado.

Al otro lado del Canal, una buena parte de los altos oficiales de la Wehrmatch se reunían para hacer un “ejercicio de guerra”, en el que el general Marks, encargado de hacer el papel de Eisenhower, decidió usar los documentos encontrados a los oficiales americanos muertos días atrás.... y tuvo un éxito rotundo. Rommel salió hacia Alemania el día cinco, por el cumpleaños de su esposa y Von Rundstedt, uno de los pocos que estaba en su puesto el día cinco, confiaba ciegamente en que los aliados esperarían ya a julio para lanzar el ataque. Pero aquella noche, una estación de escucha alemana interceptó el segundo verso de Verlaine “Hieren mi corazón con monótona languidez”. La invasión sería en las 48 horas siguientes.

EL DÍA MÁS LARGO

A mediodía del cinco de junio, el general Eisenhower, confiando en un debilitamiento del frente que azotaba el Canal de la mancha, dio la orden de ataque y de inmediato, la BBC, que llevaba una semana sin transmitir “mensajes personales” (claves de acción para la Resistencia francesa), empezó a emitir, uno tras otro, centenares de mensajes para las células de la zona de Normandía. A media noche, un gran Raid aéreo arrasó parte de las posiciones alemanas en la costa de Calais para despistar a las tropas germanas, mientras la 82ª y la 101ª divisiones aerotransportadas norteamericanas y la 1ª división de paracaidistas británica se lanzaban sobre posiciones clave, detrás de las líneas alemanas en las cercanías de las playas de Normandía. Al mismo tiempo, dos enormes convoyes de buques de todo tipo salían de los puertos del Sur de Gran Bretaña hacia las cinco playas designadas con los nombres clave Sword, Juno y Gold a la izquierda del sector de ataque aliado y asignadas a británicos y canadienses y Utah y Omaha en el lado derecho, asignadas a las tropas norteamericanas.

El ataque tomó por sorpresa a las dormidas guarniciones alemanas, que apenas pudieron reaccionar y una buena parte de los objetivos cayeron en manos aliadas en pocos minutos. Pero no todo fue perfecto y varios errores de navegación de los aviones de transporte hicieron que los paracaidistas de la 82ª se dispersaran en los alrededores del pueblo de Sainte Mère Eglise y retrasase su ocupación hasta después del amanecer, con enormes bajas entre las tropas norteamericanas. De hecho, toda una compañía cayó sobre el centro de la ciudad, siendo aniquilada por la guarnición alemana. Sólo un hombre, que quedó colgado del techo del ayuntamiento, logró salvar la vida. La mayoría de sus compañeros murieron antes de llegar al suelo para poder defenderse.

Desembarco en Normandía Los primeros mensajes referentes a la gran operación aerotransportada llegaron al cuartel general de Von Rundstedt con eficacia alemana, pocos minutos después de que se iniciaran los combates, pero con la confusión de los primeros momentos, se tomó el asunto como si los aliados tratasen de confundirles con una operación de comandos a gran escala, lejos del verdadero punto de invasión: Calais, que a esas horas sufría un intenso bombardeo, que podría ser el preludio a la invasión.

No obstante, Von Rundstedt hizo que los oficiales volviesen a toda prisa a sus puestos, por si acaso no fuese lo que el creía que estaba pasando, puso en marcha algunas unidades como refuerzo y telefoneó a Berlín, al general Jodl, asistente de Hitler, para que el Führer permitiese mover las divisiones acorazadas alemanas a un punto cercano a Normandía, ya que si bien Von Rundstedt tenía el mando de todas las tropas al oeste del Rhin, las divisiones acorazadas sólo podían moverse por una orden firmada por Adolf Hitler en persona.

Pero Jodl, temeroso del carácter de Hitler, no se atrevió a despertarle, porque el Führer había trabajado hasta tarde y se había dormido por efecto de un somnífero y prefirió creer también que lo que estaba sucediendo en Normandía era una diversión y que la verdadera Invasión llegaría por Calais.

Von Rundstedt estaba verdaderamente furioso con la negativa de Jodl, pero también dudaba de las verdaderas intenciones aliadas. En especial cuando el general Marks le telefoneó para comunicarle que los aliados estaban lanzando miles de muñecos con forma de soldados paracaidistas, cargados de petardos que detonaban al llegar al suelo y que parecían disparos en la oscuridad. De inmediato ordenó que todas las tropas que se habían puesto en marcha hacia Normandía se detuvieran y esperaran órdenes.

Poco antes del amanecer, la situación estaba muy confusa a unos kilómetros de la costa normanda, con la certeza ya de que había una gran cantidad de paracaidistas aliados entre Cherburgo y Honfleur y que las comunicaciones estaban cortadas prácticamente con todos los puestos de las playas, hecho que se atribuía al ataque de los paracaidistas aliados.

De repente, frente a los sorprendidos ojos de los centinelas alemanes que vigilaban las costas de Normandía, el mar se llenó de buques de todo tipo, que avanzaban decididamente hacia ellos.

Un almirante francés fue el encargado de dar la orden de abrir fuego para el bombardeo preparatorio, y la mayor flota de guerra de todos los tiempos desató un huracán de fuego sobre las playas normandas. Miles de proyectiles cayeron en pocos minutos sobre los búnkeres y defensas que tan cuidadosamente había colocado Rommel, barriendo batallones enteros y dejando las playas como paisajes lunares.

Pero los obuses de la marina de guerra aliada no acabaron con toda la resistencia y los defensores alemanes se agazaparon tras los restos de sus defensas para repeler a las tropas que se acercaban a las playas.

Los aliados iban a usar dos técnicas muy diferentes de desembarco:
la británica, basada en el uso masivo de vehículos blindados y acorazados diseñados para el apoyo de las tropas en las playas durante la primea oleada y la norteamericana, más tradicional, pensando en que los obstáculos puestos por los alemanes impedirían el uso de los vehículos acorazados en los primeros momentos del desembarco.

En la playa Utah, la más occidental de la zona de desembarco, el intenso humo que se levantó tras el bombardeo de la marina hizo que las lanchas de control enviasen a las tropas dos kilómetros más allá de las zonas designadas, pero este error sería la salvación de muchas vidas, ya que la zona a la que llegaron los soldados norteamericanos se encontraba prácticamente vacía (los defensores habían ido a reforzar el lugar donde había bombardeado la marina) y los asaltantes pudieron establecer una cabeza de playa en un tiempo record, con sólo dos centenares de bajas, producidas al eliminar algunos puestos de ametralladoras y morteros.

En las playas del sector británico la defensa alemana estaba también muy mermada y se trataba de tropas de mala calidad, por lo que , a lo largo de las primeras horas los hombres de Montgomery empezaron a avanzar hacia Caen, uno de los objetivos que se habían marcado para ese día, aunque tardarían luego más de quince días en conquistar la ciudad francesa.

Playa de Omaha Pero en la playa Omaha, la conexión entre el sector americano y el británico, las cosas empezaron muy mal para los veteranos fusileros de la 1ª división de infantería norteamericana. Los alemanes que defendían la playa eran veteranos del frente del Este enviados a Francia para descansar, habían sufrido relativamente pocas bajas durante el bombardeo y estaban esperando la llegada de los norteamericanos con las armas preparadas.

Las dos primeras oleadas fueron prácticamente aniquiladas antes de que los soldados americanos pudiesen salir de los lanchones de desembarco. A medida que avanzaban las horas la situación no mejoraba y Omar Bradley, el comandante de la fuerza de asalto norteamericana, pensó seriamente en reembarcar a los supervivientes de la playa Omaha, pero eso condenaba toda la operación, con los hombres de Utah aislados de los británicos y con el obstáculo de las experimentadas tropas alemanas que defendía la playa Omaha entre ambos contingentes.

Bradley optó por seguir lanzando hombres hacia Omaha, para saturar a los defensores y conseguir que se terminase por romper la defensa en algún punto.

La carnicería duró hasta las once de la mañana (desde las cinco que desembarcó el primer contingente americano), cuando en algunos puntos se logró cruzar los muros de hormigón que impedían el avance de las tropas de la 1ª división. Las seis primeras horas en Francia habían costado más de cinco mil vidas a la 1ª División USA, muchas más que la suma de las otras cuatro playas en las primeras 24 horas de invasión.

Aparte de las playas del sector americano y británico, se realizaron dos asaltos anfibios secundarios. Uno, en Point d’Hoc, a cargo de los Rangers americanos y otro en el flanco Este del sector británico, a cargo de los Comandos franceses del general De Gaulle.

Para el mediodía, los alemanes aún no sabían qué pensar con especto a la operaciones aliadas en Normandía. Los telegrafistas del falso ejército creado en torno a Patton estaban emitiendo muchos mensajes de movimiento, que hacían prever otro asalto en el paso de Calais en breve y lo que estaban esperando los aliados era que los alemanes moviesen a sus hombres hacia Normandía para cogerlos descolocados y sin defensas de consideración.

Von Rundstedt volvió a llamar a Berlín para solicitar de nuevo el apoyo de las divisiones Panzer, pero lo que Jodl le respondió le dejó sin aliento. Hitler se había levantado de muy mal humor y nadie se había atrevido a decirle que los aliados habían desembarcado en Normandía. “Y si lo supiera, tampoco nos las enviaría... o no conozco a ese cabo de Bohemia” comentó el mariscal a su ayudante.

Poco después del mediodía, las tropas desembarcadas habían tomado contacto con los paracaidistas y las primeras unidades llegaban a los alrededores de Caen, iniciando el asedio de la ciudad. Por la tarde, no había vuelta atrás y todas las playas estaban ya unidas entre sí, con profundos avances hacia el interior en los flancos. Cuando por fin reaccionó Berlín, al día siguiente del desembarco, la orden de Hitler supuso otro sobresalto para Rundstedt. Los Panzer debían ponerse en marcha de inmediato hacia Normandía, lo que suponía moverse de día, ofreciendo blancos inmejorables a los cazabombarderos “Typhoon” de la RAF y a los “Mustang” Contracarro de la fuerza aérea americana.

LOS DÍAS POSTERIORES AL DESEMBARCO

Con la llegada del material pesado a las playas, los aliados se veían en la necesidad de tener un puerto en el que poder desembarcar directamente tropas, municiones, equipo de repuesto, combustible... en suma, todo lo que mueve un ejército moderno. Mientras Montgomery trataba de tomar, de momento en vano, la ciudad de Caen, un importante nudo de comunicaciones para todo el área de Normandía, las tropas del general Bradley pusieron en marcha la llamada operación Cobra, destinada a tomar la península de Cherburgo y apoderarse del puerto de la ciudad que daba nombre a la península.

Mientras, los Ingenieros aliados habían construido dos muelles provisionales en las playas Omaha y Sword y habían “tirado” un oleoducto submarino desde Gran Bretaña, para evitar el tener que cruzar demasiadas veces el canal con Petroleros, con el riesgo de que los U-boote, los submarinos alemanes, mandasen a pique unos buques escasos en número y de muy alta importancia para el éxito de la Invasión, pero no era suficiente para mantener un ritmo aceptable de suministro de combustible a unas tropas que cada vez eran mayores en número y estaban cada día más lejos de la costa.

Con la caída final de Cherburgo, pocos días después del desembarco, Eisenhower tuvo la certeza de que la Invasión ya no fracasaría y así lo comunicó al premier británico, Winston Churchill y al Presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt. La batalla de Normandía concluía con la certeza de Rommel y Von Rundstedt de que los alemanes ya no podrían echar al mar a los aliados, una vez roto el frente normando y con los carros aliados camino de París. El día 20 de junio, otro desembarco aliado, esta vez en la costa mediterránea francesa, en el territorio controlado por el gobierno colaboracionista del mariscal Petàin, certificaba que los aliados estaban ya en total disposición de derrotar definitivamente a la Alemania Nazi. En el frente del Este, los carros del Ejército Rojo llegaban frente a Varsovia, capital de Polonia, que era arrasada por los alemanes tras una sublevación de los judíos del ghetto de la ciudad. Alemania sólo podía ya retrasar su derrota.

 
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Re: El dia D... Operación Overlord (Puntuación 4, Funny)
por polvora el Monday, 19 May a las 17:31:46
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ME HA ENCANTADO



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por Kayla ([email protected]) el Thursday, 31 May a las 03:19:03
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